Cartas al Director

A propósito de Dios

Ahora que la Muerte afila día a día su guadaña, algunos se acuerdan de Dios cuando le ven las “orejicas” al lobo

Leí un artículo que venía a decir que esta crisis sanitaria mundial, provocada por la pandemia que nos azota, debería servir a la sociedad para concienciarse de que unidos frente a la adversidad logramos hacer más que yendo cada cual a su puñetera bola. Puede… Tal vez… Ya se verá.

Esta aseveración del articulista hizo venir a mi memoria lo dicho por un vejete, de los que en ocasiones tengo que coincidir. Decía el longevo: “Esto nos lo manda Dios para que comencemos a creer los unos en los otros”. Como si se hubiera comido un pollo se quedó.

En el colegio Salesiano de esta nuestra patria chica (los Alesianos para un villenero de pura cepa), los curas de aquellos entonces me embutieron, al igual que a mis compañeros, en mi tierno y virginal cerebro que solamente había un dios y pobre del que pensara lo contrario, porque acabaría socarrándose el culo en el achicharradero de Satán.

Ya en F.P., cuando estoicamente soportábamos Historia –Humanística la llamaban– salían a relucir culturas muy añosas que no solo tenían un dios, sino mogollón de ellos. De dioses y de diosas, no se me enfaden las feministas de pro.

E incluso, en la antigua Roma, ciertos Césares (a los que se les había ido a por hierba la chaveta de tanto peloteo cochino), creíanse ser un dios y, por tanto, su palabra era ley divina. De psiquiátrico, vamos. Con el tiempo, los mismos que les lamían el nalgatorio, hasta las narices ya, optaban por cortar por lo sano dándoles para ello matarile.

Ahora que la Muerte afila día a día su guadaña para segar las máximas vidas posibles, algunos, igual que de santa Bárbara cuando truena, se acuerdan de Dios cuando le ven las orejicas al lobo. Aparece entonces una solidaridad impensable anteriormente y, cuando esto pase, tal vez vuelva ocupar un sitio en el baúl de los recuerdos (con permiso de Karina).



Se pide a los milmillonarios que donen gran parte de sus mareantes fortunones a Sanidad; pero, por lo que sé de la vida, me parece que en determinados casos es como pedirle peras al olmo. Ya puestos, los ex-presidentes del gobierno podían renunciar al sueldo que cobran de cuando lo eran, aunque esto es más difícil que un manco aplauda.

Y como estoy dándome la vara yo mismo, éste que lo es no va a ningún sitio: en casita se está mejor que en el cementerio. Lo dicho, y yo que me había propuesto dejar de fumar. Hasta más ver, pues. ¡Au!

Por: Tony Piojo




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2 comentarios

  1. Buenos días,
    Y tanto que nos acordamos de Dios, pues si Él no soluciona esto ¡a ver quién es el valiente, nos creemos dioses y somos dioses de pacotilla!
    En el Santo Evangelio ya se menciona cuando el apóstol Pedro: ¿…y a quien iremos Señor, si sólo Tú tienes palabras de Vida Eterna!
    ¡Confianza!

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