Abandonad toda esperanza

Dráculas

Abandonad toda esperanza, salmo 104º
¿Qué tienen algunas historias que por más veces que las escuchemos seguimos queriendo que nos las vuelvan a recitar, como ocurría con aquellos relatos que nos contaban siendo niños antes de irnos a dormir? Sea cual fuere este factor desconocido, es el que hace de las obras que lo poseen clásicos indiscutibles.

La historia de Drácula, el Señor de las Tinieblas, es una de ellas. Aunque nace en el ámbito literario de la mano de Bram Stoker, un servidor llegó a ella, como tantos otros, por medios bien distintos: a través del cine, no recuerdo ya si en aquella película en blanco y negro donde un teatral Bela Lugosi interpretaba al conde transilvano, o en el ciclo de films, ya a todo color, en los que Christopher Lee y Peter Cushing se enfrentaban encarnizadamente. También en forma de cómic, en una de aquellas adaptaciones al estilo Clásicos juveniles que acercaban las obras maestras de la literatura a niños demasiado pequeños como para endosarse un tocho de dimensiones considerables entre pecho y espalda.

Desde entonces, la historieta ha permanecido fiel a la creación de Stoker, ya fuera en adaptaciones canónicas o en libérrimos pastiches. De las primeras, la mejor es sin duda la realizada por Fernando Fernández, hoy un auténtico clásico del tebeo español repleto de ilustraciones de inolvidable belleza; de los segundos, un servidor recuerda con cariño aquel que enfrentaba a Drácula con Batman, maravillosamente dibujados ambos por Kelley Jones.

Suma y sigue: este año han visto la luz dos de las versiones más libres del mito. La primera es obra de Pascal Croci, que con sus bellísimas y mortecinas acuarelas recrea tanto a Vlad Tepes el Empalador (figura histórica que inspiró a Stoker) como al rey de los vampiros... en una arriesgadísima adaptación que se permite no mostrar jamás a este último, quedando siempre fuera de campo y cediendo el protagonismo al resto de personajes, las estatuas, los interiores del castillo y los hermosos parajes de los Cárpatos, en un álbum de belleza romántica y decadente.

Y para heterodoxia, la de Ana Juan, una ilustradora exquisita que ha convertido un único episodio de la novela (el viaje a Inglaterra del conde escondido en las entrañas de un navío) en el germen de Demeter, una de las publicaciones españolas más atractivas de lo que va de año: una filigrana de deslumbrantes ilustraciones al carboncillo que conforman un imaginario repleto de sugerencias.

Para terminar, una recomendación: con esta obra de Ana Juan el editor Paco Camarasa inaugura la colección El Cuarto Oscuro, que promete revisiones de clásicos del terror con total libertad por parte de sus autores para revisitarlos a su peculiar estilo. No sé ustedes, pero a los próximos títulos yo no pienso perderlos de vista.

Drácula (de Fernando Fernández), Drácula (de Pascal Croci) y Demeter están editados por Glénat, Norma y Edicions de Ponent respectivamente.

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