Calle Mayor

Hacia el fin del machismo en las Fiestas

Imagino que los 3.400 villeneros y villeneras LGTBI cohabitan con total tranquilidad con los demás

La elección como presidenta de la comparsa de Estudiantes de Eli Micó pone en cierto modo el punto final a una historia larguísima: la reivindicación de la mujer villenense por ser festera con todos los derechos. Fue la última comparsa en incorporar a la mujer en sus filas y por fin una de sus socias se convierte en presidenta.

Hace tan sólo cuarenta años, cuando en 1982 me hice cargo de la corresponsalía de Villena en el diario ‘Información’ con 20 años recién cumplidos, los estatutos de la Junta Central de Fiestas decían bien claro que solamente podrían ser socios de la misma los varones.

Es curioso leer hoy el artículo adjunto, de octubre del citado 1982, para comprobar cómo hemos cambiado, en qué Villena vivíamos entonces y en qué contexto se desarrollaban nuestras fiestas; qué número de festeros participaban en los desfiles del 5 al 9; qué cuestiones planteaba la Junta; y en qué berenjenal me metí yo, debiendo publicar seis artículos semanales (Villena salía a diario, pero los lunes no había periódico, se editaba la ‘Hoja del Lunes’).

Es de justicia recordar que, contra viento y marea, fue bajo la presidencia de José Plinio Navarro Gil cuando las mujeres festeras pudieron cumplir su sueño, e incorporarse comparsa a comparsa, según lo fueron permitiendo cada una de las catorce asociaciones. Como socias de número con los mismos derechos y obligaciones que los festeros varones. Aunque también fue definitivo el empujón de la jurista villenense Isabel Rodes Gisbert, que conminó a que se actuase con celeridad.

Desde mi cargo de cronista de dicha Junta Central entre 1985 y 1990, responsable de editar y coordinar el boletín ‘Día 4 que fuera’ desde el número 180 hasta el 239, tuve la oportunidad de vivir intramuros este proceso.

Durante ese lustro, a la par que cronista de la Junta Central, pertenecí a la comparsa de Estudiantes, que con motivo de su 175 aniversario acaba de estrenar, con dos años de retraso debido a la pandemia, un estupendo documental conmemorativo para el que han entrevistado a una veintena de personas representativas a la hora de hacer el retrato histórico de la comparsa. Bravo, Ximo Muñoz. 

No me enfado, porque a estas alturas ya vengo de vuelta de estas cuestiones. Otra vez se volvieron a olvidar de aquel socio que ocupó el cargo de cronista de la Junta Central en un periodo tan convulso, que se ocupó de dirigir y redactar casi sesenta boletines del ‘Día 4’, que coescribió el primer libro sobre las fiestas de moros y cristianos de Villena con José Fernando Domene, que publicó numerosos artículos en la revista ‘Villena’, en la propia revista interna ‘El Catón’ y en la prensa provincial sobre las fiestas de su ciudad y su comparsa. Nadie es profeta en su tierra.   

Volviendo a la larguísima historia del machismo imperante en las fiestas de moros y cristianos (un machismo del que no tiene el monopolio Villena; es compartido con todas las poblaciones que las celebran, aunque algunas muy famosas se llevan la palma) puedo narrar en primera persona cómo yo mismo fui víctima del mismo.

No olvido los insultos a los que fui sometido cuando ejercí de alférez de la comparsa de Estudiantes en 1989. Sí, el año de la gota fría. Al llegar a la plaza de Santiago, en los actos que se desarrollaron con normalidad, se me recibía con un “ya viene la nena” que recordarán muy bien sus voceros, dado que los insultos no tenían nada que ver con el efecto del alcohol en sus mentes; más bien todo lo contrario: contribuía a que expresara lo que sentían.

Nunca como durante la semana festera se me insultó con semejante descaro con esa palabra con rima con ‘polvorón’. El amparo del grupo amplifica la desinhibición. Sea cual sea la edad del que profiere el bramido. El insulto es perverso se profiera como se profiera. A las espaldas, con el aludido ausente, duele. Porque te llega. Lo acusas. Late en el ambiente. Cuando es lanzado a la cara, como un comentario jocoso, provoca incomodidad y esparce una sensación desagradable incluso para quienes lo escuchan sin tener que ver en el asunto.

De todo aquello han pasado muchos años y, afortunadamente, el panorama ha cambiado de la noche al día. O eso quiero creer. Deseo con toda mi alma que los festeros y festeras de hoy no tengan que pasar por lo que yo pasé. Imagino que los 3.400 villeneros y villeneras LGTBI (el 10% de la población, según los últimos estudios) cohabitan con total tranquilidad con los demás, en el trabajo y en el ocio, en entornos festeros o culturales, manifestando o no su condición (que eso es algo privado) sin que ello les impida su realización personal y su plena integración social. 

Quería contarlo en el último artículo del año. Para el próximo tengo reservadas más historias. Unas divertidas, otras no tanto, como la vida misma. Aunque trataré de que nunca falte el tamiz de la ironía, la mejor arma para defendernos de la desolación.

Felices fiestas.

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