Sociedad

Pepa Hernández, Alyadida

Identidad era Pepa Hernández. Acento. Corazón. Alma. Vida. Empatía total. Autenticidad. ADN común. Descansa en paz.

Me prometí no abrir la boca en público durante un tiempo después del fallecimiento de mi madre, pero hoy me he vuelto a romper. No me puedo creer que nos haya ido Pepa, la Cuartelera, mi Alyadida del alma. Recuerdo cuando le dediqué una columna en el diario ‘Información’, porque ella lo valía, y se la llevé por sorpresa al establecimiento de la Puerta de Almansa. Se quedó de piedra, pero contentísima, y ese era mi objetivo.

Pero no salgo de mi asombro. ¿Cómo se nos ha podido ir semejante torrente de vitalidad? Una mujer en la que mirarnos. luchadora nata, comprometida, tan necesaria. Me encuentro en estos finales de septiembre demasiado caliente para escribir con mesura. Casi dos semanas han tardado en entregarme los resultados de una PCR en el Hospital de Elda. Presionando y acudiendo en persona. Me quedé mirando el logotipo del impreso de la Consellería de Sanitat. ‘Som identitat’. Y un pimiento, me dije.

Identidad era Pepa Hernández. Acento. Corazón. Alma. Vida. Empatía total. Autenticidad. ADN común.

¿Identidad? Pero si después de 40 años Valencia tiene la televisión autonómica menos vista de todo el territorio nacional. Pero si van a encargar a una empresa un informe por valor de 230.000 euros para que averigüe por qué À Punt no la ve ni el Tato… Yo puedo explicarles las causas pormenorizadas gratis. ¿Identidad? Pero si es justo de lo que carece escandalosamente. En Alicante ciudad la lengua valenciana es inaudible. No se usa en ningún centro de salud, en ningún bus, en ningún comercio, en ninguna oficina de la administración, en ninguna farmacia. Y ahora no es momento ni lugar de decirlo, pero a Villena, la ciudad con más identidad en cien kilómetros a la redonda, le han negado el pan y la sal. Incluido su Hospital Público La Morenica. Algo que después de 40 años de competencias sanitarias descentralizadas le pertenecía. Que el Alto Vinalopó no tenga Hospital es un disparate inasumible.

Pero a todo esto, me acabo de enterar de la muerte de Pepa, y como llueve sobre mojado, me he roto. Porque se va una de las nuestras. Parte de mi patrimonio, mi acento, de las dos o tres cuestiones esenciales de la vida.

Le tengo que agradecer a Pepa Hernández Rubio mucho. Porque ella me propició instantes irrepetibles de felicidad. Esa que no se puede comprar con dinero. Ella y las personas como ella me hicieron saber cuáles son mis raíces y cómo en los momentos de zozobra puedo regresar a ellas.

Descansa en paz.




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Un comentario

  1. Perdiendo lo que perdemos, nos rompemos.
    Y lloramos.
    Y los que rezamos, rezamos.
    Esta tarde he visto en la Illeta compartida ponerse el sol. Bañado de lágrimas.
    Un abrazo a José Antonio y a Alba.
    Un abrazo a la familia.

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