Me permito parafrasear el título de aquel estupendo tebeo de autoría colectiva para titular esta columna sobre tres cómics biográficos protagonizados por una nómina de artistas excepcionales. Y el primero que quiero recomendarles hoy cuenta con un protagonismo coral dado que está dedicado a las hermanas Brontë. Brontëana, que así se titula la nueva novela gráfica de Paulina Spucches, no es la primera aproximación del noveno arte a estas tres escritoras del siglo XIX: sin ir más lejos, ahí está la estupenda La ciudad de cristal que les dedicó hace no mucho Isabel Greenberg. Pero si aquella se centraba más en el mundo imaginario de Charlotte, Emily y Anne, la nueva obra de la autora de Vivian Maier -otro cómic biográfico verdaderamente espléndido- es un relato más completo y documentado de cómo tres jóvenes de la Inglaterra de su tiempo se convirtieron en exitosas novelistas por más que tuviesen que empezar a publicar bajo seudónimos aparentemente masculinos, lidiando así con una sociedad anclada en el pasado y reacia por tanto a leer a mujeres de verdad hablando de genuinos sentimientos femeninos a través de mujeres de ficción. De esta forma, Spucches retrata su infancia, cargada de juegos repletos de imaginación, como el germen de clásicos de la literatura en lengua inglesa como Jane Eyre (Charlotte), Cumbres borrascosas (Emily) o Agnes Grey (Anne); pero es en la época adulta cuando la obra, tanto a nivel argumental como gráfico, alcanza los momentos más álgidos del relato. En resumidas cuentas: estamos ante un cómic espléndido y por tanto de lo más recomendable.

Si Paulina Spucches se ha convertido recientemente y gracias a los dos títulos citados en una autora a seguir con mucha atención, el nombre de Guy Delisle es de sobra conocido por los aficionados desde hace bastante tiempo gracias a cómics autobiográficos como Shenzhen, Pyongyang, Crónicas birmanas, Crónicas de Jerusalén o la “precuela” Crónicas de juventud. En esta ocasión, con el más reciente Una fracción de segundo se aleja de su propia experiencia vital para centrarse en la figura de Eadweard Mubridge ofreciéndonos una suerte de documental en viñetas al que no le falta ni la consabida voz en off ni puntuales fugas al presente que incluyen referencias al From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell, la película Matrix o su propia experiencia como dibujante de animación. A quienes hayan leído manuales de fotografía o alguna que otra Historia del cine les debería sonar el nombre de Muybridge como un pionero en cualquiera de estas dos manifestaciones artísticas: aunque sus primeros empleos fueron como librero, su obsesión por captar el movimiento de la naturaleza le llevó a interesarse por el invento de la fotografía primero y por el cine después. Por esta razón, investigó o incluso conoció a algunos de los más grandes inventores, pintores y cineastas primigenios de su tiempo: Edison, Nikola Tesla, Daguerre, Rodin, Degas, los hermanos Lumière, Georges Méliès o Alice Guy son solo algunos de los invitados de excepción de este relato biográfico que no evita reflejar la compleja personalidad de su protagonista ni algunos de los episodios más oscuros de su biografía, con el asesinato del amante de su esposa (del que fue declarado inocente en el juicio) a la cabeza. A destacar los puntuales pero certeros toques de humor, muy característicos del estilo de su autor, así como la secuenciación de algunos momentos del relato y la plasmación de los logros técnicos y artísticos de los personajes históricos que pueblan sus páginas.

No abandonamos el mundo del séptimo arte con nuestra tercera y última recomendación de hoy: Marlene es la novela gráfica que los italianos Alessandro Ferrari al guion y Flavia Scuderi al dibujo le han dedicado a la que quizá haya sido la presencia femenina más fascinante del cine del siglo XX junto con Marilyn Monroe y Greta Garbo: en efecto, la alemana Marlene Dietrich protagoniza este recorrido vital que enseguida se centra en la infancia de la futura diva de la canción y el celuloide en Berlín -cuando todavía respondía al verdadero nombre de pila de Marie Magdalene- y termina con su fallecimiento en París a comienzos de los años noventa del siglo pasado. Entre un momento y otro, los autores reflejan (no siempre en orden cronológico) su ascendente carrera en el cine, donde pasó de trabajar con el austríaco Josef von Sternberg -quien tras descubrirla la convirtió en su actriz fetiche y musa dirigiéndola en siete películas, entre ellas algunas tan emblemáticas como El ángel azul, Marruecos, El expreso de Shanghai o Capricho imperial- y su compatriota el maestro de la comedia refinada Ernst Lubitsch a títulos posteriores como es el caso de dos clásicos incontestables del Hollywood de los años cincuenta: Testigo de cargo y Sed de mal, a las órdenes de Billy Wilder y Orson Welles respectivamente. Por supuesto, en el cómic que nos ocupa no faltan ni la mítica canción Lili Marleen ni tampoco el papel que la artista jugó oponiéndose públicamente al partido nazi de Adolf Hitler; una decisión esta última muy en la línea de otras que tomó en su vida, y que pasaron siempre por decir lo que pensaba y por vivir su sexualidad primero y su forma de expresarse artísticamente después de forma totalmente libre. Una actitud esta de la que tampoco estaban muy lejos el iracundo Muybridge, no digamos ya las rebeldes hermanas Brontë: otras tres mujeres, como la Dietrich, decididamente adelantadas a su tiempo.
Brontëana, Una fracción de segundo. La azarosa vida de Eadweard Muybridge y Marlene están editados por Garbuix Books, Astiberri y Planeta Cómic respectivamente.




