Abandonad toda esperanza

Los colegas de Gaiman

Abandonad toda esperanza, salmo 759º

Para Joan Rovira, fan número uno y colega generoso (de Gaiman y mío, respectivamente)

Uno de los rasgos principales de los grandes artistas siempre ha sido el saber rodearse de gente con talento, que lejos de menoscabar los méritos propios sean capaces de potenciarlos en beneficio del resultado final. Esto funciona para los cineastas que se valen de los mejores equipos técnico y artístico posibles tanto como para los escritores que escriben a cuatro manos; o, muy especialmente dado el carácter dual (verbal y visual) que caracteriza al medio, los autores de cómic que colaboran con otro artista ya sea regular o esporádicamente. Y en esto, Neil Gaiman no es una excepción.

Una página de la edición original de “Historias probables” a cargo de Mark Buckingham

Los guiones de este escritor británico, al que ya le he dedicado un par de columnas con anterioridad, siempre han venido de la mano de los mejores dibujantes, entintadores y coloristas del momento; incluso antes de ser mundialmente conocido, no digamos ya cuando se convirtió en una estrella del medio y empezó a poder elegir personalmente a quienes plasmasen en viñetas sus particulares creaciones. Y uno de sus colegas más habituales, ya desde los tiempos de Miracleman y The Sandman, ha sido Mark Buckingham. Este estupendo artista, también inglés y conocido principalmente por su magistral labor en la serie Fábulas (que le ha valido varios premios Eisner, dicho sea de paso), es quien ha convertido en una sugerente novela gráfica sus Historias probables, donde un pintoresco pub londinense funciona como espacio aglutinador de igual modo al papel que ejercían la villa florentina del Decamerón de Boccaccio o el camino de peregrinación de Los cuentos de Canterbury de Chaucer. En esta ocasión, estamos ante cuatro historias de terror moderno en los que destaca una particular elección narrativa, imagino que mérito del adaptador: dejar al narrador en off estableciendo una curiosa identificación entre él y el lector. El resultado es una lectura de lo más inquietante... y muy recomendable para cualquier amante del género.

Una espectacular muestra del arte de Colleen Doran en “Nieve, cristal, manzanas”

Otra colaboradora habitual del autor de Neverwhere es Colleen Doran, que ya se encargó de convertir en viñetas un cuento de aquel en el volumen El puente del troll. Ahora, en Nieve, cristal, manzanas, se aproxima a la reelaboración que este hace del clásico cuento de Blancanieves, en la que la protagonista no es ese cúmulo de virtudes a la que la asociamos habitualmente ni su madrastra la reina tan malvada como la pintaban los hermanos Grimm, no digamos ya los animadores de Walt Disney. El resultado de esta nueva colaboración entre ambos es un álbum al que se le puede achacar su excesiva deuda con el texto original, lo cual ralentiza en mi opinión su lectura y consiguiente disfrute. No obstante, vale (y muy mucho) la pena ya solo por el espectacular apartado gráfico de esta ilustradora estadounidense, que evoca de forma explícita el legado del artista irlandés Harry Clarke, así como la estética del art déco en general. Por lo tanto, y a pesar de la pega mencionada, merece la pena echarle un gozoso vistazo.

Santiago Caruso se ha encargado del arte del libro ilustrado “Invocaciones”

Precisamente “Nieve, cristal, manzanas” está incluido en Invocaciones, recopilación de diecisiete textos, entre relatos y poemas, que ya habían sido publicados en antologías anteriores de Gaiman como Humo y espejos, Objetos frágiles y Material sensible; y que aquí vienen acompañados de los dibujos realizados por Santiago Caruso. Del trabajo de este ilustrador argentino, que imagino no ha tenido que trabajar directamente con el autor británico y al que considerar colega suyo debe de ser una licencia que me permito, ya pudimos disfrutar de la mano de escritores y clásicos de la narrativa fantástica muy en la onda del propio Gaiman como Lovecraft, Ambrose Bierce o Robert W. Chambers, por no hablar de su deslumbrante arte al servicio de La condesa sangrienta de su compatriota Alejandra Pizarnik. Volviendo a este Invocaciones, el libro se abre con una puerta con una aldaba (que recuerda a la de la última de las Historias probables) y una poesía titulada “Instrucciones” que, sin recurrir a la ironía que empleaba Julio Cortázar en sus textos (supuestamente) instructivos para subir escaleras o tener miedo, sirve de entrada a esta miscelánea de textos diversos que pueden (y deben) disfrutarse con un todo; un universo fantástico poblado por espíritus, hadas, brujas, vampiros, dioses y demonios a los que Caruso otorga forma en una espectacular labor en blanco y negro que lo mismo evoca a un clásico del grabado como Gustave Doré que a los cómics sin texto del contemporáneo Thomas Ott.

“The Sandman” es el cómic más celebrado de Gaiman, y pronto será una serie de Netflix

En resumidas cuentas: estamos ante tres obras que son ejemplo perfecto de cómo buena parte de la producción artística de Neil Gaiman, de la citada The Sandman a American Gods, se sustenta, para lo bueno y para lo malo, en darle una vuelta de tuerca a cuentos, mitos, leyendas y otros relatos de raigambre popular. Algo que también han hecho, y a mi parecer por lo general mejor, la añorada Angela Carter en sus libros de cuentos o, más recientemente y en nuestro país, Patricia Esteban Erlés con Ni aquí ni en ningún otro lugar. Pero al margen de que guste más o menos, es innegable que cuentan con el aliciente de poder gozar de los lápices de tres colegas suyos, todos ellos artistas de excepción. No dejen de darles, pues, la oportunidad que merecen.

Historias probables y Nieve, cristal, manzanas están editados por Planeta Cómic; Invocaciones está editado por Libros del Zorro Rojo.

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