Estación de Cercanías

Ilegalidad que triunfa

Que actualmente las leyes en España no son precisamente ejemplares y nos regalan diariamente condenas irrisorias en algunos casos, increíbles en otros y lamentables en algunos más en una realidad palpitante.
Ciegos que conducen a 154 Km/h y son absueltos de un delito de estafa, sin tan siquiera tener que rendir cuentas por conducción temeraria; porque si el hecho de pilotar un vehículo sin visión alguna no es un peligro público de primera división que venga el Sr. Director de la DGT y me lo explique.

Bailaores que ingresan en prisión, con un régimen de permanencia todavía por determinar, para pagar, con dos míseros años de prisión, la muerte y abandono de una persona, el engaño para eludir culpas y la carencia del permiso para conducir. ¡Qué poco valen algunas vidas!

Ciudadanos que no pueden acceder a sus casas porque están ocupadas por unos extraños que se niegan a abandonarlas sin más, dejando en la calle a su legítimo propietario a la espera de una orden judicial que permita a las fuerzas de seguridad ejecutar una acción que deberían poder realizar sin permiso alguno en el mismo momento que se demuestre la usurpación del bien y la titularidad del mismo.

Pero estos ejemplos no son más que insignificantes muestras de los que día a día se dan en este país. Ordenes de alejamientos jamás cumplidas y no castigados. Estafas filatélicas caídas en el vacío de la lentitud burocrática, etc, etc. Pero bien es verdad que dentro del desconcertante escenario en el que nos sitúan estas conclusiones judiciales, o sus procedimientos, estamos hablando de un terreno legal y reconocido para su aplicación, nos guste en mayor o menor medida. La partida se juega dentro del tablero establecido. ¿Pero qué me dicen de los ilegales e ilegalizados?

Formaciones políticas que sin ningún tipo de pudor, sin miedo alguno a posibles represalias ante su irregular situación, con la cabeza bien alta y la voz bien firme, irrumpen diariamente en cualquiera de los medios de comunicación, contando con un seguimiento idéntico al de cualquier formación adscrita de las reglas del juego, dejándonos a todos con una cara de idiota que sólo nos lleva a preguntarnos si realmente las leyes se hacen para todos por igual. Sí, estoy hablando de Batasuna y su “insultante” ilegalidad; y digo esto porque les está permitido exhibir públicamente sus ideales, explicar sus razones y por si fuera poco defender sus derechos sin que el temor a su marginalidad legal les suponga trastorno alguno en su proceder. Al contrario, es acicate para ensalzar su victimismo ante el Estado de Derecho.

Y ya, el colmo de mi paciencia ante estas permisivas situaciones. ¿Ilegales? Ha sido el Sr. Antonio Miró y la puesta en escena de su nueva colección en “Pasarel•la Barcelona”. Dicho señor ha tenido la “brillante” idea de incluir entre los modelos de su desfile a 8 muchachos senegaleses sin papeles, es decir, 8 “ilegales”, mostrando públicamente que hoy en día el uso de la ilegalidad en España se ha convertido en un añadido visto y llamativo para enaltecer causas o vender ropa, sirviendo de devastador ejemplo a empresarios y asociaciones que en sus campos o sedes alimentan sus razones con el manido pensamiento de “si lo hacen ellos, y a plena luz, ¿porque no lo vamos a hacer nosotros?”. Don Antonio, medios de comunicación y responsables en la materia: el tema es muy serio y me parece una desvergüenza la frivolidad con la que se trata, porque, o algo se me escapa o calificar al Sr. Miró de Mago del Marketing nos convierte en ignorantes al resto de empresarios, que sabemos de nuestros límites y los acatamos. Con todos mis respetos, ¡váyanse a paseo!

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