Literatura

“¡La conozco tanto!” (concurso de relatos breves San Valentín 2014)

¡Cómo nos conocíamos! Bastaron sólo cuatro años, los que vivíamos juntos, para saber todo el uno del otro, lo que odiábamos, lo que nos inquietaba, lo que adorábamos…
Quizá su familia o tal vez los amigos o la mala pata, ¡quién sabe!, pero una mañana de repente pareció Daniela tenerlo todo claro: “Pedro, te dejo, me siento enclaustrada y tú ya no eres ese chico del que me enamoré locamente”. Como una letanía me soltó todo, como si lo supiese de memoria, como si lo llevase ensayado de tiempo, no supe responder, fue un golpe bajo, inesperado, fugaz.

Pero yo, que la conozco tanto, sabía que era imposible. Montábamos los domingos en bicicleta, nos reíamos del mundo, tomábamos té en Paradise, nuestra tetería adorada, cómplice de nuestros proyectos y aventuras, de nuestras promesas de amor. Iríamos al Himalaya y al Tibet.

Nunca hablábamos de nada que no fuese de los dos, ni pensábamos que pudiera hacer uno algo sin el otro. Igual fue eso, no éramos individuos, éramos un pack. ¡Ahora lo veo todo! ¡Claro!

Daniela, cuando estés sin mí me extrañarás, porque estás enganchada a lo nuestro, como yo, somos adictos a este amor que nos juramos y que resulta pernicioso, creo, a tenor del sufrimiento que nos procura, detalle éste que jamás habría descubierto si nunca me hubieran dejado.

Fumé de nuevo, qué rabia, creía que ya lo tenía controlado.

Seis meses han pasado, pero sé que volverá, sé que me echa de menos igual que yo, se está haciendo la dura, la conozco. Sus padres me adoran pero me evitan, quizá no les gusta mi aspecto descuidado de estos últimos meses, o estén tristes porque su hija, la rebelde Daniela, no retome su vida con Pedro, ese chico que prometía…

– ¿Qué tal Amparo? –así se llama su madre. ¿Daniela bien?
– Sí, sí. Disculpa Pedro pero llevo prisa. Dale recuerdos a tu madre, ¿vale?
– Gracias, ya hablamos –es lo que se dice siempre cuando no se sabe que decir.

¡Hoy me llamó! Lo sabía. Quería verme, decirme algo. Estaba seguro. Me amaba, lo mismo que yo. Qué tonto he sido, jamás sucederá nada parecido, seré de nuevo divertido, adorable y brillante como ella me solía decir.

No me citó en Paradise, he de decir que me extrañó, fuimos a un café pequeño y familiar junto a la catedral.

– ¡Hola Daniela! –estaba guapísima. Un beso en la mejilla sirvió de saludo. ¡La conozco tanto!–. Te ha costado decidirte –le espeté-, pero bueno, te esperaba y podremos seguir con lo que nos dejamos aparcado, ¿verdad?

Sólo me cogió de la mano, junto a la taza de té rojo, el que ella tomaba siempre, y me dijo:

– Pedro, estoy enamorada de Berta, una persona entrañable, vivimos desde hace un mes juntas y es el amor de mi vida, sólo quiero que sepas que contigo he vivido mucho, pero con quien realmente siento el amor verdadero es con ella. Lo lamento, no quiero hacerte daño.

Directo a la barbilla. Me quedé “ko”. Yo que tanto creía conocerla no vi venir el golpe.

Hoy, un año después, he conocido a María y te aseguro que soy súper feliz, reímos juntos, habla de sus proyectos conmigo, nos pasamos horas mirando el mar y deseando no separarnos nunca. Iremos a Australia y recorreremos en kayak los ríos de Asturias, juntos, los dos. Sé que es la mujer de mi vida. ¡La conozco tanto!

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