Se acabó la racha de Matarazzo
La Real Sociedad volvió a toparse con la derrota en uno de los escenarios más exigentes del deporte

La Real Sociedad volvió a toparse con la derrota en uno de los escenarios más exigentes del deporte. El 4-1 en el Santiago Bernabéu frenó una dinámica que había reactivado la ilusión donostiarra, a la par que deja la primera derrota de Pellegrino Matarazzo desde su llegada al banquillo txuri-urdin. Después de semanas de crecimiento y confianza, el equipo cayó ante un Real Madrid mucho más certero y contundente en los momentos decisivos.
Un Bernabéu exigente y una Real sin margen de error
El plan realista se torció pronto. Gonzalo García marcó en el minuto 5 y, aunque Oyarzabal consiguió empatar el encuentro desde los once metros en el 21’, la reacción visitante duró poco. 10 minutos después, el Real Madrid ya ganaba por 3-1, y Vinicius cerró el 4-1 poco después del descanso. El resultado fue una radiografía fiel de lo que había ocurrido en el césped.
Matarazzo introdujo cambios en el once para repartir esfuerzos y proteger piernas en una semana cargada, casi prediciendo que iba a ser un partido imposible de ganar como las apuestas fútbol presagiaban. El contexto tampoco ayudaba, tras un desgaste importante en la Copa del Rey. En ese marco, las vigilancias defensivas no alcanzaron, sobre todo en los duelos individuales con Vinicius, y el equipo acabó persiguiendo demasiadas jugadas largas sin poder imponer su ritmo.
Aun así, hubo tramos que explican por qué esta racha había generado respeto en toda la competición. La Real encontró el empate, tuvo fases de dominio del balón y trató de atacar por fuera para estirar al bloque local. El problema en esta ocasión fue la falta de continuidad. Donde antes había sincronía en la presión y ayudas cercanas, esta vez aparecieron distancias largas entre líneas y pérdidas en zonas peligrosas. Ante un rival con tanto peligro en el último tercio del campo, esa combinación se paga al instante.
Lo que deja la primera derrota de la era Matarazzo
Más allá del marcador, la lectura más útil está en el mensaje del entrenador. Matarazzo subrayó que su equipo no dio su mejor versión durante el encuentro, pero sí dejó una idea clave: se puede aprender mucho de noches así. También evitó esconderse detrás del cansancio, aunque reconoció lo evidente: la acumulación de partidos existe y condiciona. Ese equilibrio en el discurso, sin dramatismo ni excusas fáciles, dibuja bien el proyecto que intenta construir en San Sebastián.
La racha que se terminó tenía peso real: la Real seguía invicta este 2026 y acumulaba nueve partidos sin conocer la derrota, todo tras un inicio dubitativo en las apuestas deportivas 2026. Por eso la derrota es tan dolorosa, aunque también ordena prioridades. Señala con claridad dónde está la brecha frente a los equipos que dominan estas citas: controlar mejor las transiciones, sostener la concentración después de cada gol y afinar el primer pase bajo presión. El calendario no concede pausas. Si algo está mostrando la etapa con Matarazzo es que el equipo sabe ajustarse y leer bien el partido.
Ahora toca comprobar si esa identidad alcanza para levantarse de inmediato. El equipo ya es un bloque reconocible y una noche mala no borra lo anterior. La clave está en convertir este golpe en aprendizaje, no en ruido. Ahí se decidirá si la caída fue solo tropiezo o aviso estratégico.

