Abandonad toda esperanza

Jodo

Abandonad toda esperanza, salmo 178º
El epígrafe que encabeza la columna de hoy no viene a señalar, válgame el cielo, que mi intención sea la de fastidiar al personal, ni tampoco alude a esa exclamación castiza de la idiosincrasia villenera, ese exabrupto espontáneo ante cualquier sorpresa considerable… aunque bien mirado, la obra del caballero del que les quiero hablar a continuación bien vale un contundente "Jodo!". El título de este texto no es sino el apelativo cariñoso con el que amigos y compañeros de profesión se refieren a Alejandro Jodorowsky, un hombre del Renacimiento que aúna en su persona al poeta, al dramaturgo, al actor, al cineasta, al músico, al guionista de cómics, al místico, al psicomago.

De Jodo ya habíamos hablado de pasada al recomendarles Bouncer o al comentar algún álbum ilustrado por un fiel colaborador suyo que como los delincuentes habituales también tiene su correspondiente sobrenombre: el francés Jean Giraud, alias Moebius. Pero una de las facetas más populares, aunque al mismo tiempo más desconocidas, de Jodorowsky es su labor tras la cámara: gracias al mercado del DVD los admiradores del grupo de vanguardia Pánico ya tienen acceso al cine de sus integrantes: véase la filmografía completa de Fernando Arrabal o las cintas más celebradas de Jodorowsky: Fando y Lis, El Topo y La montaña sagrada. Este pack viene acompañado de jugosos extras: un par de bandas sonoras, el cortometraje La cravate y el documental La constellation Jodorowsky, donde colaboradores del chileno, como los citados Arrabal y Moebius, el músico Peter Gabriel o el mimo Marcel Marceau, aportan sus testimonios al respecto.

Precisamente como homenaje al rey de la mímica, que falleció hace dos años, está concebido Pietrolino, el último álbum de Jodorowsky; ilustrado por Olivier G. Boiscommun, se trata de un relato conmovedor en el que un saltimbanqui que trabaja en la farándula en plena Segunda Guerra Mundial ve cómo un oficial nazi destroza su principal instrumento de trabajo: sus propias manos. Solo su fuerza de voluntad y sus enormes ganas de vivir le permitirán salir adelante superando todas las adversidades.

Pero en La constellation Jodorowsky descubriremos también ese malogrado proyecto de llevar al cine la novela Dune de Frank Herbert, que finalmente acabaría recayendo en manos de otro iluminado: David Lynch. Aunque el film que dirigiera este no estaba del todo mal, siempre quedará la duda de lo que pudo haber sido y no fue: un Dune con varios grupos de rock sinfónico elaborando partituras diferentes para los distintos clanes que gobiernan el universo, con diseños de Moebius y H. R. Giger, y roles significativos para Orson Welles o el mismísimo Salvador Dalí como emperador de todo lo conocido.

Como no hay mal que por bien no venga, que dicho proyecto no llegara a buen puerto permitió que Jodorowsky y Moebius llevaran sus ideas al cómic: así nació El Incal, una epopeya futurista de ciencia ficción ambientada en un mundo deshumanizado que ha generado secuelas y precuelas por doquier; no se pierdan los álbumes de la serie madre, pero tampoco Antes del Incal o Después del Incal, pues son una auténtica gozada para aquellos que buscan algo diferente. Esto es, son para la historieta lo mismo que los filmes de Jodorowsky para el cine: una gozosa rara avis, un punto y aparte absoluto y radical.

Pietrolino, Antes del Incal y Después del Incal están editados por Norma Editorial.

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