Cartas al Director

¡Buena proa!

Ante la visión de la luz del faro aparece la esperanza. La visión de la luz de un faro es motivo de gozo

La vista del fuego en tierra firme siempre ha sido un aviso de peligro para los navegantes. Homero, en el año 700 a. de C., escribió en la Odisea que el uso de fuegos y fulgores servía para guiar a los marineros y para la señalización de tierra a los barcos.

El navegante traza un rumbo en su vida que luego vendrá afectado por vientos, corrientes, fallos y errores. La derrota es el trayecto “real “. Con él navegamos. Siempre hemos utilizado ese significado de “derrota “ante la adversidad, por su positivo significado para la persona. Esa “derrota “implica generar nuevos rumbos.

El faro nos aparece destacando entre el paisaje. Su torre como símbolo de estabilidad, fortaleza y seguridad. Su luz, proporcionando seguridad, orientación, inteligencia y sabiduría. El faro nos serena ante la duda, el miedo y la adversidad. Cuando prima la oscuridad, aparece la luz que guía y permite que la lejanía se acerque. Ayuda en el rumbo.

El faro, con sus destellos, nos orienta para saber qué debemos hacer. En ese instante disminuyen los miedos y las incertidumbres. La enfermedad y la muerte provoca espanto a la persona con el corazón más duro, a pesar de haber aprehendido fuertes experiencias vitales anteriores.

Ante la visión de la luz del faro aparece la esperanza. La visión de la luz de un faro es motivo de gozo. La vuelta a casa, el fin de la travesía que se acerca. Conlleva alcanzar el fin del sufrimiento. El faro aporta una visión más optimista, desde la confianza y la alegría.

Los roles de los profesionales sanitarios ejercen ese papel de guía y de señal de apoyo, cuidados y salud para todas las personas y situaciones.

Pero también el faro en su interior es una metáfora para nuestra vida. La subida para llegar a la luz del faro obliga a dar vueltas, a seguir subiendo escalones, a tener la sensación de no llegar a la meta. Alcanzar la cabina donde está la linterna significa la conquista de la iluminación.

La simbología del faro como podéis hoy comprobar, no es solamente para el acompañamiento hacia los demás, es una orientación para nuestras vidas, nuestros proyectos y para la relación con los cercanos a nosotros.

Un saludo, ¡¡buena proa!!

Por: Nacho González, psicólogo Unidad de Conductas Adictivas de Villena

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