Y lo pasao, pasao
No conozco villenense que sintiéndose villenense no le importe con orgullo e interés su patrimonio histórico material e inmaterial, seña de identidad, sentimiento común
En boca villenense, Día cuatro que fuera y lo pasao, pasao es, por un lado, chupinazo para la celebración más esperada en la población. Como será –agotados los fastos– conjura o frase mágica que exterioriza añoranza, inmediato deseo de volver a empezar. Como si las intensas jornadas vividas –día y noche, noche y día– hubieran sabido a poco. Melancolía.
Hay quienes en lo pasao, pasao ven desdén irresponsable, desentendido y despreocupado por todo ayer. Nada más lejos para quienes son de Villena. Porque lo pasao, pasao, en Villena, es voluntad solidaria de afrontar las Fiestas en honor de la Patrona, la Morenica, Virgen de las Virtudes, con afanes de hermandad.
Donde las diferencias de cualquier tipo –lo pasao– no han de ser obstáculo para la celebración alegre, para el desfilar uniforme a ritmo y son de marchas moras, cristianas y pasodobles; ni para dejar de compartir momentos inolvidables de exquisita convivencia entre la gente.
Ni tampoco lo pasao, pasao, es desdén hacia la Historia. Aún menos en los habitantes de una ciudad en la que don José María Soler García –y precedentes y descendientes historiadores– han inculcado e inculcan un interés congénito, en el ADN de la población, por la Historia. Apego visiblemente manifiesto este año celebrando el medio milenio del título de Ciudad.
No conozco villenense que sintiéndose villenense –villenero o villenera– no le importe con orgullo e interés su patrimonio histórico material e inmaterial, seña de identidad, sentimiento común. Así que sí: Día cuatro que fuera y lo pasao, pasao. Grito de guerra, voz arengadora, acezante para construir un futuro solidario, perpetuamente festivo y responsable sobre las sabidurías de lo que, limando diferencias, nos enseña lo pasao.

