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22 - 10 - 2017

Sociedad / Fiestas

Referencia: 18M3Z - Miércoles, 6 de Septiembre de 2017

Ser o no ser festero, esa es la cuestión

Parafraseando una de las citas más famosas de la literatura universal, nos lanzamos a la búsqueda de razones por las que las Fiestas de Villena necesitan de la existencia de festeros genuinos para mantener una de sus singularidades: ser auténticas. Ser o no ser festero es la clave.

En Villena utilizamos la palabra Fiesta en singular cuando nos referimos a nuestras Fiestas de Moros y Cristianos. De esta manera expresamos la antonomasia que tiene esta celebración frente a otras de nuestra ciudad. Por esta misma razón entendemos como “festero” a aquella persona que participa o simpatiza con las fiestas de Moros y Cristianos y no con otras relacionadas con Semana Santa o Navidad. El festero es por consiguiente el componente vital de las Fiestas de Moros y Cristianos en exclusiva.

Ese carácter genuino del “ser festero” es un privilegio que debemos cuidar y perpetuar, como un valor inmaterial de nuestras fiestas, como una singularidad de nuestra ciudad. Ejemplo básico de ello es la costumbre de añadir, en la referencia a citar a un ciudadano, no solo su mote o profesión sino también la comparsa e incluso escuadra a la que pertenece. ¿ Conoces a Perico el cocinero?, ese que es Pirata. Es más, lo afirmamos como si ser Pirata fuera la verdadera pista que nos lleva a identificar a la persona.

No obstante, a pesar del potencial de la expresión “ser festero”, se aprecia de un tiempo a esta parte un cambio notable en su valor, e incluso en la propia noción que el festero tiene de sí mismo. Ser festero es una opción que conlleva derechos, pero también obligaciones que puedan ser desatendidas. Y ahí es donde radica el peligro de la autenticidad de “ser festero en Villena”. Repasemos con sinceridad la concepción que se tiene de algunas de ellas.

La economía
Comenzando por el aspecto económico, hoy en día, en Villena, la Fiesta tiene el peligro de convertirse en un servicio por el que se paga un importe. La persona se pregunta: ¿recupero la inversión?, ¿me compensa este año la cuota? Es lógica y respetable la preocupación económica, pues es un esfuerzo en la mayoría de hogares. Pero una vez asumida no debe ser razón de satisfacción contabilizarla y mucho menos hacer lícita la afirmación: “Como pago la cuota tengo derecho a…”. Desvirtúa el verdadero objetivo que es mantener la institución.

Existe, en este contexto económico, una dispensa que hemos asumido desde hace años y que puede hacer tambalear la economía de cualquier comparsa. Me refiero a la exención del pago de un porcentaje de la cuota si no se “disfruta” de la participación en desfiles, o por la ausencia del socio durante los días de fiestas; bien sea por motivos laborales o simplemente porque ese año “no me apetece quedarme en fiestas”. Buscando una comparativa jocosa podemos citar la típica suscripción anual a un gimnasio, gracias a la cual éste se mantiene, cuyo uso quizás por pereza o por obligaciones profesionales apenas rentabilizo.

El festero quizás debería asumir que la aportación económica que realiza es para sustento de la comparsa a la que pertenece y para la continuidad de la celebración de las fiestas, no por los servicios recibidos.

Atuendo festero
En lo referente al atuendo festero se denota una permisividad peligrosa en el correcto vestir del traje oficial. Durante los desfiles existe una normativa que regula el traje oficial en cada acto, y es justo reconocer que el festero la acepta y cumple. Sin embargo, existen muchos momentos en los que el festero, por calor o comodidad, opta por desprenderse de ciertas prendas. Esto no debería suponer ningún problema, hasta que dichas prendas se sustituyen por otras que nada tienen que ver con el traje oficial. No llegamos al caso extremo de localidades vecinas donde tienen la costumbre de vestir sólo el pantalón moro con camiseta y zapatillas deportivas, pero en algún momento podríamos encontrarnos en esa situación sin saber siquiera cómo hemos llegado a ella. Creo que la opción más sensata, antes que vestir un confuso híbrido festero-urbano, es vestir “de paisano” y acudir a comidas y bailes cómodamente. Aunque perderíamos la vistosidad multicolor que las calles en Villena ofrecen con festeros paseando correctamente uniformados.

En el punto medio podría encajar la chilaba. Una prenda fresca y cómoda que incluso permite ponerse sobre el traje para evitar su deterioro, lógicamente propia de casi cualquier comparsa del bando moro. Sin embargo, en esa permisividad y/o deterioro casi imperceptible que citábamos antes, estos últimos años se observan chilabas en la mayoría de comparsas, moras o cristianas, justificando su uso por el simple hecho de situarle un bordado alusivo a la comparsa.

El festero quizás debería asumir que vestir correctamente el traje oficial, en cualquier momento del día, identifica y ennoblece la historia textil de la comparsa a la que pertenece, así como del lucimiento de los trajes en la calle durante los días de fiestas.

La participación
El tema de la numerosa o escasa participación en los actos es un síntoma más de la dicotomía “ser o no ser festero” que tratamos, así como del tratamiento que hacemos de la Fiesta como un servicio. Ser festero debería conllevar la pseudo-obligatoriedad de participar en los actos programados, sean en mayor o menor medida de nuestro agrado. Ejemplo de esto lo observamos actualmente en actos como la Diana y la Ofrenda, llegando en algunos casos a resultar escasísima la participación de algunas comparsas en ellos.

Las comparsas, y por consiguiente los socios que han decidido pertenecer a ellas, tienen el compromiso de perpetuar con su participación un acontecimiento pasado del que son herederos, sean grandes desfiles o sencillas dianas. No acudir a un acto porque simplemente no te simpatiza, es hacer un uso selectivo de tu inversión y por tanto tratar la Fiesta como un servicio.

Conclusión
Sin la mínima intención de herir sensibilidades, sólo con propósito constructivo, hemos citado varios pilares fundamentales sobre los que se sustenta la continuidad y autenticidad de nuestra Fiesta como son: economía, indumentaria, compromiso y participación, reflexionando sobre aspectos para “ser un festero ideal”. Sin embargo, la realidad es que no existe un molde predefinido de cómo “ser festero en Villena”, es más, en la pluralidad de nuestra Fiesta y las gentes que la componen radica su virtud. Como ejemplo máximo de esta pluralidad, encontramos también a los festeros no salientes que acuden a múltiples actos y pasan horas sentados disfrutando de los desfiles. Aquellos que sin pertenecer a una comparsa, pagar una cuota, vestir ningún traje, son también “festeros de Villena”.

Disfrutemos y demos rienda suelta a nuestra alegría, pero estemos también alerta e intentemos aproximarnos a ese “ser festero” ideal, pues ese mismo apetito arrollador de diversión puede dar rienda suelta a actitudes que desluzcan la celebración de la propia fiesta.

El festero quizás debería asumir que la aportación económica que realiza es para sustento de la comparsa a la que pertenece y para la continuidad de la celebración de las fiestas, no por los servicios recibidos

El festero quizás debería asumir que la aportación económica que realiza es para sustento de la comparsa a la que pertenece y para la continuidad de la celebración de las fiestas, no por los servicios recibidos

El festero quizás debería asumir que vestir correctamente el traje oficial, en cualquier momento del día, identifica y ennoblece la historia textil de la comparsa a la que pertenece, así como del lucimiento de los trajes en la calle durante los días de fiestas

El festero quizás debería asumir que vestir correctamente el traje oficial, en cualquier momento del día, identifica y ennoblece la historia textil de la comparsa a la que pertenece, así como del lucimiento de los trajes en la calle durante los días de fiestas

Ser festero debería conllevar la pseudo-obligatoriedad de participar en los actos programados, sean en mayor o menor medida de nuestro agrado. Ejemplo de esto lo observamos actualmente en actos como la Diana y la Ofrenda

Ser festero debería conllevar la pseudo-obligatoriedad de participar en los actos programados, sean en mayor o menor medida de nuestro agrado. Ejemplo de esto lo observamos actualmente en actos como la Diana y la Ofrenda



Por:  Francisco Ribera Sevilla. Festero

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Ser o no ser festero, esa es la cuestión
Parafraseando una de las citas más famosas de la literatura universal, nos lanzamos a la búsqueda de razones por las que las Fiestas de Villena necesitan de la existencia de festeros genuinos para mantener una de sus singularidades: ser auténticas. Ser o no ser festero es la clave.

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