Abandonad toda esperanza

Dunes

Abandonad toda esperanza, salmo 746º

Pues por mucho que juré y perjuré en la columna anterior que en una semana estaríamos hablando de Dune, una baja inesperada ha retrasado una quincena más que pueda escribir unas líneas como las presentes. Pero, por fortuna, la película de Denis Villeneuve sigue en cartel y su desbordante fuerza no ha perdido ni un ápice desde el momento de su estreno. Y eso que puede presumir de ser -junto con la Viuda Negra de Marvel y el Sin tiempo para morir que protagoniza James Bond-, de entre los títulos más esperados de los últimos años, el estreno más veces demorado con motivo de la pandemia y las restricciones provocadas por aquella. Vaya, que al menos mi retraso en comentarla ha sido consecuente.

Dirigida por Denis Villeneuve, “Dune” es un espectáculo visual de primer orden

Por supuesto, esta larga espera podría haber jugado fácilmente en su contra: las expectativas que la precedían eran muy altas, y por lo tanto que terminase decepcionando parecía algo más que probable. Pero por lo general, y sin distinción entre los admiradores de la novela original y aquellos que desconocen el material de base, tanto la crítica especializada como los espectadores la han recibido con parabienes. No obstante, no han faltado las inevitables comparaciones no solo con el libro, sino también con la primera adaptación que produjo el malogrado Dino De Laurentiis a mediados de los años ochenta. Porque de la miniserie televisiva del 2000 protagonizada por William Hurt no se ha acordado prácticamente nadie, y digo yo que por algo será.

La novela de Frank Herbert también fue adaptada en formato miniserie para la pequeña pantalla

En cuanto a las similitudes y diferencias entre los filmes dirigidos por David Lynch y Villeneuve, tengo la sensación de que de cara a la crítica especializada los contrincantes han quedado empatados. Personalmente, creo que hay que partir de que ambas versiones son muy distintas. Y también de que no deberían caber comparaciones entre una cinta como aquella, que adaptaba la novela en su totalidad, y la actual que la adapta solo en parte disponiendo de un metraje ligeramente superior a la anterior; puesto que, aunque los carteles no lo especifican, los títulos de crédito iniciales aclaran que esta nueva versión se basa solamente en la primera parte del libro. No obstante, y por más que como bien sabrán este que les habla es un verdadero fanático del peculiar director de filmes como Terciopelo azul o Mulholland Drive, me sumo al entusiasmo generalizado ante esta segunda adaptación fílmica; y, si me obligan a elegir, me quedo con la visión vertida por Villeneuve en un film que justifica como muy pocos la necesidad de verse en pantalla grande. Y es que en muy contadas ocasiones un universo tan obviamente de ficción como el futurista y tecnológico concebido por Frank Herbert en su ya clásico contemporáneo de la CF pura y dura se transforma en una realidad tan aparentemente tangible como la que queda plasmada en los deslumbrantes fotogramas de este nuevo Dune.

José Ferrer y Sting en un fotograma de la versión dirigida por David Lynch en 1984

Si se preguntan si la película es fiel al libro -a su primera parte, insisto-, la respuesta es decididamente afirmativa. Hay algunos cambios, pero son muy puntuales y no afectan demasiado al devenir del argumento: el más significativo, al margen de la desaparición (al menos por el momento) de aquel temible Feyd-Rautha al que encarnase el cantante Sting en el film de 1984, es el cambio físico al que es sometido el personaje del doctor Kynes: imagínense, si ahora es una mujer de raza negra cuando a las órdenes de Lynch lo interpretó el malogrado Max von Sydow. Por lo demás, nos movemos en territorio conocido: quedan perfectamente plasmados en la gran pantalla los planetas Caladan, Giedi Prime y Arrakis, respectivamente hogar de los Atreides, los Harkonnen y la tribu de los fremen; y no faltan la especia y los emblemáticos gusanos gigantes del desierto de Arrakis. Pero en esta ocasión, se materializan en una producción bellísima, a lo que contribuye y no poco la fotografía de Greig Fraser, quien trabaja con esmero y codo con codo con Villeneuve la gala cromática de los distintos espacios en los que se desarrolla la acción. Y todo lo que la cinta tiene de hermosa lo tiene de avasalladora, gracias muy especialmente a la música original de Hans Zimmer, de dimensiones operísticas y que termina por hacer del visionado del film una experiencia sensorial de primera fila que, como el Tenet de Christopher Nolan, puede disfrutarse incluso como un film abstracto... aunque como aquel no lo sea en absoluto.

Rebecca Ferguson y Timothée Chamalet son madre e hijo en la ficción

En cuanto al reparto, decir que resulta un desfile estelar como lo eran los de los filmes de catástrofes de los años setenta es quedarse corto. Cabe destacar al otras veces antipático Timothée Chalamet, aquí perfecto como Paul Atreides, verdadero personaje principal del relato; e incluso más a quienes interpretan a sus progenitores: Oscar Isaac -que tiene un ojo (o un agente) excelente a la hora de seleccionar los proyectos en los que interviene- encarna a un carismático Leto Atreides, y Rebecca Ferguson se queda con los mejores momentos de la función a nivel interpretativo dando vida a lady Jessica, la esposa del anterior.

Charlotte Rampling, siempre espléndida, aparece en un par de escenas de “Dune”

De entre los roles más secundarios, hay que subrayar -además de a unos efectivos Josh Brolin y Jason Momoa como los mentores del joven protagonista- la presencia más bien fugaz pero memorable de un par de intérpretes veteranos: por un lado, Stellan Skarsgard como un barón Harkonnen que tiene tanto o más del Marlon Brando de Apocalypse Now que del personaje literario original es un visto y no visto pero que resulta verdaderamente impactante; por otro, una breve pero imponente Charlotte Rampling, que gracias a esta película y a la Benedetta de Paul Verhoeven vive un momento particularmente feliz de su larguísima y consolidada carrera profesional. Por su parte, se echa en falta más metraje para el Stilgar encarnado por Javier Bardem, pero seguro que lo podremos ver más en esa futura segunda parte... que al parecer se realizará o no según sea la respuesta del público internacional a esta primera entrega.

Denis Villeneuve dirige al español Javier Bardem en el rodaje de su último film

A este respecto, será fundamental que la respuesta del público en Estados Unidos y China, países en los que se estrena hoy mismo y que suponen los dos mercados de la industria cinematográfica más potentes de la actualidad, sea positiva. Por lo demás, si alguno de ustedes prefiere no esperar a que esa posible segunda parte a cargo del mismo equipo técnico y artístico llegue a buen puerto, puede leer la novela de Frank Herbert en la que se basa y acabar de raíz con la intriga. Yo he preferido leerla antes pero ciñéndome solo a la primera parte, con el fin de dejar la segunda para cuando se aproxime ese hipotético estreno y acudir entonces a la sala con la lectura fresca en la memoria. Pero decidan lo que decidan, no dejen de ver esta espléndida primera Dune de Denis Villeneuve. E insisto: vayan a verla a un cine en condiciones antes de que desaparezca, porque es una experiencia de lo más inmersiva aunque se vea en dos dimensiones y sin efectos de lluvia o temblor en la sala... Que también cabe esa posibilidad. Vivir para ver.

Dune (la película) se proyecta en cines de toda España; Dune (la novela) está editada por DeBolsillo.

(Votos: 4 Promedio: 4.8)

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