Testimonios dados en situaciones inestables

“Moros y Cristianos para ignorantes forasteros” (III de IV)*

Y llegó el tan esperado por los villenenses día 4 de septiembre de la FMC de 2008. Este día, la víspera de que comiencen las fiestas, aparece en el imaginario de los lugareños como la síntesis de lo que podríamos llamar El Paraíso Del Villenero Festero, ya que es el único día al que sistemáticamente todos quieren volver, y que, como revela inconscientemente el dicho local al enfatizar Día Cuatro Que Fuera en vez de día cinco, subraya por omisión represiva la preferencia por la víspera de la fiesta antes que por la fiesta misma, actitud que encajaría en lo que los manuales de autoayuda definen como Temor Infantil Ante La Responsabilidad De Ser Obligatoriamente Feliz, aunque también podría tratarse simplemente de un inocente baile de fechas en el subconsciente popular.
Curiosamente, en este día tan deseado no hay nada especialmente reseñable, salvo su llamada cena de hermandad o confraternidad (denominada tiempo atrás, cuando las mujeres no participaban en la FMC salvo en simbólicos puestos, de Homenaje a la Mujer, seguramente como compensación ofrecida por los hombres, ya que lo normal era que no volvieran a ver a sus mujeres hasta el día diez u once de septiembre), y cuyo dato más reseñable es que los restaurantes duplican su precio, aunque las manchas de cigarrillos disimuladas bajo las servilletas siguen siendo las mismas. Después de la cena, e inducidos por una neurótica alegría, la gente toma las calles de la ciudad, y pueden verse extrañas imágenes de multitudes en las que los caballeros vestidos de traje (cuyas corbatas llegan incluso a sufrir un cambio en su función ornamental y se trasladan a la cabeza proporcionándoles el aspecto de indígenas a medio civilizar) y las señoras de cierta edad vestidas de gala (bamboleándose en peligroso equilibrio sobre tacones que no pasarían las más mínimas pruebas de seguridad) desfilan y gritan con apasionado desafino pasodobles bajo las ventanas de habitaciones de niños pequeños, ancianos y enfermos. Pero es al día siguiente, el 5 de septiembre, cuando da inicio oficialmente la FMC con el pregón que cada año, desde el balcón de Alcaldía, pronuncia un villenense de Pro invitado por la corporación municipal. Después de revisar una cierta cantidad de ellos, puedo afirmar que tres son las claves para el éxito de estos discursos: a) hablar mucho de recuerdos repasando bucólicas anécdotas, e incluso entrando en detalles personales de dudoso valor testimonial que, sin embargo, son absorbidos por la muchedumbre como signos de noble villenería, b) nombrar, como si de un inventario sujeto a aprobación se tratara, a todos y cada uno de los que hacen posible la FMC con cuidado extremo de no olvidar a nadie, ya que esto podría suponer destierro de por vida para el pregonero, y c) clamar a todos los villenenses a demostrar al mundo el interminable racimo de sus cualidades (ni un solo defecto) para que la hagiografía local siga aumentado su leyenda. Nada más acabar el pregón y el Himno-Pasodoble Villena Festera, una gran traca anuncia que ya la sangre que corre por las venas de los Villenenses no es roja, sino una mezcla de pólvora, alábega, huevo frito y sardina.

*(La siguiente crónica fue publicada originalmente en la revista sueca La Escapada Terapéutica)

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