Dios es español
Seguimos viviendo tiempos cargados de prejuicios en los que algunos meten a Dios por en medio asentándolo a su favor
Al margen de que afirmaciones como Dios es español o que Dios está de parte de España o de parte de los españoles pertenezcan a diversos momentos históricos, el conde-duque de Olivares, Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar, en carta al conde de Gondomar, Diego Sarmiento de Acuña, informándole de las exitosas campañas de la corona hispano-portuguesa en Brasil y Breda, le manifestaba: Dios es español y está de parte de la nación estos días.
Reinando Felipe IV, el rey Planeta, por estos días corría el año 1625, bautizado como Annus Mirabilis (Año Milagroso, Año Maravilloso) por la racha de victorias para la monarquía ibérica.
El que un bando u otro, nación o religión, se apodere de Dios haciéndolo en exclusiva suyo, monopolizándolo, choca contra la idea de un Dios padre de hermanos de todas las naciones, de toda raza, de toda religión; como chocan esas tradiciones en las que Santos o Virgen intervienen favoreciendo a una facción contra otra.
Pero seguimos viviendo determinados por lindes políticas y religiosas, cargados de prejuicios. Lindes donde lo mío no es tuyo. Y en las que algunos meten a Dios por en medio asentándolo a su favor. Es por lo que en circunstancias de conflicto, que no deseo, prefiero, antes que apropiarme de un Dios que favorece lo mío, al Dios de la libertad que no se inmiscuye en mis cuitas, ese Dios más humano y racional.
Como el Dios empírico de esa sabia copla popular, copla que con resignación entiende la lógica de la realidad, de la experiencia; esa sensata copla, aun maniquea, que dice: Vinieron los sarracenos, / y nos molieron a palos; / que Dios ayuda a los malos, / cuando son más que los buenos.

