Opinión

El Frente Popular de Judea

Llegarán las siguientes municipales, autonómicas, generales (las que sean) y a los que solemos votar a esa izquierda inestable, cada vez nos resultará más difícil hacerlo

La izquierda a la izquierda del Partido Socialista se pasa el día midiéndosela para ver quién tiene la razón más larga, el azúcar ideológico más refinado o la pertenencia de clase más cercana a los parias de la tierra.

Cual átomo enloquecido, está entrando permanentemente en procesos de fisión y fusión liberadores de una potente energía que la aleja de las preocupaciones de la gente. Últimamente chapotea en los pantanos electorales con el mismo placer que los patitos de siempre; esos partidos clásicos de la democracia española que tan acostumbrados nos tienen a vivir en una campaña constante en la que desde el mismo instante en el que se proclama el resultado de unas elecciones, ya se empiezan a preparar las siguientes, los que pierden niegan la legitimidad de los ganadores y los que se quedaron fuera de las listas comienzan a propinar codazos a los compañeros para situarse en las mejores posiciones de salida para los comicios venideros.

La NUEVA izquierda a la izquierda del PSOE se asemeja en sus males a esas últimas generaciones tan bien preparadas, con sus estudios superiores y sus másteres universitarios, que lo tenían todo tan claro y pusieron tan alto el listón de sus expectativas, que cuando se han dado de bruces con la realidad y han recibido los primeros palos de la vida, en lugar de tragar saliva y continuar adelante dejando que las heridas cicatricen por sí solas y se endurezca el callo, han reaccionado acudiendo al falso terapeuta con una depresión de caballo y repartiendo culpas de las que ellos, naturalmente, están exentos.

La VIEJA izquierda a la izquierda del PSOE guarda las esencias y protege al oráculo que aparecerá en los momentos estelares. Mantiene a las tropas replegadas en sus palacios de invierno cuando el clima se pone más desapacible y deja la primera línea a los nuevos revolucionarios para que sepan lo que vale un peine y se desgasten en la batallas cotidianas del bombardeo mediático, el acoso judicial de las falsas denuncias, las constantes traiciones de los supuestos aliados y la melancolía de la escasa transcendencia que sus aportaciones al bienestar acaba teniendo en una ciudadanía más dispuesta a ensalzar a los “pillos” que hacen negocios con las mascarillas y a quienes les facilitan el acceso al latrocinio que a quienes suben el salario mínimo, les aseguran el bocado de cada día con ERTES y reparten dinero público para mantener abiertos los negocios.

Entre tanto se van tejiendo y destejiendo alianzas entre el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular que el pueblo de Israel percibe casi siempre más como luchas internas de poder basadas en fortalezas y debilidades coyunturales que en decisiones maduradas y estructurales. Asistimos con asombro y decepción a procesos de unidad que resultan del mismo patetismo que los de descomposición (véase el último en Andalucía con una documentación que llega tarde a la Junta Electoral) y nunca alcanzamos a entender qué son esas cosas tan importantes que unen y desunen una y otra vez a la izquierda que no es el PSOE. Qué son esas cosas tan importantes que no sean LOS NOMBRES de las mujeres y los hombres a los que se les apagan o encienden los focos quitándolos o poniéndolos en el primer plano de la escena.

Llegarán las siguientes municipales, autonómicas, generales (las que sean) y a los que solemos votar a esa izquierda inestable, cada vez nos resultará más difícil hacerlo. Con los constantes cambios de nombre, ya no atinaremos a coger la papeleta correcta y no sabremos si estamos votando a los que representan a la mayoría de los que pensamos que hay que fortalecer un estado democrático socialmente justo que garantice el bienser (no existe la palabra bienser sin la que es impensable el bienestar), o estaremos tirando a la basura nuestro voto eligiendo a una de esas nuevas/viejas formaciones que, en nombre de la unidad de la izquierda, perviven en su limbo de pureza o nacen y mueren cada cinco minutos y tienen más banderas que militantes.

Con este panorama, los representantes de los israelitas de bien se frotan las manos y engordan su negocio prometiendo una sociedad sin impuestos en la que cada uno y cada una decidirá libremente, y arreglo a su capital, si paga el alquiler y la luz o compra arroz, se cura o no los males, manda a su hija a la universidad privada o a la hostelería, o si pare como una mujer pobre o se va a Londres a abortar como una aristócrata.

Advertencia para probar a leer deprisa porque queda mucho mejor: El autor no tiene evidencia alguna de que actualmente exista en Israel ningún partido con las siglas PSOE ni de otros que se sitúen a su izquierda. Por lo tanto la mención del pueblo de Israel no es más que una metáfora obligada por la tontuna de la alusión recurrente a la famosa película de Monty Python “La vida de Brian”. En todo caso, ningún animal ni persona del pueblo de Israel han sido maltratados durante la redacción de este artículo.

Por: Felipe Navarro

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