Adaptaciones literarias de puro género
Abandonad toda esperanza, salmo 938º
Una vez más dedicamos una columna a recomendar unas cuantas adaptaciones literarias en formato de novela gráfica, y empezamos por un autor ya bastante curtido en el asunto: el británico Fred Fordham era conocido hasta la fecha por sus versiones de dos clásicos incontestables de la literatura anglosajona del siglo XX como Un mundo feliz de Aldous Huxley y Matar a un ruiseñor de Harper Lee (ambas también disponibles en castellano); pero hace no mucho se ha descolgado con otra nueva adaptación: en este caso, la de Un mago de Terramar, la célebre novela de Ursula K. Le Guin, quizá la autora más importante de la ciencia ficción contemporánea. Con esta obra publicada originalmente en 1968, su responsable daba inicio a su célebre “Ciclo de Terramar”, ambientado en un archipiélago de carácter ficticio gobernado por la magia de los nombres verdaderos y el equilibrio cósmico.

Cualquiera que se haya acercado a alguna de las narraciones incluidas en este universo sabrá que la autora de La mano izquierda de la oscuridad se aleja en ellas de la épica que caracteriza a la fantasía tradicional para centrarse en el crecimiento interior en que deviene el anterior. Pues todo ello se ve plasmado a la perfección en las hermosas planchas de Fordham, que vuelve a contarnos el modo en que el joven y por momentos arrogante Ged, apodado Gavilán y que acabará convirtiéndose en el hechicero más grande del archipiélago, invoca un conjuro prohibido y libera accidentalmente a una terrible sombra oscura a la que tendrá que enfrentarse en lo que supone la culminación de un viaje físico por diversas latitudes de Terramar que se revela también como un viaje de autoconocimiento. El resultado es un cómic de gran belleza plástica cuya lectura resulta muy recomendable para los aficionados al género, y muy especialmente para los admiradores del legado de esta novelista (y también poeta) excepcional que nos dejó en 2018.

Nada más lejos de la belleza de hálito filosófico de Le Guin (y más en versión Fordham) que la crudeza que nos ofrecía en sus novelas de género negro el escritor italiano Giorgio Scerbanenco y que el guionista y dibujante Paolo Bacilieri ha sabido y querido conservar en su aproximación a Venus privada; o lo que es lo mismo, el primer caso del médico e investigador Duca Lamberti. Del interés de Bacilieri por la letra escrita dan buena cuenta tanto su estupendo cómic biográfico sobre Emilio Salgari, el creador de Sandokán, como su adaptación de otra novela más o menos policial como Adiós muchachos de Daniel Chavarría; pero en esta ocasión recurre a la obra de su compatriota, publicada en 1966, para ofrecernos un relato triste y descarnado donde, a partir de un particular encargo (mantener alejado de la bebida al hijo alcohólico de un empresario millonario), Lamberti escarba en el aparente suicidio de una bella joven que lo lleva a destapar un caso de prostitución y trata de blancas. La adaptación de Bacilieri, que no escatima ciertas dosis de erotismo y violencia en la tradición de los fumetti de espíritu pulp y voluntad de éxito masivo tan característicos de la ficción transalpina, se lee con creciente interés y de una sentada; y sin duda lleva al lector a esperar con ganas nuevas entregas de las peripecias de este peculiar doctor reconvertido en investigador.

Un camino intermedio entre la realidad y la fantasía, apostando por un cierto carácter onírico que violenta el realismo del planteamiento inicial, es el que toma el escritor zaragozano Roberto Malo en su relato Lluvia sangrienta, que él mismo ha adaptado al medio de la narración gráfica en colaboración con su paisano el dibujante Javi Blanco. Este relato, incluido en la segunda antología de su autor titulada La luz del diablo, ganó en 2008 los que quizá sean los dos premios más importantes de la literatura fantástica en territorio nacional: el Nocte y el Ignotus, convirtiéndose así en el cuento más laureado de este también guionista, articulista y cuentacuentos. Por lo tanto, y sacando cuentas, hemos tenido que esperar casi veinte años para poder disfrutar de esta adaptación visual firmada a cuatro manos por los autores de El contador de personas: una historia protagonizada por Juan y Eva, una joven pareja que decide ir en busca de la madre de ella en mitad de una noche de pesadilla en la que de un cielo encapotado y teñido de rojo comienza a caer una incesante e inmisericorde lluvia de sangre. Ni que decir tiene que el expresivo empleo de este color desde la cuarta plancha y hasta la última supone uno de los principales atractivos de un cómic de terror de lo más efectivo, y que por tanto ningún fanático del género debería dejar pasar.
Un mago de Terramar, Venus privada y Lluvia sangrienta están editados por Planeta Cómic, Dibbuks y Cornoque (Asociación Malavida) respectivamente.




