Abandonad toda esperanza

Camino a la perfección

Abandonad toda esperanza, salmo 17º
No, no les voy a hablar de Baroja, pese a lo que pueda parecer. Además, si lo hiciera preferiría hablarles de La sensualidad pervertida, háganse cargo. Les voy a comentar algo sobre Sam Mendes, caso particularísimo entre los nuevos directores de cine norteamericano. Hace unos días hablábamos de Polanski y de si valía la pena que un director perdiera sus señas de identidad para convertirse en un artesano de excelente oficio. El caso de Mendes es todo lo contrario: su mayor logro es lo camaleónico de su desbordante talento.

Este director teatral pasó a la realización cinematográfica con la laureada American Beauty (Oscar a la Mejor Película con su debut, nada menos), visión oscura del lado más perverso del American way of life, con una memorable interpretación de Kevin Spacey, que arrancaba la película masturbándose en la ducha. Cuando todos esperábamos que Mendes se convirtiera en un observador de la realidad contemporánea, inmerso en una corriente que engloba a cineastas tan interesantes como el P. T. Anderson de Magnolia, el Todd Solonz de Happiness o el Alexander Payne de Entre copas... el muy bribón se salió por peteneras con Camino a la perdición, soberbio cine negro que adaptaba los referentes temáticos y estilísticos de los clásicos. La protagonizaba un gran Tom Hanks, secundado por Jude Law y un Paul Newman que volvía a demostrar que está considerado grande entre los grandes no por capricho.

Como ocurriera en su día con Kubrick, del que seguro Mendes es admirador, parece que éste quiere hacer la mejor película posible en la temática que escoja. Por ello ahora vuelve a cambiar de tercio con Jarhead, ambientada en la Guerra del Golfo. A la película muchos espectadores cortos de miras le han puesto peros porque no aporta nada nuevo al género. ¿A qué género, me pregunto? Si lo que marca la pertenencia a uno u otro es su ambientación, estamos efectivamente ante una cinta bélica. Pero creo que Mendes es más inteligente que buena parte de su público, y se cura en salud introduciendo citas explícitas a Apocalipsis now y El cazador viniendo a decirnos así que la suya es una película sin género, salvo que el horror de la psique humana sea uno, como en las magistrales cintas de Coppola y Cimino.

Otros le han recriminado que no critique abiertamente la guerra. Eso es como pedirle a un western de Ford o Hawks que critique los duelos en la calle principal del pueblo o a Scorsese que exprese claramente que los gángsters son gente muy mala. Ese marine de una guerra demasiado fugaz que se pregunta “¿Pero vamos a poder matar a alguien?”, en la que es la primera gran película de este año, debería dar el asunto por zanjado. Si tenemos que exponer claramente que lo de la guerra está muy feo y que eso no se hace, apaga y vámonos.

Jarhead (El infierno espera) se proyecta en cines de toda España.

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