Apaga y vámonos

Nietos de Mr. Marshall

Reflexionaba la semana pasada Andrés Leal desde su “Vida de perros” acerca de la pleitesía que rendimos —que perdemos el culo, vaya— a cualquiera que ha salido dos veces por la televisión y pisa nuestra ciudad, algo así como los entrañables paletos del Villar del Río berlanguiano esperando la llegada de los millones USA en plena posguerra.
Pero no se crean que se detienen ahí los paralelismos, qué va. En realidad, todos somos habitantes de Villar del Río y a poquito que rascas nos sale esa vena verbenera cada dos por tres. Por ejemplo, y con motivo de cualquier sarao religioso —lo mismo me da la procesión de María Auxiliadora que la de la Virgen de las Mantillas—, últimamente se ha montado alguna polémica que otra a cuenta de la presencia o no de las autoridades políticas… porque en este pueblo de Dios hay quien, cual vecino de Villar del Río, piensa que sin alcalde (o alcaldesa), párroco, teniente de la Benemérita, boticario y unas cuantas plañideras no hay procesión que valga. Necesitamos la presencia de las fuerzas vivas del terruño para saber que el acto tiene importancia y que somos partícipes de una catarsis colectiva, y además nos permitimos el lujo de criticar la falta de asistencia de-quien-sea, que igual, verdadero devoto, se ha quedado en casa ajeno a ese circo de vanidades e hipocresía en que se ha convertido cualquier manifestación pública de religiosidad para cabreo, me consta, de algún párroco que otro harto ya de tanto circo y tanta devoción de quita y pon.

Y además le pillamos el gusto, señora. Que de un tiempo a esta parte estamos que nos salimos y a este paso vamos a acabar reclamando que se habilite un carril-banda para evitar que tanto pasacalles acabe en trifulca entre los desquiciados conductores y la sección de Viento de la Laureada. Que se inaugura la Feria del Campo… comitiva que te crío. Que se inaugura la Feria de Atracciones, comitiva que te casco, alcaldesa, concejales, junta central, madrinas, capitanes y alféreces, banda de música… Que se inaugura la Feria de Artesanía Festera, comitiva que te… que te… que siempre estamos con las fiestas, coño, ¿se han fijado?

¡Albricias, alegría! La reurbanización de la calle Nueva ha comenzado, y yo, profesional hasta la médula, he ido corriendo a bucear en las hemerotecas para ponerme al tanto sobre la obra, recordando entonces que la actuación ha sido debatida con la Junta Central de Fiestas, cuyos delegados se reunieron con el concejal de Urbanismo, José Ayelo, quien se comprometió a que la ubicación del mobiliario urbano —contenedores, farolas, bancos, etc.— se llevase a cabo de modo que “no entorpeciera el normal desarrollo de los desfiles”. ¿Mande? ¿Me está usted diciendo que para que un día al año se desfile por esa calle se ha condicionado toda la ejecución de la obra? Me gustaría, estimados lectores, que por tierra, mar o aire me confirmaran si se ha tenido en cuenta la opinión de los vecinos de la zona a la hora de proyectar la obra; si se ha consultado a los comerciantes y empresarios que tienen allí sus negocios; si alguien ha pensado en las personas con algún tipo de discapacidad y en la necesaria accesibilidad de las nuevas aceras; en las mamás que pasean con los carritos a sus bebés; en la necesidad de generar nuevas plazas de aparcamiento ahora que van a quedar menos al ensancharse las aceras de la calle Nueva… Me gustaría, estimados lectores, desearía con toda mi alma, que alguien me confirmara que no somos vecinos de Villar del Río.

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