Testimonios dados en situaciones inestables

Pero va a llegar un momento tan real como este y vas a estar a punto de palmar

Exactamente, a eso me refiero: al hecho de saber que te vas a morir en algún momento, quizá no hoy o mañana, pero va a llegar un momento tan real y tan incuestionable como este y vas a estar a punto de palmar, ¿me explico? [Pausa.] Y no me vale todo ese rollo relativista y solemne y grotescamente parsimonioso de aceptación al estilo zen o lo que sea con una pose de suficiencia que dan ganas de pegarse un tiro. Todo eso es puro y catatónico mirar para otro lado.
El asunto es que algo profundo dentro de nosotros presiente esa extinción, a pesar de que tratemos de distraerla con la extendida autosugestión infantil del tipo “inventémonos un cuento con un destino trascendente y mundos llenos de significado después de la muerte y seres sobrenaturales investidos de amor y gracia y poder absoluto para juzgarte y salvarte o condenarte para toda la eternidad”, o con todas las blandengues filosofías del momento y su presente infinito y su monserga del “no pienses en el mañana”. Desengáñate, porque la única verdad es que la vas a palmar, tío, te vas a extinguir de aquí a unos cuantos nanosegundos cósmicos, ¿me explico? Eso es lo único que está empíricamente demostrado. [Pausa.] Sí bueno, no vamos ahora a entrar a definir ad infinitum lo que significa “empíricamente”, tú me entiendes, ¿no? [Pausa.] Y lo peor del asunto es que todo lo que te rodea también va a morir algún día. Todas las personas que te conocen también se morirán, tus padres y tus amigos y tu mujer y tus hijos y tu primera novia y todos los que alguna vez tuvieron alguna información sobre ti aunque fuera una absoluta nadería, y llegará un momento que ya nadie sabrá nada de ti, ni lo más mínimo, es decir, será como si jamás hubieras existido; para ese momento indeterminado del futuro será como si tú nunca hubieras existido, como si nunca hubieras sido tú, ¿me explico? [Pausa.] Y lo peor es que después se morirán las generaciones siguientes una tras otra, y con cada una de ellas desaparecerán sus magnánimos logros y sus carnicerías y sus absurdos boatos y sus rimbombantes títulos de clase y sus fantochadas y rituales de poder y todos los frágiles hechos y objetos propugnados vanidosamente para hacernos persistir en la idea de que es posible una nebulosa posteridad, y de ese modo llegará la desaparición de la humanidad entera, y finalmente el sol explotará y el planeta se verá envuelto en un cataclismo universal y todo se irá a la mierda, tío, rubricando el hecho innegable de nuestra insignificancia, del hecho sideral de que somos microscópicos y terroríficamente fugaces; ni siquiera polvo, cero, menos que nada, ¿me explico? [Pausa.] Sí, vale, vale, no te hace gracia que te suelte a estas horas de la madrugada todo este rollo tremendista, así, en plan crudo, pero cuando llegue ese momento en que estés a punto de palmar verás cómo te acuerdas de todo lo que te he dicho y me lo agradeces. [Pausa.] Vale, tío, me callo, pero la última la pagas tú. [Pausa.] Es lo mínimo que puedes hacer por abrirte los ojos; además, estoy tieso desde que se me acabó el paro hace tres meses. [Pausa.] Pues eso digo yo: peste de crisis.

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