Abandonad toda esperanza

De pilotos y príncipes de otro planeta

Abandonad toda esperanza, salmo 935º

Para cualquier artista, ilustrar un clásico literario siempre supone un gran reto: es más que probable que su visión vaya a chocar de lleno con las incontables imágenes mentales que del texto tienen millones de lectores en todo el mundo. Pero si esa historia conocida por todos ya cuenta con una representación gráfica común y para más inri es obra del propio autor, apaga y vámonos. Pues pese a encontrarse con este obstáculo aparentemente insuperable, la ilustradora onubense María Hesse ha salido más que victoriosa de su aproximación a nada menos que El principito, novela corta (o relato extenso si lo prefieren, pero la etiqueta anterior es la más habitual en este caso) concebida por el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry y publicada por vez primera en 1943.

Una muestra del interior de "El principito" en versión de María Hesse

Como la mayor parte del mundo ya sabe, El principito se ha convertido con el paso de los años en el libro escrito en francés más leído y traducido de todos los tiempos: ha logrado vender más de ciento cuarenta millones de ejemplares en todo el mundo, a un ritmo de más de un millón de ventas anuales; y ha sido traducido a más de doscientos cincuenta idiomas y códigos diversos, incluyendo el sistema de lectura braille y la transcripción en símbolos fonéticos para estudiantes de inglés como segunda lengua. Por supuesto, también ha contado con otras muchas versiones ilustradas o adaptadas al cómic (ya que me preguntan, mi favorita es la novela gráfica del gran Joann Sfar), por no hablar de la radio, la animación para cine y televisión y las versiones audiovisuales con intérpretes de carne y hueso. Por ello, no es de extrañar que haya sido incluido una y otra vez en numerosas listas de los mejores libros del siglo XX y haya pasado a formar parte de la cultura popular de medio mundo. Por tanto, insisto en que la osadía de su más reciente ilustradora no es poca, así como que el resultado de su audacia resulta de lo más satisfactorio: desde su mismo arranque, con el ya célebre elefante engullido por una serpiente boa que los adultos confunden con un sombrero, María Hesse toma las riendas y se apropia del relato del piloto que se encuentra perdido en el desierto del Sahara después de que su avión sufriese una avería y que para su sorpresa conoce a un joven príncipe que afirma venir de un pequeño planeta del espacio exterior. Y lo hace respetando la imaginería original de las ilustraciones dibujadas con acuarelas por el propio Saint-Exupéry, pero sin renunciar a un estilo personal que hace de su arte una producción fácilmente reconocible para cualquiera que haya leído o incluso apenas ojeado sus versiones de algunas novelas de Jane Austen o las biografías ilustradas de Frida Kahlo, David Bowie o Marilyn Monroe. Por lo demás, qué decir del texto original que no se haya dicho ya: nos limitaremos a recordarles que se trata de un cuento para niños y adultos de poderoso hálito poético y múltiples lecturas de alcance filosófico, y cuya lectura formula más preguntas que respuestas acerca de diversas cuestiones relevantes de la existencia humana.

La labor como aviador de Saint-Exupéry influyó profundamente su creación literaria

Si además de leer (o, imagino que en la mayoría de los casos, releer) El principito quieren completar la experiencia inmersiva en el universo de su autor, les recomiendo que vayan a su librería favorita y recuperen Antoine de Saint-Exupéry, la monumental biografía -más de seiscientas páginas- que le ha dedicado Eduardo Caamaño, economista y divulgador histórico brasileño de nacimiento y coruñés de adopción que ya conquistó a los amantes de la no ficción con sus biografías de Manfred von Richthofen (alias el Barón Rojo), el escapista Houdini o el trío de progenitores de la novela negra y policíaca: Arthur Conan Doyle, Agatha Christie y Edgar Allan Poe. En este su último libro, Caamaño relata con todo detalle la vida de Saint-Exupéry hasta su temprana desaparición en 1944, un año después de publicar el librito que le otorgaría la inmortalidad. En este caso hablar de desaparición no supone el empleo de un eufemismo muy habitual, sino que se trata de un término literal: el autor de otras novelas protagonizadas por aviadores como Vuelo nocturno o la autobiográfica Tierra de los hombres desapareció el 31 de julio de aquel año cuando su avión de reconocimiento Lockheed P-38 Lightning fue derribado sobre el mar Mediterráneo, cerca de Marsella, durante una misión en la Segunda Guerra Mundial. El misterio sobre su trágico final no se resolvió hasta varias décadas después, con el hallazgo de unos restos que muy probablemente fuesen los suyos. Por supuesto, todas las respuestas disponibles sobre la vida y la obra de Saint-Exupéry, incluyendo a su más célebre creación literaria, las encontrarán en las páginas de esta fundamental biografía de Caamaño. Pero, eso sí, no se olviden de leer o de volver a leer El principito; y la versión de María Hesse es una elección perfecta para hacerlo.

El principito y Antoine de Saint-Exupéry están editados por Salamandra y Berenice respectivamente.

(Votos: 4 Promedio: 5)

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