Cita con las Citas

Lo más difícil

Es mucho más difícil juzgarse a uno mismo que juzgar a los demás…

Como tesoro, uno conserva objetos acumulados de vivencias. Objetos que perpetúan el pasado. A veces, queriendo borrar ese pasado porque en él encontramos incomodidades –supongo que eso será la conciencia– hubiera querido no conservarlos. Para no recordar lo perdido. Para no volver a saber. Pero ahí están, al cabo ineludibles, guardados con mimo aun doliéndonos. Y nos llaman.

Desde hace mucho tiempo en mi tesoro tengo un pequeño espejo donde a veces me miro. En él está grabado a la perfección un dibujo de El Principito, de tal manera que uno, mirándose, se observa cuarteado por la figura del entrañable personaje. El dibujo es ese que Saint-Exupéry confiesa que es el mejor retrato que pudo hacer de él. Ahí el pequeño príncipe con su casaca, con sus botas, con su espada... Y ahí, al mirarnos en el espejo grabado, nuestro rostro quebrado y… E interpelado.

Interpelado porque de "El Principito" uno de nuestros episodios favoritos es cuando visita el asteroide 325 donde un rey, tan sensato como solitario, con la intención de tener compañía le nombra ministro de justicia. El pequeño príncipe, sorprendido porque no hay nadie más en el planeta, pregunta a quién juzgar. El rey le responde:

Te juzgarás a ti mismo. Es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio.

¡Ay el espejo! Cuando me miro, me requiere casi siempre en ese episodio. Y sin pretensiones de alcanzar la categoría de sabio, sino con la sincera intención de conocerme, intento de vez en cuando juzgarme bien a mí mismo. El balance no resulta en ocasiones satisfactorio. Sobre todo cuando recuerdo aquellos momentos en los que siendo injusto esquivé sin inteligencia la ternura.

Ilustración: Joaquín Marín

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