Cultura

Veranito, veranito

Tendrán que recocerme, queridas personas, que tal y como está el panorama, tal y como nos la van dando con queso, con cal y con arena, hay que echarle mucho valor para estar disfrutando el “veranito, veranito”. Tanto que me hacen bola hasta esos pocos segundos que el mando de mi TDT aguanta programas veraniegos de Telahinco y Ascopena 3 antes de cambiar de canal.
Menudo veranito, veranito, el del dosmildoce. Con los bosques ardiendo de punta a punta de las islas y la península, con la maldición de la subida del IVA flotando como un fantasma hasta su inevitable llegada, con el país supurando juicios por corruptelas y con nuestros representantes jugando al juego de ver quién es más tonto y quien está más mudo. Y el rescoldo del 15M para colmo apagándose en burocracia cuando más falta hace, cuando la marcha negra, cuando la revolución del funcionariado…

Veranito, veranito, de playas limpias y empresarios encomiables, tipo Roig (porque hay más) que anunciarán en septiembre que llevan meses cobrándonos el aumento de IVA que después no nos cobrarán porque ya nos lo están cobrando. Veranito, veranito, que no nos dejan disfrutar, ni con Eurocopa ni con Olimpiadas, porque estos políticos que no paran, no dejan perder ocasión para hacer lo único posible, lo único que puede salvarnos, que en resumen resulta jodernos un poco más, ¿un poco, he dicho? No, jodernos todo lo que pueden. Porque son gente con estudios y saben que no hace tanto la clase media estaba mucho, mucho, mucho más jodida, casi asfixiada, y sin embargo salió adelante y con méritos (véase la filmografía de Alfredo Landa y Cía.). Pero ahora el problema es distinto. Eso es necesario que lo entiendan. Ahora no vivimos en una sociedad de sí o sí u hostia que te crío. Ahora vivimos en una sociedad de “estudia para que seas algo en la vida”. Y lo de ser algo en la vida sí nos lo pueden quitar, pero lo aprendido cuando estudiamos no. Y ahora sabemos que no debemos permitir que quienes se ganan la vida con cargos electos nos chuleen, nos engañen y nos roben. Lo sabemos (el enigma estriba en que sabiéndolo lo permitamos).

Veranito, veranito. La situación no puede llegar mucho más lejos. Y si el sentimiento se inclina hacia la impotencia, entonces empecemos por donde hay que empezar: empecemos por hacer caso a quienes trabajan por nuestra sociedad: bomberos, profesorado, personal sanitario, etc.: escuchemos cómo pide a gritos nuestra ayuda para que los de título de pala y cubo no destruyan el mundo por el que hemos apostado, luchado y pagado. La situación se vuelve, ustedes lo verán y leerán día a día, más estúpida e imposible. De modo que dejemos de pagar esos miles de millones de euros de sueldo a quienes no tienen más ocurrencias que jodernos la vida para salvarnos de los monstruos que inventan y defienden.

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