Yo de mayor quiero ser Juglar del Lute. Apúlele
Sabía que ser Juglar iba a ser una experiencia muy gratificante. Lo que no me imaginaba era hasta qué punto

En los últimos años el teatro me ha dado mucho más de lo que yo, considerando mis limitadas dotes actorales, le daré a él jamás. Desde que me subí, después de tantísimo tiempo, a un escenario sin esperar jamás que diez años después seguiría pisando las tablas, he vivido en la piel de distintos personajes, he compartido salas, carretera, comidas de todos los rangos y sabores posibles, hoteles, moteles de Norman Bates y en ocasiones cama, con actores, actrices, técnicos, comprensivos familiares y gente apasionada y apasionante; he recuperado amistades muy importantes para mí y he enfilado el último tramo de mi vida con ganas de no perderme nada y de conservar la curiosidad cuando todavía queda tanto por conocer, mucho por aprender.
Si tuviera que nombrar a uno de mis compañeros en esta locura, no puede ser otro que el que ha sido, posiblemente, el mejor actor de teatro amateur que he visto en un escenario, mi amigo y mi maestro Chema Escribano. Si tengo que acordarme de una gran actriz y una persona de una dulzura y generosidad sin medida esa es mi amiga Pascuala Marchán. Ellos han sido las muletas para sostenerme en las representaciones y me lo han enseñado todo. A ellos y todas y todos los que han viajado en el carro de Ayusteatro los quiero sin actuar, sin fingir, de verdad.
Con Ayusteatro hemos tenido la suerte de ser seleccionados en muchos certámenes de teatro aficionado y en eso hemos estado volcados el grupo de personas que, con distintos cometidos, es absolutamente necesario para hacer que todo funcione: directora, técnicos de iluminación y sonido, tramoyistas, maquilladoras, actores… Esa actividad amateur y el hecho de haber estado alejado muchos años del mundo artístico, me ha impedido un contacto más estrecho con los grupos de teatro locales de Villena a pesar de vivir aquí más de la mitad de mi existencia.
Aún así tanto Zarangollo como Caricato me han permitido estar con ellos en sendos cafés teatro en los que me permitieron actuar, y he podido hacer alguna colaboración con mi amiga Virtu Ribera tan involucrada en la vida social y cultural de Villena y a la que agradezco haberme subido de nuevo a un escenario para hacer la otra de las cosas que me apasionan: cantar. Mi admiración por todas y todos los que forman parte de estos proyectos artísticos que nos permiten disfrutar de cada uno de sus montajes.
Tenía yo clavada una espinita con Los Juglares del Lute, a los que llevaba tanto tiempo admirando y personalmente con Jordi Gandía, al que considero otro de mis maestros a pesar de superarle en edad considerablemente. Pero, amigos, hay que rendirse ante el talento y a Jordi le sobra talento y lo derrocha generosamente en beneficio de quienes le rodean.
Algunas veces me cruzaba con Jordi por la calle y le decía: “Yo de mayor quiero ser Juglar del Lute”, y él me contestaba que sí, que eso pasaría alguna vez. Pero luego no pasaba porque, seguramente, había tanto juglar dispuesto que no iba a darme a mí un papel para quitárselo a otro. Normal… Sin embargo, a finales del año pasado y cuando yo ya creía que a lo mejor me estaba haciendo mayor hasta el punto de superar todos los límites de la edad adulta e iniciar la regresión a la niñez, Jordi me ofreció participar en la obra del Medievo de este año 2026 y no hizo falta que insistiera mucho para que aceptase con la ilusión propia de ese niño que viene a por mí.
Sabía que iba a ser una experiencia muy gratificante. Lo que no me imaginaba era hasta qué punto. Los Juglares del Lute me han ofrecido la posibilidad de actuar en un homenaje a las y los labradores de todos los tiempos, a las gentes de piel dura que no conocieron ni niñez ni juventud para poder llevarse algo a la boca y sacarle a la tierra los frutos para que otros también comieran y unos cuantos se enriquecieran. A la gente sencilla que sin tener mucho lo compartía todo. A los que vivían mirando siempre al cielo. Un canto a los que ahora vienen de otras tierras a recoger manzanas, a varear almendras y aceitunas, a vendimiar, a segar, a descubrir las patatas y a plantar nuevas cosechas. “¿Nos matará la sequía o la tormenta? ¿Cómo daremos de comer a nuestros hijos si el cielo cae sobre nosotros?”.
Un año más, Jordi Gandía y sus Juglares del Lute, en “Cómo labrar un sueño”, han sido capaces de emocionar, de hacer reír, de hacer llorar, de incomodar, de dejar en el aire preguntas que hay que responder, de crear imágenes que hay que atreverse a mirar de frente, de sorprender en una apuesta poética de belleza feroz. Y yo he estado ahí dentro, en las cuatro sesiones del Huerto de la Pona en la comparsa de Labradores, participando del compromiso del teatro, de la alegría, de la energía de ese grupo de locas y locos que ya son mis amigos y de esos niños preciosos que siempre se aprenden el texto los primeros y nunca se equivocan en escena. A todos los quiero para siempre. Gracias.
Por: Felipe Navarro


