“El sistema funcionó perfectamente”
Si todo estaba conforme a normativa y todo acabó como acabó, no comprendo la normativa

A estas alturas, pasados cinco días sin noticias, la esperanza de que se recupere el Tesoro parece cada vez más débil. La posibilidad de que las vasijas, cuencos y brazaletes hayan sido fundidos, según los expertos, muy real. Ojalá se equivoquen.
Después de escribir mi anterior carta, “4 minutos contra 3000 años”, carta que se recibió con cariño, quisiera escribir este texto, menos personal, más bajado a tierra y con esto
terminar mi humilde contribución aquí, que uno no es periodista ni escritor, y esto lleva su rato. Después solo quedará esperar a que las autoridades o el paso del tiempo puedan averiguar qué ocurrió y por qué.
Disculpad lo extenso de este escrito, igual o más incluso que el anterior, pero no he sabido hacerlo de otra manera. Si hay aquellos que no lo lean hasta el final, lo entenderé. Confío en que muchos/as oirán su voz en cosas que aquí escribo.
En mi opinión, el robo del Tesoro no supone solo una pérdida patrimonial y cultural enorme, sino que pone irremediablemente de manifiesto lo poco que hemos terminado exigiendo a quienes administran nuestras instituciones, nuestros presupuestos y nuestros bienes comunes.
Y no hablo de Villena, ni de un partido, ni de un alcalde.
Hablo de una manera de entender la política que parece haber olvidado lo que es servir a un pueblo; una política cada vez menos preparada para asumir responsabilidades y actuar con sentido común, cada día más infantilizada, más incapaz de reconocer un error y más acostumbrada a refugiarse detrás de procedimientos y normativas y, lo más preocupante, conviviendo con una sociedad que parece haberse hecho a todo esto.
Los ladrones entraron esa madrugada en el museo con la facilidad de quien entra en una casa de campo para llevarse un apero.
Una vez dentro, llegaron sin mucho impedimento a la sala de exposición, donde derribaron en cuestión de segundos la vitrina protectora. Según se dice, era de cristal blindado de alta seguridad, pero queda por conocer en qué grado.
Desde mi desconocimiento, las imágenes que hemos visto en los medios no llevan a pensar que aquellos cristales ofrecieran una resistencia extraordinaria. Aun así, los expertos sabrán. Lo que no parece necesitar demasiada titulación es entender que un cristal del grado requerido para este tipo de instalaciones sea compatible con un robo cometido de principio a fin en cuatro minutos. No es lógico. Se mire por donde se mire. Te pongas como te pongas.
Dicen que el sistema era seguro. Por supuesto habrá quien así lo crea y lo defienda. Para todos los demás, los que intentan vivir su vida aplicando algo de cordura, probablemente no habrá duda de que aquí pasó algo que no debía pasar.
Quizá todo esto tenga una explicación. Ojalá. De momento no la hay, y es que existe una diferencia importante entre cumplir una normativa y que algo tenga utilidad.
Uno puede llenar un expediente de certificados, informes, auditorías y homologaciones - todo eso que a la Administración tanto le gusta-, y, al mismo tiempo, olvidar algo mucho más antiguo y menos de moda, el uso del sentido común.
Sobre los presupuestos, antes de nada, diré que no tengo especial conocimiento de las cuestiones internas del Ayuntamiento más allá de la información que está siendo publicada y lo que aparece accesible en su portal.
Según esos datos, en 2025 el Ayuntamiento de Villena consignó 10.000 euros en una partida denominada “Seguridad y vigilancia MUVI”, una cantidad que, aunque uno no entienda mucho de estas cosas, le resulta llamativamente baja, casi testimonial. Los entendidos sabrán valorarlo mejor.
Pero, si la de 2025 ya resultaba baja, en el presupuesto de 2026 esa misma partida aparece siendo de 3.000 euros. Un setenta por ciento menos.
Esto por sí solo no demuestra absolutamente nada. Puede haber contratos, inversiones o servicios incluidos en otras partidas que no se conozcan, pero, de entrada, y de ser así, sería una cifra difícil de entender.
No estamos hablando de la ventana del almacén de un polígono industrial.
Al otro lado de aquel perímetro dormía uno de los conjuntos de orfebrería más importantes de la Edad del Bronce, y se destinaban 3.000 euros de seguridad anual. En el presupuesto municipal de 2026, la cantidad vinculada al museo era de 261.951,80 euros. La seguridad suponía, por tanto, el 1,15 % del total destinado. Aun sin conocer todos los detalles, creo que merece la pena detenerse unos segundos para reflexionar sobre esto.
Después está la cuestión de la vigilancia nocturna.
Al preguntar sobre su ausencia se han escuchado estos días argumentos curiosísimos, como que la presencia de un vigilante no hubiera podido impedir el robo y que, de haber habido seguridad presencial aquella noche, «hoy tendríamos la sala vacía y un ataúd lleno», según cita Europa Press. Una frase muy poética, eso sí.
No sé quién es su autor, porque el periodista no lo identifica, pero admito que consigue resolver un debate complejo sobre seguridad museística internacional con una sencillez admirable.
Al parecer, las posibilidades eran dos: museo vacío o vigilante muerto. No debía de existir ninguna otra opción conocida por la industria de la seguridad. Las que utilizan el resto de museos en el mundo no sirven.
Es posible, por supuesto, que un vigilante sentado solo frente a seis delincuentes organizados no hubiera impedido gran cosa, y que enfrentarse a ellos hubiese sido una temeridad. Pero entre dejar a un hombre con una linterna, una pistola y un bocadillo de mortadela sentado junto a la vitrina -como parece que algunos se imaginan-, y abandonar un edificio durante toda la noche, sospecho que existen algunas posibilidades intermedias, que son las que se implementan cuando quieres tener en tu ciudad un Tesoro de estas características.
El MUVI tenía sensores de movimiento, sensores térmicos, sensores sísmicos, cámaras de visión nocturna, varios sistemas de alarma, cámara acorazada, cristal de seguridad (esto último queda aún por saber).
Todo eso tenía. Ahora falta el Tesoro.
Y es que detectar perfectamente que te están robando no es lo mismo que impedir que te roben.
Me pregunto si alguien, en algún momento, pudo sobreestimar puntualmente sus capacidades. Si esa embriaguez que puede otorgar la posesión de un cargo público pudo hacer olvidar que ese cargo concede autoridad para tomar decisiones, pero que el conocimiento especializado, desgraciadamente, no viene incluido con él.
Si decides sacar algo irreemplazable de una custodia extraordinariamente segura para exponerlo de manera permanente, debes asumir también la obligación de protegerlo con una intensidad proporcional al riesgo que acabas de crear.
No se puede querer la espectacularidad de un original y desear la tranquilidad de una réplica. No se puede pretender recoger los beneficios culturales de tener allí casi diez kilos de metales preciosos con tres mil años de historia y diseñar la seguridad como si fueras a albergar la exposición de fotografías finalistas sobre la flora del Alto Vinalopó. Es incompatible.
Por la noche no había vigilancia humana presencial. El museo cerraba, la gente se marchaba, las luces se apagaban. Y allí se quedaba el Tesoro. Solo. Durante horas.
Confiado a sensores, cristales, cámaras, y a que, cuando alguno de ellos avisara de que algo estaba ocurriendo, alguien llegaría suficientemente rápido. No llegó.
Alguien, en algún momento, en algún despacho de algún lugar tuvo que pensar en lo anterior y plantear algo como: «Tenemos aquí uno de los tesoros arqueológicos más extraordinarios de Europa. Está compuesto fundamentalmente por oro. Cabe en bolsas. El edificio permanece vacío buena parte de la noche y sus accesos son de la fortaleza de una ventana de casa de campo de Los Alhorines (sin desmerecer esa noble y magnífica zona). ¿Necesitamos vigilancia presencial?»
Y alguien respondiera que no. Que no era necesario.
No estoy diciendo que nadie cometiera una negligencia, mucho menos un delito. En absoluto, nada más lejos. Tampoco siquiera insinuar que alguien pudiera actuar de mala fe. Solo que, después de todo, cuesta entender.
Desde el Ayuntamiento explican que el sistema de seguridad funcionó perfectamente.
«Funcionó perfectamente». Creo que esta frase encierra una de las grandes maravillas intelectuales de nuestro tiempo, esa capacidad de describir como correcto un sistema inmediatamente después de que haya fracasado para lo que estaba destinado.
Que el MUVI cumplía la normativa. No lo pongo en duda. Es más, casi me preocupa más que sea verdad, porque si alguien la hubiera incumplido flagrantemente, al menos tendríamos un problema sencillo de localizar.
Pero si todo estaba conforme a normativa y todo acabó como acabó, no comprendo la normativa.
Si finalmente el Tesoro no vuelve, propongo grabar en la vitrina vacía:
«EL SISTEMA FUNCIONÓ PERFECTAMENTE».
Debajo podríamos poner la fecha y, justo al lado, un televisor reproduciendo la foto del original. Pocas frases resumirían mejor a las generaciones futuras lo que fue la Administración de nuestra época.
Sabemos perfectamente lo que quieren decir cuando afirman que el sistema funcionó: que detectó la intrusión, envió los avisos y grabó a los delincuentes.
Pero es necesario en este caso recordar que el objetivo último del sistema de seguridad no era conseguir una película magnífica del robo, sino evitar que se llevaran el Tesoro. Ahí estaba el punto.
Ese museo no era un museo cualquiera. Todo el mundo sabía qué se encontraba allí, y que lo que había ahí no era una réplica. Lo anunciábamos nosotros, precisamente porque estábamos orgullosos de tenerlo. Y eso introduce una responsabilidad adicional que no pasa por diseñar su seguridad pensando únicamente en si el expediente cumple.
Ahora, si algo sale mal, aparece el informe. Si el informe es correcto, aparecerá la normativa. Si la normativa se cumplió, todo olvidado. Lo de siempre. Es la extraordinaria máquina administrativa en la que todo el mundo puede haber hecho correctamente su trabajo y, sin embargo, el resultado final ser un desastre.
En menos de 65 años, siendo la generación que dispone de cámaras infrarrojas, sensores volumétricos, cristales especiales, telecomunicaciones, auditorías, normativas, certificaciones y cinco anillos de seguridad, hemos perdido el Tesoro en cuatro minutos. Hay que reconocer que tiene mérito.
Pero el sistema, nos dicen, funcionó perfectamente.
Lo bueno de todo esto es que ahora podremos trasladar al MUVI todas las piezas del Museo del Botijo, que tan relegado a un puesto secundario estuvo durante tanto tiempo. Es su momento, y sitio tenemos. Perdón por la broma, pero a veces reír ante la catástrofe sirve.
Villena está herida y está triste. Aunque yo estoy algo lejos para verlo, no sé cómo vivirá sus fiestas este año. Es posible que con un ánimo que no se recordaba. Pero seguirá su camino porque el Tesoro, aunque se haya ido, seguirá ahí en el recuerdo y Villena es más que eso, mucho más, y encontrará otra razón, otro estandarte.
Villena fue frontera, encrucijada y fortaleza entre reinos y capital de un marquesado que dejó huella en la historia de España y ha sabido convertir su memoria de moros y cristianos en una fiesta compartida por todo un pueblo y conocida en todo el mundo.
No es una ciudad que haya llegado aquí sin haberse levantado muchas veces, y debe aferrarse a eso para convertirse en la ciudad que merece ser.
Solo se debe entender la importancia de elegir a quién se pone al frente de lo que pertenece a todos.
Ojalá no quede esto en el olvido.
Por: Manuel Herrero Chalud


virgen como reparte este tio. estoy deacuerdo con lo que dice. Villena y los Villeneros merecemos una explicacion y no ha salido nadie, ni el alcalde ni nadie que trabajara ahi diciendo de quien fue el fallo. tienen que haber dimisiones antes de las fiestas
Magistral
Dimisiones? Tú conoces a alguien del PSOE que dimita? Ni por el volcán, ni por Ceuta, ni por Analizado s y Koldo, ni por la DANA, por nada. Nos han robado nuestra historia en 4 minutos y aquí no pasa nada. Solo sale el alcalde a hacer pucheros y no pasa nada
Paco, el ministerio de cultura pidió a conselleria de cultura informes sobre seguridad de museos en agosto, aún no han respondido.
Dimisiones sí, pero a quien le corresponda, que Mazón aún anda por las cortes valencianas pegadito a la Clemor
La seguridad del patrimonio es competencia de quien? A ver si nos aclaramos
Me gusta mucho tu artículo, yo por suerte lo vi en el ayuntamiento y era imposible robarlo y cuando fui al museo me pareció muy vulnerable. Agradecería que nos vayan explicando cómo va la investigación y si es necesario que den una recompensa por información o poder incluso comprarlo al precio de oro para que no lo fundan. Me duele el alma y me siento muy triste por mi tierra y por no haber defendido y cuidado ese legado que nos había tocado. Responsabilidades y la seguridad fallo, no era tan buena. Quien la diseñó que le den un premio.
Vaya por delante, que soy el primero en pedir responsabilidades , per la incapacidad manifiesta que han demostrado : pero se le ve el plumero, ya que en su critica mezcla churras con merinas- Culpar al PSOE de la dada, es no ver mas haya de las narices. ¿ le suena un tal Carlos Mazòn ?.