Literatura

Día del Libro 2021

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído” (Jorge Luis Borges)

Llega el mes de abril y con él empiezan a surgir los días para rendir homenaje al libro (sus mismas letras tienen mucho en común con las de libro), no quiere esto decir que otros días del año no tengan días para conmemorar celebraciones en torno al libro y la lectura.

Sin separarnos mucho de abril el día 21 de marzo se celebra “El Día de la Poesía” y el 27 del mismo mes “El Día del Teatro”, quizás dos de las más antiguas manifestaciones culturales de la Humanidad que han dado al colectivo universal obras grandiosas en epopeyas y representaciones en las diferentes culturas en que se crearon, siempre de actualidad a lo largo de los siglos transcurridos, y que nos permiten rendir nuestro pequeño homenaje cada vez que las ponemos al día con nuestra lectura o asistimos a sus exhibiciones.

El mes empieza con la celebración, el día 2, de “El Día del Libro Infantil y Juvenil” como homenaje a Hans Christian Andersen y el día 23 es el “Día Internacional del Libro y de los derechos de autor”, declarado en 1995 por la Unesco para su celebración a nivel mundial, coincidiendo con la muerte de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el cronista de “La Conquista de América” el inca Garcilaso de la Vega, aunque en España ya se venía celebrando desde el año 1926 una “Fiesta del libro” firmada en un decreto por el rey Alfonso XIII, que primero era el 7 de octubre, día en el que se cree que nació Cervantes, y a partir de 1930 empezó a ser el 23 de abril y se acompañó de los obituarios y de la tradición de Cataluña en “La Diada de Sant Jordi”, una especie de día de los enamorados en la que los hombres regalaban rosas a las mujeres y ellas les correspondían con libros.

También desde el año 2001, la UNESCO elige cada año una “Capital Mundial del Libro” que ostentó por primera vez Madrid y que ha ido celebrándose en Alejandría, Nueva Delhi, Amberes, Turín, Buenos Aires, Ereván (Armenia)… Este año 2021 es Tiflis en Georgia, que recoge el testigo de Kuala Lumpur en 2020 y que lo cederá, en 2022, a Guadalajara (México), que es una de las “Ciudades Creativas” de la UNESCO desde 2017.

El “Día del Libro”, aparte de poder celebrarlo con un libro entre las manos, será un día más de lecturas, porque en la era de las nuevas tecnologías cada vez nos comunicamos más leyendo, gracias a los “whatsapps”, a los “twitters” y a otros mensajes del teléfono móvil que casi todos llevamos encima. Ahora te confirman la cita del médico en uno de ellos, te informan de los pagos del banco por otro, te avisan de una multa, o de una avería de la luz o el gas, te notifican una reunión, organizan cualquier evento, quedamos con los amigos o felicitamos cumpleaños, onomásticas, premios…, y todo eso hay que leerlo, eso sí, hemos cambiado de registro, de código y, a veces, hasta de vocabulario y, además de los emoticonos, hay que descifrar las palabras encriptadas que las prisas, los autocorrectores y la incompatibilidad tecnológica o la falta de conectividad crean en nuestros breves textos virtuales.

Hemos llegado a una nueva era de información por la lectura en una época en la que, paradójicamente, cada vez se leen menos periódicos impresos. No debemos olvidar que la lectura no se singulariza solo en los libros, hay múltiples medios que implican que el conocimiento aprendido en una lectura comprensiva nos permita avanzar en el aprendizaje diario aunque sean las inescrutables traducciones de aparatos electrónicos o eléctricos de uso diario que se manejan antes con la práctica, o los prospectos de los medicamentos que después de leídos es difícil tomárselos sin pensar en los efectos secundarios que detallan. Hay, también, muchas clases de lectores, desde los que leen símbolos y grafismos por nuestras calles a los que detienen su mirada en papeles de exámenes o de trabajos o de proyectos, pasando por los que su objeto de lectura son sentencias, frases, o dibujos y diseños sin dejar de lado los que leen revistas o periódicos desde los de simple cotilleo a los más especializados de oficios o aficiones varias. Y llega la reflexión de leer por obligación con la voluntariedad de tener un teléfono a través del que muchas veces se reciben más mensajes de texto que llamadas.



Es curioso e interesante que un país haya querido reconocer a quién da vida a las palabras del espacio textual que es un libro. Va a hacer nueve años, el 27 de junio de 2012, que en Argentina se instituyó a través del Congreso de la Nación, por medio de una ley, “El Día del Lector el 24 de agosto” en conmemoración y homenaje al nacimiento del escritor Jorge Luis Borges, y se celebró por primera vez ese año. “En los fundamentos de dicha ley se recuerda un poema de Borges titulado “Un lector”, en el que da cuenta de lo siguiente: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído”.

Entre las frases que se generaron por la proclamación de ese día detallo alguna del diario “El Argentino”: “Enseñan los expertos que la lectura proporciona información, es decir, instruye. Que la lectura forma, es decir, educa. Y que todo lo hace con hábitos saludables que favorecen la actitud crítica, reflexiva, analítica… y además entretiene y genera placer”. “Es preciso recordar que toda especialidad profesional requiere de una práctica lectora, no sólo para aprenderla sino también para actualizarla, para hacer del saber algo más competente”. “En el Día del Lector ya no es solamente importante recordar a un lector-escritor impar como Jorge Luis Borges, sino a la práctica de la lectura como tal”.

No faltan historias singulares de personas que con noventa y tantos años leen libros como entretenimiento cuando en su juventud no conocían las letras u otras que han legado a sus descendientes verdaderas joyas de tomos primorosamente encuadernados de novelas y “dramones” de las que se distribuían fascículo a fascículo cada semana imitando lo que a finales del siglo XIX tuvo mucho éxito. Después en la década de los ochenta grandes periódicos y editoriales volvieron a utilizar este tipo de comercialización para colecciones de obras de historia, arte, enciclopedias, diccionarios… en busca de un lector que poco a poco se proveyera de tomos inaccesibles de otra manera, quizás sin imaginar los pocos años que harían falta para que quedara obsoleta esta forma de lectura.



Es llamativo observar la evolución de la lectura de los periódicos e incluso de la importancia que se le ha dado a lo largo del último siglo y medio, en nuestros días están un tanto escondidos por la inmediatez de los medios tecnológicos que facilitan la lectura y el conocimiento  de las noticias casi instantáneamente al mismo tiempo que esa velocidad obliga a que se olviden igual de rápido. Es fácil ver a la hora del almuerzo a personas que están solas en cafeterías o bares con un periódico al lado, o, a mediodía, en esos en los que se sirven menús, el escenario de mesas ocupadas por un único comensal que lee el periódico que circula por el bar, casi siempre periódicos locales o regionales y de deportes, compartiéndolo con la comida que se lleve entre manos, y también en peluquerías y centros de estética, clínicas de dentistas, de fisioterapeutas o de oftalmólogos,… la mayoría de las veces acompañando a revistas varias.

Como “leer es dialogar con el autor… pero también con el mundo que nos rodea” y “la lectura es una actividad que puede realizarse en cualquier tiempo y lugar”, nunca es tarde para intentar cada día celebrar no sólo el “Día del Libro” sino el “Día del Lector” y más en estos tiempos de “quédateencasa” en los que los libros, las lecturas y los medios digitales han llenado tantos huecos previamente ocupados por la desazón, el miedo y la incertidumbre.

Feliz “Día del Libro” y un buen día para todos los que en su nombre tengan algo que ver con Jorge o Jorgita en cualquiera de los diferentes idiomas o acepciones y diminutivos, sin olvidarnos de poblaciones como Onil o Banyeres de Mariola que en estos días estarían desarrollando sus Fiestas y que permanecen a la espera de tiempos mejores para seguir con las tradiciones.

Por: M. Esperanza Esplugues M.

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