Efectivamente, lo adivinaron: la doble recomendación literaria / fílmica que les prometí la semana pasada no podía ser otra que el clásico entre los clásicos y su más reciente adaptación al cine. Y no podía ser otra porque como siempre que Christopher Nolan estrena nueva película, esta se convierte en el evento cinematográfico del año, las salas se llenan hasta la bandera (¡incluso las de los pases en versión original!), en Internet parece que no se habla de otra cosa (spoilers incluidos), y las redes sociales se ven invadidas tanto por adoradores irracionales del realizador británico que poco menos que llegan a afirmar que su adaptación es superior a la Odisea original de Homero o incluso que este (fuera quienes fuesen) escribió su texto pensando ya en qué haría con él el responsable de Memento; así como por haters sedientos de sangre que consideran (una vez más) que su nuevo film (tanto da que sea este como cualquier otro de los anteriores) merece estar en la lista de las peores películas de todos los tiempos, codeándose en igualdad de condiciones con gemas de la talla de Plan 9 from Outer Space, Manos: The Hands of Fate, Troll 2 o la inenarrable The Room... Y créanme que sé de lo que hablo, porque las he visto todas.

Pues una vez disfrutada (y bastante) la película de Nolan, volvemos a estar en las mismas de siempre: ni tanto ni tan calvo. Como era de esperar, estamos ante una adaptación con sus aciertos y sus errores, fruto de decisiones artísticas unas más acertadas que otras, y donde volverá a ser determinante el gusto subjetivo y las expectativas de cada espectador. A mi parecer, el mayor escollo que debe superar esta versión del texto de Homero es precisamente ese: ser una adaptación de uno de los relatos más conocidos de la historia de la humanidad; y no solo por su lectura directa o por el consumo de versiones oficiales, sino por el conocimiento que tenemos de él a través de relecturas, homenajes, parodias y tantas y tantas obras (novelas, cómics, películas, videojuegos, etcétera) que han tomado de aquel, directa o indirectamente, algún pasaje, idea o elemento de su estructura. Y es que hasta el influyente ensayo El héroe de las mil caras de Joseph Campbell que analiza el esquema narrativo común a la mayoría de historias protagonizadas por héroes enfrentados a alguna adversidad se mira continuamente en este poema épico del siglo VIII antes de Cristo.

De esta forma, cualquiera que tenga un poco de cultura general, haya leído más de diez libros en su vida, haya disfrutado de los dibujos animados de Ulises 31 en su infancia o no sea un booktuber de dark romance fantasy, por no hablar de los que viesen el Ulises de los años cincuenta que protagonizó Kirk Douglas, tiene noticia de Odiseo y de su periplo para regresar a su hogar en Ítaca, sabe que allí le están esperando su esposa Penélope y su hijo Telémaco (junto a un puñado de ansiosos pretendientes de la susodicha), y conoce los episodios del cíclope Polifemo, las sirenas y sus cantos, la hechicera Circe y la ninfa Calipso. Por no hablar de que quienes hayan leído la Ilíada o visto a Brad Pitt en Troya también sabrán perfectamente quiénes son Agamenón, Menelao o Helena de ídem; y que quienes hayan leído los dos textos homéricos o conozcan alguno de sus homenajes no se sorprenderán al descubrir qué alberga el interior del dichoso caballo de Troya. Por ello, la fascinación que pueda despertar este relato en la gran pantalla no puede compararse ni de lejos a la imponente experiencia que supone ver por vez primera la citada Memento, Origen, Interstellar y Tenet: esto es, aquellos títulos importantes de Nolan con guiones originales escritos por él mismo en solitario o en compañía de su hermano Jonathan; frente a aquellos que son remakes (Insomnio), adaptaciones de libros o cómics ajenos (El truco final, la trilogía del Caballero Oscuro y la presente) o relatos basados en hechos históricos (Dunkerque y la oscarizada Oppenheimer).

Dicho esto, y perdonen el inciso: ya que mencionamos otros títulos de su filmografía, no quiero dejar pasar la oportunidad de avisar a quienes deseen profundizar en la obra de este controvertido director que no deberían dejar de leer el reciente estudio Nolan. La épica del tiempo que acaba de publicar Blume. Reescritura de su anterior y lógicamente desactualizado Christopher Nolan. Un mago en su laberinto por parte de Pau Gómez (responsable de sendos libros dedicados a otros cineastas contemporáneos como Robert Zemeckis, David Fincher y Denis Villeneuve; y también, dentro de las fronteras del cine español, otros dos trabajos como Amenábar y Almodóvar. Una retrospectiva), es un volumen en cuyas páginas este crítico valenciano vuelve a recorrer toda la filmografía de su protagonista estructurándola esta vez en sentido inverso: parte (muy adecuadamente, por otro lado) de La odisea hasta llegar a la sorprendentemente modesta Following con la que el realizador debutó en 1998. Entre uno y otro se comentan todos y cada uno de sus trece largometrajes atendiendo a su origen, su rodaje, su recepción crítica y su recaudación; se aportan diversos datos y anécdotas que enriquecen la lectura; y se acompaña al texto tal y como corresponde de suficiente material fotográfico extraído de los filmes y sus respectivos rodajes. En resumidas cuentas: una adquisición imprescindible para los fanáticos de Nolan, que como ya saben también los hay y a patadas.

Volviendo a La odisea: con ella su principal responsable sigue perfilando los rasgos de su estilo, y mezclando espectáculo de primer orden y sentimiento intimista vuelve a demostrar que nunca pierde de vista a sus admirados Stanley Kubrick y Steven Spielberg, respectivamente el cerebro y el corazón del cine de los grandes estudios durante la segunda mitad del siglo XX. En su libreto, vuelve a recurrir a alternar líneas temporales mediante un relato que utiliza varias voces narrativas, amplía pasajes del original y recorta o incluso elimina otros, y reúne a un reparto de primera fila en el que un estupendo Matt Damon lleva sobre sus hombros el peso de ser el protagonista indiscutible. No obstante, destacan también varios secundarios ajustadísimos en sus papeles: brilla especialmente Anne Hathaway como una temperamental Penélope que podría valerle su segundo Oscar como actriz de reparto; pero también merecen todos los elogios Robert Pattinson como el desagradable pretendiente Antinoo, John Leguizamo como el ciego Eumeo y una episódica Samantha Morton como la bruja Circe en una secuencia que se cuenta entre lo mejor de la película con diferencia. Por su parte, una Charlize Theron de belleza serena en su etapa de madurez demuestra que no había candidata mejor para encarnar a una Calipso de carne y hueso.

Como imaginarán, mi recomendación es que vayan al cine a ver este Nolan homérico (que dirían en El hombre tranquilo) y que saquen sus propias conclusiones. Personalmente, y dejando de lado la infructuosa polémica a propósito del formato de imagen completo que solo puede disfrutarse en ochenta cines de todo el mundo, las libertades que se ha tomado Nolan para “adaptar” el texto a los nuevos tiempos (como la lectura antibelicista) son más que lícitas y no estropean, sino que más bien enriquecen, la experiencia del espectador. Y en cuanto al supuesto realismo, ya hemos sugerido que el director no elude el elemento fantástico en lo que a criaturas increíbles se refiere pero sí mitiga el rol de los dioses: los dos papeles de Zendaya, uno de ellos visto y no visto, son la clave del asunto.

Por lo demás, respondiendo a aquellos puristas que prefieren el original, recordemos aquello que señalaba Raymond Chandler a propósito de las adaptaciones que Hollywood hacía de sus novelas policíacas: que estas seguían en las estanterías tal cual fueron escritas. Así que si ustedes son de los que prefieren quedarse en casa y leer el texto de Homero, siempre hemos contado para ello con varias ediciones disponibles a nuestro alcance; pero ahora, con la versión de Nolan en los cines, todavía hay más: si prefieren leerla en una adaptación que respete la redacción en verso, a decir de los expertos la mejor opción es la versión traducida por José Manuel Pabón y publicada (para sorpresa de nadie) por Gredos, aunque también disponen de otras adaptaciones más o menos cercanas al original. En cambio, y dado que se trata de un poema épico (por tanto, narrativo), si optan por una traducción vertida en prosa disponen de la de Luis Segalá y Estadella en una edición reciente y fácilmente localizable, la de la editorial RBA, además impresa con los cantos tintados para regocijo de aquellos que se confiesan fetichistas de los libros.

Pues con esto ya está todo dicho. Y como también les adelanté hace siete días, con la presente columna me despido hasta pasadas las Fiestas de Moros y Cristianos de Villena del próximo mes de septiembre. Espero que aprovechen el tiempo libre, si tienen la fortuna de disponer de él, viendo buenas películas y leyendo libros y cómics de su gusto e interés. Yo espero poder hacerlo y contarles parte de ello a mi regreso (que espero sea menos traumático que el de Ulises). Por lo demás, y ya que hablamos de odiseas: tengan cuidado con el calor, hidrátense regularmente, traten de caminar por la sombra... y sean felices a pesar de este clima más propio del mismísimo Hades.
La odisea se proyecta en cines de toda España; Nolan. La épica del tiempo y Odisea están editados por Blume y RBA respectivamente.





Solo utilizaré una palabra para describirla: «Apabullante» Es una de las películas que pueden verse aquí en La Semana del Cine