Bien estamos, estamos

Huérfanos

Tras la muerte de Francisco Ibáñez, todos huérfanos. Nosotros también

Nacidos antes que nosotros: Kokolo, Melenas… Pepe Roña, El Caballero Buscabollos, El tío Tranca… Furgensio, Pie Sucio… Mortadelo y Filemón, La Familia Trapisonda… 13, Rue del Percebe… Nacido cuando nosotros: El Botones Sacarino. Nacidos después que nosotros: Rompetechos… El Doctor Esparadrapo… Pepe Gotera y Otilio… Doña Pura y Doña Pera… Tete Cohete; Chicha, Tato y Clodoveo… Tras la muerte de Francisco Ibáñez, todos huérfanos. Nosotros también.

Los protagonistas inmortales creados por Ibáñez se han quedado sin padre. Hasta las variopintas arañas que poblaban la escalera de 13, Rue del Percebe se nos han quedado huérfanas. ¿Quién les proporcionará un garrote o una escayola o una pipa o…?

Nosotros, por querencia, hemos transmitido nuestro pésame a Rompetechos. Dicen que era su hijo predilecto. Difícil la elección entre tantos personajes divertidos, nosotros apostamos por él. Porque miope y por miope despistado, resulta un ser entrañable. Víctima de su escasa visión invita a la conmiseración a pesar de los desastres que provoca. Por lo general sus pretensiones terminan en fracaso. Suerte que en las tiras cómicas los golpes, las explosiones, los chichones, las narices reventadas, las patadas en el culo sellando la suela de los zapatos o hasta las coces grabando la herradura, aparecen y desaparecen de manera instantánea, de una viñeta a otra, recuperándose los afectados como ave fénix.

Instalados como estamos en el neopuritanismo y tiranía inquisitorial de lo políticamente correcto, y no menos en una crisis del sentido del humor, hay quienes vieron en Rompetechos una burla desconsiderada contra los miopes. Pero el propio Ibáñez se excusó aludiendo a su condición de miope. Un humorista que no esté dispuesto a reírse de sí mismo no puede ser un buen humorista.

Retomando las desventuras de Rompetechos, sembrando infortunios, ese tipo bajito, pequeñajo, con tres pelos, mostacho, gafas, traje negro, camisa blanca y corbata negra, precipitado por decidido, las víctimas de sus despistes y confusiones le tildarán de anarquista peligroso, loco, gamberro… Y sólo, sirvan de ejemplo, por gasear a un centinela de la Guardia Federal al confundir la garita con un agujero de carcoma, o por provocar el descarrilamiento del expreso de Lugo al arrancar los raíles creyendo que la vía del tren es una escalera. Y así. Pero claro, ¡qué podemos esperar de un hombrecito que teniendo enfrente a un elefante moviendo las orejas lo confunde con una mariposa! ¡Un ser que lee los periódicos empotrándose en el papel o valiéndose de un telescopio o de dos grandes lupas! Y aun así… ¡La confusión! Y por la confusión, ¡el caos!

Mas siempre, lo más ingenioso y divertido que apreciamos en las tiras de Rompetechos es la lectura imprecisa de rótulos. Donde pone "Bar Sofía" o "Vaquería", Rompetechos lee Barbería. Donde "Conserva de Camello", conserve el cabello. Donde "Carne de Ternera", Carnet de Tercera… Ejemplos uno tras otro, innumerables, de esa extraviada apreciación para prever el disparate que se aventura.

Un sin parar sin par y… No habíamos dejado de llorar la muerte de Ibáñez, cuando nos llegó la noticia del fallecimiento en París de Jane Birkin, bellísima, icono sensual de aquellos años despertándonos las inquietudes de la adolescencia, sobre todo por aquel sencillo donde la "escandalosa" canción "Je t'aime… moi non plus" grabada a dúo con Serge Gainsbourg, autor de la letra y música. "Je vais, je vais et je viens / entre tes reins. / (…) Tu es la vague, moi l'ile nue. / Tu vas, tu vas et tu viens / entre mes reins." —Voy, voy y vengo entre tus caderas… —Tu eres la ola, yo la isla desnuda. Tu vas, vas y vienes entre mis caderas...

Caderas o riñones, huérfanos estamos. Estamos.

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