Cultura

“Cualquier tiempo pasado… fue anterior” (Les Luthiers)

Y como no puede ser de otra forma aprovecho para recordar la visita que los míticos Les Luthiers hacen a nuestro país (con la promesa además de regresar la próxima primavera). Y de igual modo aprovechando repito que “cualquier tiempo pasado… fue anterior”. Y no hace falta ir a comparar a Capmany o Tecglen con Mejide o Jorge Javier Vázquez, recientemente premiado con el Ondas (diré que pese a la polémica mi interés se concentra en entender cómo Risto sobrevivirá pasados unos años al recuerdo de lo que hoy hace: un truño merecedor de recibir todas y cada una de las calificaciones que él mismo disparó como jurado de Oté).
Lejos de estos últimos nos encontramos con el obituario por la transmigración de José María Rodríguez Méndez, autor teatral tan poco conocido como el resto de su profesión. Y aunque él no haya sido uno de mis preferidos entre su generación (postguerra como pueden imaginar), la noticia de su muerte me ha hecho percibir la desaparición de un legado teatral, artístico e histórico. Me hace recordar a toda una generación cuya obra muere con su persona sin que se le haya hecho justicia –al menos a la obra– pese a constituir la verdadera línea evolutiva del arte escénico en nuestro país tras los Jardiel Poncela o Mihura. A la aportación de Rodríguez Méndez habría que sumar quizás con mayor acierto pero con idéntico éxito las del enorme Luis Riaza, las de Martín Recuerda, Martínez Mediero o Rubial. No todos corrieron la misma suerte, otros autores entraron en el Star-System –si me disculpan la hipérbole– como Lauro Olmo, Sastre, Buero Vallejo o Nieva, u otros con menor éxito pese a su prolífico esfuerzo como López Mozo.

Pero claro, un país que entrega la Medalla de las Bellas Artes a Francisco Rivera no puede dar esperanzas de mucho más, dirán. Error. Miro a mi alrededor y veo movimiento. Incluso me encontré sin esperarlo en la inauguración de una exposición de pintura cuando el miércoles fui a tomar una cerveza en La Espuela. Quique Amat. Me interesó. Pero no pude acudir una hora más tarde a El Túnel a la inauguración de otra parte de su exposición. Pero sí vi a Luis y le pregunté si ellos –por los bares y pubs– eran el único reducto, la única salida a la presentación de trabajos plásticos en Villena. “¿Sólo de artes plásticas?”, me dijo. Me llegó el flash de una imagen que había visto de camino hasta allí: dos marcos vacíos en la fachada de la Casa de Cultura. Los dos marcos que suelen presentar los carteles del Cine Club y otras actividades de la programación. Recordé que “cualquier tiempo pasado fue anterior”… y me mordió la ansiedad de hacer algo.

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