Villena no necesita volver al Medievo
El problema empieza cuando lo medieval deja de ser escenografía y vuelve a convertirse en costumbre, como la novillada que acogerá la plaza el domingo
Hace apenas unos días, Villena volvió a vestirse de historia. Las Fiestas del Medievo recrearon la visita de los Reyes Católicos a la ciudad en 1488, llenando el casco histórico en una escenografía que nos invitaba a mirar el pasado como memoria de identidad y de patrimonio popular. Pero toda recreación histórica encierra una pregunta incómoda: ¿qué parte del pasado queremos representar y qué parte deberíamos haber dejado atrás para siempre?
Porque el problema empieza cuando lo medieval deja de ser escenografía y vuelve a convertirse en costumbre. Y eso es exactamente lo que ocurrirá el próximo 22 de marzo, cuando la plaza de toros de Villena acoja una novillada. Entonces ya no estaremos ante una teatralización del pasado, sino ante su resurrección moral: la normalización pública del dolor, la sangre y la humillación convertidas en espectáculo.
Ese es el verdadero retroceso. No el Medievo festivo que se teatraliza durante unos días, sino el Medievo ético que reaparece cuando la violencia se disfraza de cultura y se ofrece desde una plaza pública como si aún no hubiéramos atravesado la Ilustración. Porque la Ilustración no fue solo un periodo histórico: fue la promesa de que la razón, la compasión y el progreso moral debían sustituir a la brutalidad normalizada. Y, sin embargo, en Villena hay responsables públicos que han optado justamente por lo contrario: por seguir administrando la costumbre más cruel como si fuera patrimonio intocable.
Se dirá, una vez más, que “es legal”, que “es tradición”, que “siempre se ha hecho”, “que la ley lo permite”, como si estas frases agotaran toda responsabilidad. Pero la política no consiste solo en hacer lo mínimo que no prohíbe la norma; consiste también en decidir qué modelo de ciudad se impulsa, qué valores se protegen y qué límites éticos se quieren marcar. Y ahí es donde nuestro equipo de gobierno queda en evidencia. Porque cuando ha tenido que elegir entre avanzar o mirar hacia otro lado, ha optado por mirar hacia otro lado. Cuando ha tenido que ejercer liderazgo moral, se ha refugiado en la coartada administrativa. Cuando ha podido dignificar el uso de un espacio público, ha preferido seguir cediéndolo a la sangre.
En 2025 Villena acumuló una secuencia de espectáculos taurinos que muestra una clara apuesta institucional por mantener y ampliar esa agenda. Es una tendencia. Es la confirmación de que, lejos de contenerse, la agenda taurina ha encontrado en Villena una puerta institucional abierta. Y esa puerta no la ha abierto la ciudadanía por sí sola; la han mantenido abierta quienes gobiernan y quienes han hecho posible estas autorizaciones. Eso no es neutralidad. Eso es una elección política.
Más grave todavía resulta lo relativo a la infancia. La Fundación Franz Weber reclamó al Ayuntamiento de Villena una campaña específica para desincentivar la entrada de menores a la novillada del 22 de marzo. Lo hizo recordando, además, que el Comité de los Derechos del Niño de la ONU ha pedido a España que fije sin excepción los 18 años como edad mínima para asistir o participar en festejos y escuelas taurinas. Y lo hizo en un contexto en el que la propia Ley 26/2018 de la Comunitat Valenciana establece en su artículo 70 que las personas menores de edad no podrán participar ni asistir a espectáculos cuyo reglamento contemple daños físicos o psíquicos sobre personas o animales. A pesar de todo ello, no consta una reacción política a la altura de la gravedad del problema.
Eso también es una forma de gobernar: fingir prudencia mientras se consiente la normalización de la violencia. Hablar de infancia, de convivencia y de valores en los discursos institucionales, pero guardar silencio cuando toca actuar. Llenarse la boca de educación y de ciudad amable, mientras se permite que niños y adolescentes sigan creciendo con el mensaje de que el sufrimiento puede ser entretenimiento, de que la agonía puede ser tradición y de que la empatía siempre puede aplazarse si hay intereses, costumbres o cálculo político de por medio. Eso no es cultura. Eso es pedagogía de la desensibilización.
Y no, esto no va solo de toros. Va de la clase de sociedad que estamos construyendo. Va de si la plaza pública sirve para ampliar la conciencia colectiva o para degradarla. Va de si entendemos la cultura como un espacio de creación, encuentro y sensibilidad, o como una coartada para repetir viejas violencias. Va de si nuestros gobernantes están dispuestos a acompañar el progreso moral de la sociedad o prefieren quedarse anclados en un modelo de “pan y toros” que, por muy antiguo que sea, no deja de ser pobreza ética revestida de costumbre.
Por eso, lo que ocurrirá el 22 de marzo en Villena no será únicamente la muerte ritualizada de varios novillos. Será también una derrota simbólica. Una derrota de la empatía frente a la insensibilidad. De la educación frente a la banalización de la violencia. Del progreso frente al inmovilismo. Y será, sobre todo, la evidencia de que parte de nuestra dirigencia local ha abandonado la responsabilidad de construir una ciudad mejor para conformarse con administrar aquello que nunca debió seguir siendo normal.
Villena no necesita volver al Medievo. Villena necesita salir de él de una vez por todas.
Por: Plataforma Animalista de Villena


No soy partidario de ningún tipo de acto contra animales y menos las corridas de toros, pero el caso es que la ley es la ley, y muy a nuestro pesar, mientras no sea ilegal, hay que respetar a los que quieren acudir a ese tipo de actos, la solución pasa porque no acabe yendo nadie o muy poca gente y al final se tenga que eliminar por no haber gente dispuesta a ver estas torturas. Tampoco me gusta el fútbol, viendo correr a 22 tios o tias detrás de un balón pegándole patadas como si eso me solucionara mi vida diaria, pero hay descerabrados que les gusta y no por ello se hacen manifestaciones en su contra. Por tanto, mientras que la ley no prohiba algo por acuerdo de muchos, mal que nos pese, tenemos que aguantarnos y no creo que manifestarse el mismo día del acto solucione el problema, se soluciona antes y después con recogida de firmas e insistiendo a los que gobiernan en que se ilegalice este tipo de actos. Y quien no lo vea así, me temo que es todavía más descerabrado que a los que les gustan los deportes de contacto.
¿Que parte del sistema no entendéis?
Las corridas de toros son espectáculos legales y protegidos como bien cultural por nuestra legislación.
La legislación la elaboran unas personas a las que votamos cada 4 años y que se supone que interpretan el sentir popular cuando elaboran las leyes.
Vuestra actitud y el lenguaje insultante que usáis con las personas que acuden a estas corridas, ya no sorprenden a nadie.
Faltáis, careceis de educación y de sentido democrático y os creéis mejores que los demás.
A mi personalmente no me ofende, ni iré, ni me apetece ir, ni me gusta ese espectáculo, pero tampoco me planteó ir a insultar por insultar.
La verdad no es propiedad de nadie.
Si tuvieses algo de sentido histórico y cultural, sabrías que los juegos taurómacos hunden sus raíces en las primeras civilizaciones del Mediterráneo. El toro engloba un simbolismo muy concreto en el marco de las culturas mediterráneas que ha transcendido y evolucionado hasta la actualidad, con especial desarrollo en la Península Ibérica y el Mediodía francés por medio de las corridas de toros.
Tratar de vincularlo con la Edad Media es una perspectiva muy simplista, carente de rigor histórico e incluso infantil. A esto hay que añadir que, precisamente, las corridas de toros se fueron instituyendo como un espectáculo reglado y profesional. Es mal argumento el de la Ilustración. Además, si tu argumento se basa en las promesas teóricas de la Ilustración y la confianza en la razón, te recuerdo que desde el siglo XIX y hasta nuestros más actuales días, se han cometido y se cometen los peores crímenes humanos en términos cuantitativos y cualitativos.
Como bien dices Villena no necesita volver al medievo, pero tampoco necesita una fiesta medieval en Marzo, la cual no deja de ser más que las fiestas de un barrio de Villena, como puede ser los títeres de las cruces, o la hoguera de La Encina en honor a S. Juan. No por ello se prohibe ni se deja de destinar dinero a cada una de esos actos. Como bien han dicho anteriormente 22 tios pegandoles patadas a un balon, cobrando un dineral, y lo que es peor, muchos de ellos cotizando en el extranjero. ¿Es eso legal? Pues mientras la ley lo permita, SI. Asi que dejar de lloriquear cada vez que haya un espectaculo, festejo o diversion taurina, es legal. Y te digo una cosa, soy partidario de los toros, pero que cada uno se los page sin subvenciones, si es que las hay. Un abrazo y dejar de buscar ruido alla donde la legalidad lo permite.