Emi Millá, pregonera de lujo
Ser pregonero o pregonera se ha convertido en la máxima distinción que puede recibir un villenense de nacimiento o adopción

Conocí a Emi Millá durante una feliz noche de Cabalgata en la tribuna oficial, cuando me la presentó su compañero Lluis Ferri Silvestre, poeta, músico, artista al que siempre he admirado. Cómo voy a olvidar aquella velada, si fue el último 6 de septiembre que tuve la suerte de gozar en mi ciudad natal. Aunque esa es otra historia.
De la que deseo hablar, y es la que impulsa estas líneas, tiene que ver con lo que significa para la mayoría de los villenenses el día 5 de septiembre. Dado que de un tiempo a esta parte he tenido ocasión de vivirlo desde lejos, me causa perplejidad que durante esa jornada el mundo siga girando, que por ahí cada uno vaya a la suya, continúen las colas de los supermercados, los usuarios esperen su turno en la Tesorería de la Seguridad Social, sufran atascos de tráfico o estén viendo el último blockbuster en unas multisalas. Mientras en Villena estalla la fiesta y el tiempo se detiene.
En más de una ocasión he reflexionado acerca del privilegio o el peaje que supone poseer una fecha de referencia de tan alto alcance. En mi balance pesa lo primero. Por mucho que un día 5 duela en la ausencia, y también en la ausencia de los seres queridos, siempre he pensado que quienes no cuentan con algo parecido se están perdiendo un sentimiento que nos ennoblece. Porque contar en la vida con un día 5 arraiga; es una toma de tierra incuestionable para quienes hemos recibido esa herencia de nuestros mayores.
Se da la circunstancia de que Emi Millá es venerada en la familia de APADIS. ¡Tanto la quieren! Nuestro recordado Vicente Prats Esquembre también fue un puntal en esa asociación que si no existiese habría que crear, otro de los tesoros con que cuenta Villena. Y su padre, Vicente Prats Nadal, de origen onteniense, fue quien trajo a nuestra ciudad la Fiesta del Pasodoble en 1917, sugiriendo al alcalde Miguel Esquembre Fita que se obrase como en Onteniente, con la finalidad de obligar a todas las bandas de música participantes en las fiestas a estar en Villena a mediodía del día 5.
El pregón se instituyó mucho después, a partir de 1965. Desde la llegada de los Ayuntamientos democráticos es pronunciado por un invitado a quien designa el alcalde de la ciudad, habiendo sido Eleuterio Gandía en 1982 y Vicente Valero Costa en 1985 los primeros villenenses elegidos para tal honor, tras ejercerlo el propio alcalde Pascasio Arenas López. En aquella época el acto del Pregón no tenía la capacidad de convocatoria actual, y los rodadores de banderas se extendían por toda la plaza de Santiago mientras se daba el pistoletazo de salida a nuestras fiestas.
Con el tiempo ser pregonero o pregonera se ha convertido en la máxima distinción que puede recibir un villenense de nacimiento o adopción. A la lista de paisanos con un curriculum excelente, tan apreciados, tan admirados, se une este año el nombre de una mujer con una carrera profesional tan modélica como comprometida, y una trayectoria festera sobresaliente. Cuando Emi me contó aquella noche en la tribuna que era una de las componentes de la escuadra de Alyadidas de los Moros Nuevos no hizo falta hablar más. Cuánto nos acordaremos de Pepa la Cuartelera este sábado 5 de septiembre. Esa jornada que tanto ha marcado nuestro destino. Puro sentimiento. Honda emoción.
Cuando Emi Millá brinde realice el brindis con el alcalde a las cuatro de la tarde, en el instante en que nuestra banda municipal realice su parada frente a la tribuna oficial interpretando ‘La Entrada’, Villena volverá a escribir otra de sus más hermosas páginas para la historia, haciéndonos olvidar durante un tiempo cualquier nubarrón en el horizonte. Porque el sentimiento es un peaje, sí, pero también un privilegio.

