Historia

Un nuevo libro del historiador villenense Juan B. Vilar

El villenense Juan B. Vilar nació en Villena en 1941 y es catedrático emérito de Historia Contemporánea en la Universidad de Murcia. En su larga trayectoria como investigador y docente, ha publicado unos cuarenta libros, muchos de los cuales han sido reeditados y traducidos a otros idiomas, y nada menos que un centenar de artículos científicos.
Su último libro lo acaba de publicar ahora en Madrid, se titula La diócesis de Cartagena en el siglo XX. Una aproximación histórico-sociológica, y lo ha editado la Biblioteca de Autores Cristianos. Es interesante para Villena porque nuestra ciudad perteneció a la diócesis cartaginense desde su creación por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII hasta 1954, en que pasó a pertenecer a la diócesis de Orihuela-Alicante, en la que actualmente se encuentra. Fue en cumplimiento del art. 7 del Concordato de 16 de marzo de 1851 entre la Santa Sede y el Reino de España, que establecía la adecuación de las diócesis españolas con las provincias civiles y quedó sin ser aplicado hasta el nuevo Concordato de 23 de septiembre de 1953. Este reajuste fue necesario “al ser creada por Pio XII la Diócesis de Albacete sobre la provincia de igual nombre en virtud de la bula Inter praecipua y la constitución apostólica Quo commodibus, de 2 y 24 de noviembre de 1949 respectivamente”. Juan B. Vilar relata con su rigor característico el cambio de diócesis de nuestra ciudad hace ahora 60 años, y dice textualmente en la página 5 que “tal acuerdo supuso para Cartagena la segregación de más de la tercera parte de su territorio (arciprestazgos de Albacete, Almansa, Casas Ibáñez, Chinchilla, Hellín, Jorquera y Yeste). Una remodelación que no tardó en completarse apenas entró en vigor el Concordato de 1953, que en relación con esta cuestión reiteraba disposiciones incumplidas del de 1851 en el sentido de eliminar enclaves de otras provincias existentes en algunas diócesis. De acuerdo con ello, el arciprestazgo de Villena pasó a la diócesis de Orihuela-Alicante el 25 de junio de 1954, y el de Huércal-Overa a la de Almería en 10 de junio de 1957”.

Por cierto, el Concordato de 1953 fue el primer reconocimiento al régimen de Franco por parte de un país extranjero, además del tratado con los Estado Unidos en virtud del cual este país establecía las bases militares en suelo español, que todavía sigue manteniendo en la actualidad. Con ambos reconocimientos, y con la visita a España de Eisenhower, terminaba el período de aislamiento internacional del régimen de Franco, que los historiadores denominan el “período de autarquía” y que duró desde el fin de la II Guerra Mundial en 1945, por la derrota de sus únicos aliados (la Alemania nazi y la Italia fascista), hasta 1953, precisamente. Todos hemos visto en televisión las imágenes del presidente Eisenhower paseándose en coche descapotable por la Gran Vía madrileña y siendo aclamado por el público que abarrotaba las calles a su paso. Y todos recordamos su famosa respuesta a la pregunta de un periodista con motivo de ese viaje a España por haber firmado un tratado de colaboración con un dictador: “los enemigos de mis enemigos son mis amigos, aunque sea Franco”. El concordato con la Santa Sede también es más fácil de entender, ya que la Iglesia fue uno de los pilares del régimen, junto con el ejército, hasta que se distanció de él tras el Concilio Vaticano II. Todos recordamos al cardenal V. Enrique y Tarancón y el papel fundamental que desarrolló en la transición política a la democracia.

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