Literatura

“Yo… no” (concurso de relatos breves San Valentín 2014)

Cayó la noche a plomo. Estaba sentado en la esquina de la barra del pub, viendo pasar a la gente, pero pasando de la gente. No los conocía, ni los sentía. Ahogaba sus penas y remordimientos con gin-tonic. Y esa puta canción otra vez. Le martilleaba el alma.
Había visto venir al toro y no lo evitó. La borrachera no tiene importancia. Una más. La juerga, la juerga que se montó después es lo difícil de justificar. Fue de las que hacen historia. Él es así. Ella lo sabe.

- "...ya lo ves, que no hay dos sin tres, que la vida va y viene y que no se detiene...qué sé yo..."

Ella no apareció. Otra noche más de horas muertas. No pudo explicarle sus motivos, pero los comprendería. Estaba seguro. Un desliz. ¿Quién no ha tenido un tropezón en su vida? La vida se construye superando fracasos, ¿no?... Somos de barro, tenemos debilidades.

Apoyó los codos en la barra. Se mesó el cabello con sus dedos y pensó en ella. La imaginaba a su lado. Su mirada cómplice, su pelo rojo y esa piel sedosa, salpicada de motitas canela puestas como con colador que la hacían tan inconfundible, tan graciosa. Su chica.

- "...pero miénteme aunque sea, dime que algo queda entre nosotros dos, que en tu habitación nunca sale el sol, ni existe el tiempo, ni el dolor..."

- Oye, ven.
- Dime. ¿Qué?
- Tengo plan. Vamos.

Autómata se enganchó a él. Le puso su brazo en su hombro y cómplices salieron sonriendo.

- "...ya lo sé, que corazón que no ve es corazón que no siente o corazón que te miente amor, pero sabes que en lo más profundo de mi alma sigue aquel dolor por creer en ti..."

Amaneció en una cama amplia con un tambor por cabeza.

De la ducha salió una piba morena y escultural secándose una enorme y oscura melena rizada.

No le vio la cara. Todo era pelo y toalla, y de ella salió una voz seca.
- Levanta. Has de irte. Entro a las ocho y está al llegar mi compañera de piso.

- "...¿Qué fue de la ilusión y de lo bello que es vivir? Para qué me curaste cuando estaba herío, si hoy me dejas de nuevo el corazón partío..."

Le despejó algo la ducha, y ya en la calle...

- No ha estado mal.
- Nada mal -sonrió. A ver si quedamos para otra ocasión.
- Tu amigo sabe donde trabajo, pero toma mi teléfono. Libro los fines de semana.
- Hablamos por WhatsApp

Le dejó con un beso en la mejilla y se la tragó la boca del metro.

- Pues era verdad. No había estado mal, pero no recordaba su nombre.

Se subió las solapas, bufó entre sus manos cóncavas y caminó hacia ninguna parte pretendiendo entrar en calor. Buscó un café abierto.

- "…¿Quién me va a entregar sus emociones? ¿Quién me va a pedir que nunca te abandone?..."

Cuando quiso saber la hora comprobó que no tenía su peluco.

Desanduvo los pasos y regresó. Pulsó el timbre. Podría estar ya la compañera del apartamento.

Nadie contestó, pero insistió. La niebla, esa mañana, fresca.

- "… ¿Quién me tapará esta noche si hace frío? ¿Quién me va a curar el corazón partío?..."

- ¿Quién?- respondió una voz.
- Pasé aquí la noche y olvidé mi reloj en la ducha. Vengo a recogerlo.

Subió. La puerta del apartamento se entreabrió lo justo para que saliera una lánguida mano y en ella su reloj.

Con la mano, el brazo…y una mirada curiosa.

Maldita rendija. Permitió ver lo justo, a él y a ella; que... era ella, con su melena suelta pelirroja, y esa nariz respingona en su cara pecosilla.
También ella le vio. Le vio y de sus ojos brotaron amargas lágrimas de hiel.

- "...¿Quién llenará de primaveras este enero y bajará la luna para que juguemos? Dime si tú te vas, dime cariño mío, ¿quién me va a curar mi corazón partío?..."

- Yo... no. ¡Cabrón! ¡Hijoputa!

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