Estación de Cercanías

Intolerable

El pasado lunes falleció en Elche un bebe de apenas dos meses por hipotermia, o lo que es lo mismo, murió de frío. Sí, en Elche, provincia de Alicante, bañada de sol y playas, de apartamentos, de destinos turísticos maravillosos y de mafias por doquier, todavía los indefensos, los marginados y los menos afortunados en la vida mueren de frío. El desdichado bebé no fue hallado en la calle; él y su familia ocupaban una vivienda por la que pagaban 280 euros mensuales y en la cual no había ni agua caliente.
Pero esta situación no es una excepción en nuestros días. Desde que hace algunos años empezamos a despertar del letargo económico, social y político que supuso el pasado régimen dictatorial, y comenzamos a caminar por senderos de prosperidad y desarrollo acordes con nuestro vecinos europeos (o por lo menos eso nos quieren hacer creer), nuestro territorio se ha convertido en paraíso soñado para miles de seres humanos que lo único que buscan (en su mayoría) es poder ocupar un lugar en el mundo, un escalón por encima del heredado al nacer, es por ello que abandonan hijos, parejas, padres y hermanos, y atraviesan mares y países con la esperanza de encontrar entre nosotros, los ricos, los avanzados, los poderosos, un hueco para poder así ofrecer a sus gentes la dignidad que ningún ser humano debería de buscar.

Y nosotros, que al parecer ya no recordamos cuando también fuimos errantes en otros países, buscadores de trabajo y exiliados por ideas, hacemos de este fenómeno social –que no es más que una parte del estatus adquirido– el caldo de cultivo perfecto para gente sin escrúpulos, estafadores y vividores que se aprovechan del mal ajeno, que les explotan en los campos por un mísero platos de comida, cobrándoles el desplazamiento al tajo o cambiado transporte por favores sexuales –como se ha denunciado recientemente en la huerta murciana–, que pide precios astronómicos por arrendar trozos de suelo y techo a los que no se puede ni llamar vivienda, en los cuales pueden llegar a convivir un número de personas impensable para nosotros –circunstancia ésta que ha creado una nueva modalidad de alquiler: “cama caliente”, que supone el alquiler de un colchón por unos días o unos meses– y que llenan sus bolsillos a costa de las miserias de otros, sin recibir condena alguna y con total impunidad, pues claro está que estas situaciones y estas personas no son necesarias para conseguir escaños, no llevan al poder, no son Endesa ni Gas Natural, son sencillamente lo que hay que esconder.

Ellos, los políticos, ya tienen suficiente con salir sonrientes en las fotos de los diarios, en los cuales puedes encontrar a políticos enfrentados dentro del mismo bando (Alperi, Ripoll y De España) por ejemplo, pidiendo firmas contra el Estatuto catalán y para su nuevo invento de referéndum, al cual debemos someternos los españoles para decidir el futuro de una Comunidad, o pactando hasta altas horas con sus socios de gobierno para alcanzar acuerdos que les lleven a mantener su situación política, llenando horas de televisión y páginas de periódicos como si nuestro futuro fuese en ello, cuando la realidad, según la última encuesta del CIS, es que este tema está situado en el puesto 17 del interés general, o lo que es los mismo, que nos importa un carajo a la mayoría.

Pero ellos siguen autorizando planes urbanísticos que mutilan montañas para poder edificar apartamentos que son segunda vivienda para la mayoría mientras que algunos bebés mueren de frío, en casas inmundas, porque en definitiva y desde siempre “Poderoso caballero en Don Dinero”. ¡Qué vergüenza!

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