Estación de Cercanías

Leña del árbol talado

Y digo yo, sólo por curiosidad: ¿Qué se ha hecho con los troncos de los cuatro pinos frente al colegio la Encarnación? No es por nada, simplemente es por si puedo aprovechar la madera para mi estufa. En vista de que todo el mundo está sacando renta a esta vergonzosa actuación, para que no quede ningún fleco suelto y “puesto que ya se han cortado”, como nos recordó la Sra. Lledó, pues me caliento este invierno ¿no? Bueno, dejaremos la ironía para mejor momento…
¿Cómo es posible que tomarse la justicia por su mano y saltarse la ley, propagando con ello un ejemplo temeroso, no sirva para unir en pos de su condena a la clase política y sí para entonar un peligroso “Fuenteovejuna” ciudadano justificando la acción, como he leído en algún que otro foro?

Créanme si les digo que todavía me hace daño la visión de los cuatro árboles tumbados en el suelo. Al conocer la noticia tuve la intuición de que podría tratarse de un calentón estival que algún gamberro metido a leñador de media noche pudo tener (acepten mis disculpas si, como creo, me superan en edad, pero no tengo otro calificativo para ustedes), pero que ha resultado ser una acción consciente y –lo mas grave del caso– comprendida.

Nunca justificaría una acción o comportamiento fuera de la ley en ninguna de sus formas. Ni por muchas causas atenuantes que se presentasen, ni porque la paciencia ha llegado a un límite insostenible y mucho menos –como me temo es esta reacción– por “mis cojones”. Siempre, siempre hay 10 segundos antes del “ring”. Siempre hay soluciones dentro de la legalidad. Y si no las hay es inútil perder nuestro tiempo en ello. Pero podría entender, que no compartir, vuelvo a repetir, el tan famoso estado de “enajenación mental transitoria” ante la desesperación que suponen los muchos años de lucha con unos y otros ayuntamientos sin conseguir una solución para que sus casas y el colegio al que van sus hijos tenga unas concisiones de acceso –como mínimo– aceptables.

Y lo podría considerar atenuante si esa acción, reprobable sin vuelta de hoja, hubiese estado seguida de un acto de contrición al recuperar la consciencia y saberse hacedor de tal acción / reacción. Pero no ha sido el caso. Nuestros árboles (pues eran de propiedad común), han sido talados con absoluto conocimiento de causa. No hay arrepentimiento alguno. Bendito ejemplo de civismo ante escolares, vecinos y ciudadanos en general, que tenemos la obligación de conservar y hacer conservar lo que es de todos.

Todo es admisible antes de echar por la calle de en medio, y eliminar lo que se suponía un nuevo inconveniente a la finalización de unas obras faraónicas, que desde el otro lado se ven simplemente como una remodelación de un proyecto original, no ha sido lo más acertado. ¿Que les prometieron que el día 11 tendrían las obras terminadas y todo sigue igual ayer? Tomen medidas de acción dentro de la legalidad, implicando en ellas a alumnado, padres y comunidad educativa, medios de comunicación, movilizaciones si es necesario, y si la solución pasa por cerrar el colegio hasta tener unos accesos en condiciones no lo duden. Todo menos aplicar una justicia casera que además, para mayor “guasa”, ha servido única y exclusivamente para carnaza a nuestros políticos.

Quienes han “olvidado” lo verdaderamente importante de todo esto (el hecho delictivo), han logrado que, tocados por la varita mágica del calentamiento de motores electorales, desde algunos sectores se haya pasado puntillas sobre el tema, entre demandas de juzgados, peticiones de disculpas, dimes y diretes de unos y de otros sin ningún valor cívico, para mayor gloria de sus actos.

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