Abandonad toda esperanza

El Tusitala de Brooklyn

Abandonad toda esperanza, salmo 29º
John Lennon solía decir que la vida era eso que nos ocurre mientras nos empeñamos en hacer otros planes. Pero por más que la ficción se empeñe en captar esa capacidad de la existencia para sorprendernos continuamente, rara vez consigue en sus páginas transmitir lo azaroso de nuestras vidas.

Paul Auster es de los pocos que lo consiguen: como bien saben sus numerosos fieles, el azar es uno de los elementos constantes de su narrativa. El autor de El país de las últimas cosas es el gran embaucador de la literatura contemporánea. Y lo que Nathan Glass, el narrador de su Brooklyn Follies -su último libro hasta el momento- dice de un fanático religioso, aunque lo haga con carácter peyorativo, bien podría aplicarse a este novelista nacido en Nueva Jersey en 1947: "Lo suyo es hablar. Hablar, hablar y venga a hablar. Continuamente. Te acobarda con sus argumentos, y además tiene una voz tan amable y convincente, y se expresa tan bien, que es como si anulara tu voluntad; casi como si te hipnotizara (...). Es difícil resistirse a él (...). Se te mete en la cabeza, y al cabo de un tiempo empiezas a creer que nunca puede equivocarse en nada..."

A estas alturas, no resulta extraño tener la sensación de que Auster no puede equivocarse en nada: sea cual sea la historia que nos cuente, y el modo en que lo lleve a cabo, siempre da en el clavo. De esta forma, después de El libro de las ilusiones y La noche del oráculo, ambas novelas de estructura narrativa más compleja, nos sorprende con Broonlyn Follies, uno de esos libros concebidos en estado de gracia y que parecen, sólo parecen, estar escritos de forma fácil y descuidada. La obra, que finaliza horas antes del atentado contra las Torres Gemelas, está protagonizada por una amalgama humana, perdóneseme el tópico, real como la vida misma, y en ella, como afirma el citado Glass, "la verdad de la historia radica en los detalles". Sin duda, será un clásico imperecedero dentro de unos años. Tiempo al tiempo.

Al parecer, en la tumba del escritor Robert Louis Stevenson en la isla de Samoa se puede leer el siguiente epitafio: "Aquí yace Tusitala". Tusitala, en el idioma de los nativos, significa "el narrador de historias". Con ese calificativo conocían los samoanos al autor de La isla del tesoro y El extraño caso del Dr. Jekyll, entre otros clásicos, al hombre blanco que, como Sherezade, les contaba una historia diferente cada anochecer. Desde hace ya bastantes años, Brooklyn, ese microcosmos de clase media de New York, tiene su propio Tusitala, su propia Sherezade, que nos cuenta una historia no cada noche, pero sí cada año, para que el lector le permita vivir en su particular parnaso de escritores de cabecera.

Brooklyn Follies de Paul Auster está editada por Anagrama (2006).

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