Los amó hasta el extremo
Que Jesús de Nazaret no dejó de sorprender a los apóstoles hasta el final, lo comprobamos atendiendo el pasaje del lavatorio de los pies
Que Jesús de Nazaret no dejó de sorprender a los apóstoles hasta el final, lo comprobamos atendiendo el pasaje del lavatorio de los pies en la Última Cena.
Así se relata en el evangelio según San Juan, capítulo trece: Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Fue cuando, durante la cena o acabada la cena, Jesús se levanta de la mesa, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Aquí, el gesto de servicio, Jesús lo catapulta convirtiéndolo en un gesto de amor, de amor hasta el extremo.
Sálvense las distancias que quieran salvarse pero, precisamente, en una de las escenas de A salto de mata, interesante y particular película de Carlos Escolano inspirada en el diario homónimo de José Luis Zerón Huguet, el poeta lava los pies a Ada, Ada Soriano, su compañera y esposa.
Y le besa en uno. Una escena preciosa, pura. Sonando el rumor de una corriente de agua limpia, agua que unge. Una escena de amor. De amor también hasta el extremo.

