No es un agramador
“La figura que ilustra la exposición ni tiene nada que ver con este oficio ni con lo que se dice en la literatura que lo acompaña”

Entre los cuadros de la reciente exposición en el Paseo de Chapí sobre asuntos varios, personajes y antiguos oficios de la historia de Villena con ocasión del V centenario de su título como ciudad, vi uno cuyo título llamó especialmente mi atención.
Aunque en el texto se habla larga y documentadamente de los agramadores durante los años en que se cultivaba el cáñamo en nuestra huerta, resulta que la figura que lo ilustra, seguida del cartel “Un Agramador”, ni tiene nada que ver con este oficio ni con lo que se dice en la literatura que lo acompaña, pues el personaje, dibujado en primer plano sobre un trigal al fondo, se dedica claramente, con un artilugio manual, a estrujar espigas para obtener su grano, por lo que el cartel debería decir algo así como “Un desgranador de espigas”.
El error es de campeonato, porque no estamos ante un desliz de imprenta, sino frente a un objeto especialmente elaborado, y que ha tenido que ser visto por alguien más que por su autor antes de su aprobación y exposición pública.
Se podría opinar que lo dicho hasta aquí es de escasa entidad para su publicación, pero hay cosas que a veces tocan la fibra sensible, y en este caso resulta que quien esto escribe ha sido no solo agramador, sino también cultivador, segador y rastrillador de cáñamo, aparte de realizar con el cáñamo otras labores intermedias previas al agramado que requerían cierto grado de especialización, como el embalsado y el control de su fermentación.
Y añadir también la información, porque viene al caso, de que entre los fondos etnológicos del museo villenense existe –o debe existir– la colección de objetos relacionados con el cáñamo que, en su día, regalé a su fundador y amigo personal D. Jerónimo Férriz, que son los siguientes:
1.- Un estudio titulado Proceso industrial del cáñamo en Callosa de Segura, ilustrado con fotografías propias –entre ellas, las del agramado manual y mecánico–, hecho en 1961. Dicha ciudad, a mediados del siglo pasado, era industrialmente la más importante de España en esta actividad.
2.- Una hoz utilizada personalmente para la siega (estas hoces, por su forma, peso y cortante filo, se fabricaban especialmente para segar cáñamo). En la Vega Baja, la siega del cáñamo estaba considerada como el trabajo más duro de la huerta.
3.- Una piedra de arenisca natural para su afilado (las hoces se afilaban varias veces al día, aprovechando los descansos durante el trabajo).
4.- Una garba de canal de cáñamo rastrillada. El rastrillado (operación que seguía a la del espadado, y ésta a la del agramado) transformaba el cáñamo en canal, clarillo y estopa, nombres asignados a las fibras de primera, segunda y tercera clase, con las cuales ya se podían fabricar hilos, redes, tejidos, cuerdas, alpargatas y demás productos.
Naturalmente, perdonen la inmodestia, estimo que un somero vistazo a estos fondos del museo habría evitado el error comentado.
Por: Rafael Moñino Pérez

