Es imposible hablar de humor gráfico en el siglo XX (y lo que llevamos del XXI) sin mencionar la mítica revista The New Yorker: todavía recuerdo como si fuese ayer lo impactante que me resultó ver la reconocible fachada de sus oficinas con el logo bien enorme al llegar y salir de la Gran Manzana en autobús... Y también me acuerdo muy bien, aunque por otros motivos bien distintos, de lo que supone deambular durante horas por las calles de Madrid cargado con el descomunal mamotreto The Complete Cartoons of The New Yorker armado a mediados de los dos mil por Robert Mankoff (viñetista que ejerció de editor de la cabecera durante dos décadas), y que pude comprar saldado en una conocida cadena de restaurantes-librerías que lamentablemente ha dejado perder la segunda parte de su negocio. Si por casualidad o con premeditación y alevosía se tropiezan con él a un precio asequible, no lo duden ni un segundo.

Todo esto viene a cuento porque para celebrar el primer siglo de existencia de la revista -su primer número se publicó el 17 de febrero de 1925- se han recuperado a diversos autores fogueados en sus páginas a lo largo de su historia. Y sin duda alguna, uno de los nombres más destacados de su nómina es el de Roz Chast, autora estadounidense que ha sido considerada por otro editor de The New Yorker, David Remnick, nada menos que como “el único genio auténtico de la revista”. No es de extrañar tal juicio después de disfrutar de Teorías para todo, volumen que supone la primera recopilación de su obra en español y que recoge unas doscientas muestras (una arriba, una abajo) de su talento de entre las más de mil que ha publicado en sus páginas desde 1978: una comedia humana repleta de personajes neuróticos y obsesivos, tan intrínsecamente neoyorquinos como Woody Allen o Jerry Seinfeld, en la que no faltan adultos con déficit de atención o que sufren la crisis de la mediana edad, escritores mediocres, taxistas intratables, parejas sumidas en el tedio, anfitriones desagradables, agentes inmobiliarias dispuestas a vender cualquier supuesta ganga, amas de casa a las que les da igual todo, gente que odia cocinar y hasta el gemelo malvado de Thomas Pynchon... además de una diáfana crítica a la gentrificación; biografías alternativas de Charles Addams (el creador de la familia ídem), Jacques Cousteau, T. S. Eliot o Nancy Drew; o revisitaciones de El Mago de Oz o una Star Wars que acaba pareciéndose más de lo esperable a Los Serrano. El resultado es muchas veces sorprendente, a veces desternillante, y siempre un espejo en el que mirarse y llegar a reconocerse según el mayor o menor sentido del humor del que uno pueda hacer gala. Indispensable, en definitiva.

Y si el absurdo es uno de los rasgos más característicos de la obra de Roz Chast, qué decir de las sugerentes ilustraciones de su colega (porque también ha llegado a publicar en The New Yorker) Marion Fayolle: en su reciente La atracción, título español para el original Les aimants, la francesa despliega su desbordante talento para representar, sin necesidad de recurrir al lenguaje verbal, una completa panorámica de las relaciones físicas humanas (heterosexuales, homosexuales, orgiásticas y hasta zoofílicas) mediante una imaginería visual cargada de un lirismo cercano a los códigos surrealistas: cabezas cercenadas que siguen amándose una vez despojadas de los cuerpos que las acogían, parejas que viven su amor como si de un videojuego de consola se tratase, amantes que (literalmente) se construyen el uno al otro o se completan entre sí, personas que desaparecen en el interior de la sombra de su media naranja, una mujer solitaria que modela el compañero ideal con la arena de la playa... y hasta una invasión de vaginas del espacio exterior (sic); todo ello mediante asociaciones de metáforas visuales, formas imposibles y otros recursos exclusivos del arte gráfico. En resumidas cuentas: una pequeña joya, una más, de la autora de Los traviesos o Los pequeños.

Para terminar de armar esta terna de recomendaciones de humor gráfico voy a optar por un clásico a reivindicar: el astrohúngaro, luego checo, Josef Capek, del que El Nadir acaba de recuperar su fundamental Las botas del dictador... “y otras viñetas bajo la sombra del fascismo”, tal y como especifica el subtítulo elegido por esta editorial valenciana de corte independiente, que vuelve a poner de manifiesto su firme oposición al revisionismo histórico de reescritura fascista tras sus volúmenes dedicados a Carceller y Bluff, respectivamente editor y dibujante de la revista La Traca y ambos fusilados por la dictadura franquista. Pero volviendo a la obra que nos ocupa: quien fuese el hermano mayor del novelista Karel Capek, autor de la fábula de ciencia ficción La guerra de las salamandras y mucho más conocido que él, desarrolló una carrera como viñetista que utilizó para oponerse públicamente al régimen de Adolf Hitler y que le valió ser detenido por la Gestapo y encerrado en sucesivos campos de concentración hasta su muerte en el último de ellos poco antes de la Liberación. De su legado cabe destacar precisamente esta Las botas del dictador, una alegoría gráfica que vio la luz en 1937 y donde las botas negras funcionan como una poderosa metáfora visual del totalitarismo. Pero téngase en cuenta que la presente edición española, breve en grosor pero enorme como germen de reflexión, incluye además de un revelador prólogo del autor de cómics (Vida de los más excelentes historietistas) y editor René Parra y las veinticuatro viñetas de la obra propiamente dicha, otras veinticinco recogidas bajo el epígrafe Bajo la sombra del fascismo. Por lo tanto, estamos ante casi medio centenar de muestras que suponen una encomiable recuperación bibliográfica y que revelan que, a pesar del uso habitual y más manido del término, el humor gráfico no tiene por qué ser necesariamente divertido; pero siempre, siempre, apela a encender la chispa del pensamiento.
Teorías para todo de Roz Chast (Viñetas seleccionadas), La atracción y Las botas del dictador están editados por Walden, Nórdica y El Nadir respectivamente.




