Cultura

Crowdfunding

Y pasamos el pasado viernes por la Casa de Cultura para escuchar lo que Chico Ocaña tenía que proponer. Como posiblemente ya escucharon ustedes queridas personas en la promoción de este concierto, el artista en cuestión ha venido cantando con la formación Mártires del Compás –ya desaparecida–, de la que además recuperó para el auditorio algunos temas “hijos suyos” que como ocurre con los hijos, resulta imposible deshacerse. Fue una noche divertida, pese al importante retraso en el inicio. Una buena fiesta quizás más aprovechada en otro tipo de espacio con mayor invitación al palmeo y al baile, o menos inclinado a una participación contemplativa.
Y en ello estábamos, esperando a los músicos digo, cuando Raúl Micó nos comentaba con pequeñas pinceladas el desarrollo de su próximo trabajo. Él también se ha unido a la casi inevitable fórmula del crowdfunding para costear los innumerables gastos que conlleva una producción sonora. Y a tiempo estamos para colaborar con su proyecto. Y no digo colaborar altruistamente, sino de forma activa: como parte inversora de su producto: anticipando (podemos verlo así) el capital que más tarde se nos revertirá en forma de disco. Es una buena fórmula puesto que todo se da en su justa medida: el artista puede crear su producto y por nuestra parte nos basta con la paciencia suficiente para que nuestra inversión se convierta en música (como comprar un disco por catálogo pero esperando un poco más hasta tenerlo en las manos). Es una buena fórmula para prestar nuestra ayuda sin que deje de ser una transacción comercial. Un método, por cierto, con el que Javi Chispes ha conseguido grabar, producir y editar su último trabajo con Banda Jachís, al que ya comenzamos a tener acceso. Algo que prueba la fiabilidad del crowdfunding y alienta a volver a utilizarlo para dar a Raúl Micó el capital necesario para su proyecto.

Un invento que remitiéndome al título de Javi: Nuevos tiempos, nuevos juegos, muestra que quienes estamos aquí abajo buscamos y rebuscamos, inventamos y arriesgamos con nuevas fórmulas, unas acertadas, otras fallidas, en la difícil tarea de la supervivencia. Algo que parece no inspirar a quienes desde allá arriba solo apuntan a las más fáciles y terribles alternativas: dar de comer al gordo robando la comida al flaco. Pero aunque hagan falta cientos de años para descubrir y asumir que aquel rey de España era tan tonto como indolente, tan mediocre como cruel con sus gentes. Aunque hagan falta cientos de años para comprender que quienes tienen la culpa de este fiasco se saldrán con la suya a costa mía y de todas ustedes, queridas personas, la Historia hará justicia –esa que aquí casi no existe–. Mientras, aquí abajo seguiremos luchando para seguir viviendo, y disfrutando, y creciendo.

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