Cartas al Director

Afectados de Cáncer

Las experiencias son una parte de la vida que te enriquecen o te destruyen, pero en ocasiones, son la mezcla de las dos cosas y combinándolas vives un enriquecimiento personal de difícil adiestramiento. Las personas que han experimentado en su propia piel o han tenido familiares afectados de cáncer, han jugado al peligroso envite de la enfermedad. Estos pacientes, generalmente excepcionales personas, han luchado hasta en sus momentos de flaqueza, enfrentándose como jabatos para no ser vencidos por la metástasis destructora de tantas esperanzas y de una vida que les pertenece.
Desde el diagnostico del tumor y su paso por la distintas fases de la enfermedad, el paciente padece diversas manifestaciones y se prepara para un periodo de su vida que sin duda, no deja indiferente a ninguno. Un sufrimiento en la mayoría de los casos callado ante una sociedad que discrimina a los que aparentemente no son igual a la gran mayoría y una lucha feroz ante familiares angustiados de no poder cambiar el caprichoso destino. Los enfermos de cáncer son personas admirables, deseosas de ganar la batalla del día a día que tan difícil les resulta cuando están con el tratamiento. Los altibajos de moral acompañan en las distintas fases de antes, durante y después de la comunicación de padecer un tumor maligno. Las emociones se intensifican y cada amanecer es una apuesta por la vida… por su vida.

Pero ante un panorama nada satisfactorio, se pueden encontrar enfermos animando a otros enfermos, para que su experiencia les sirva de apoyo y se ponen al servicio de cuanta ayuda les sea necesaria. Los hay que visitan a los enfermos que pasan por la fase Terminal sin pudor alguno de enfrentarse al desenlace final. De igual forma son una muestra de coraje a los que están en fase de tratamiento y viven superándose constantemente y contagian unas ganas de vivir envidiable.

El enfermo que alienta a su familiar afectado y que adoleciendo de lo mismo pasa doblemente por la misma experiencia. Enfermos que encuentran en su enfermedad otra oportunidad para sentir lo esencial de la vida. Son exposiciones de cariño y de sentimientos que los enfermos de cáncer demuestran y encarnan una ejemplaridad de la que todos deberíamos aprender.

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