Los mangas no son (casi nunca) para niños
Abandonad toda esperanza, salmo 910º
Se cumple ahora casi un año desde que dediqué dos columnas seguidas -esta y esta otra- a algunos mangas que había leído con deleite por aquellas fechas; y desde entonces apenas me había limitado a comentar de forma puntual un título como Blue Fighter. Por tanto, considero que pasado todo este tiempo ya toca volver a tratar el cómic japonés llamando la atención sobre cuatro títulos que he leído estos días y que me han parecido sumamente recomendables. Eso sí: vaya por delante que son obras particularmente orientadas para un lector adulto, por lo que no se les debería pasar por la cabeza la idea de regalárselas a ese sobrinito de tierna edad que empieza a introducirse en la lectura de cómics de mano de sus personajes de anime favoritos...

La primera recomendación de hoy, nobleza obliga, es la de una obra que lleva la firma del considerado como "padre del manga": nada menos que Osamu Tezuka, creador de Astroboy y responsable de títulos tan míticos como los incunables La nueva isla del tesoro o Lost World; así como de obras posteriores como Adolf, Buda o La canción de Apolo. En Neo Fausto, su autor nos ofrece una relectura muy personal del Fausto de Goethe presentándonos a Ichinoseki, un profesor especialista mundial en ingeniería genética que a su provecta edad se plantea si no ha desperdiciado toda su vida tratando de encontrar en vano respuestas a los mayores secretos del universo y demás cuestiones trascendentales que atañen a la humanidad. Poco antes de suicidarse, se le aparece Mefisto bajo apariencia de una atractiva muchacha y le propone un trato que no podrá rechazar: a cambio de su alma, el demonio le devolverá la oportunidad de volver a ser joven con el fin de tener tiempo suficiente para continuar con sus investigaciones. Lo que el sabio desconoce es que esto pasa por volver al pasado reencarnado en una versión más joven de sí mismo que no recuerda quién fue (o mejor dicho, será). Lo más interesante de la obra es que Tezuka mezcla una gran cantidad de ingredientes pertenecientes a los géneros más variopintos (terror, ciencia ficción, erotismo, comedia, drama) sin que el resultado se resienta por ello; y lo ubica en un marco histórico, el del año 1970, en pleno auge de las protestas estudiantiles impulsadas especialmente por la guerra de Vietnam. Para terminar, cabe señalar que esta es una obra en la que el autor de Dororo trabajó durante los últimos meses de su vida, por lo que la segunda parte quedó inconclusa y con las últimas páginas apenas abocetadas (tal y como se reproducen en el interior de la edición española).

Si Osamu Tezuka es un nombre sobradamente conocido por cualquier buen aficionado al medio, el de Bonten Taro resulta bastante más ignoto: tras este seudónimo artístico se escondía (aunque no demasiado) uno de los mangakas más interesantes de los años sesenta y setenta del siglo pasado: Kiyomi Ishii, artista polifacético de vida agitada (incluso fue piloto kamikaze en la Segunda Guerra Mundial durante su juventud) que no solo se dedicó al noveno arte sino que también trabajó en el mundo del espectáculo y cultivó un arte que resulta milenario en Japón: el del tatuaje. Precisamente esta temática está muy presente en algunas de las historietas recopiladas en el volumen Ruri la tatuadora (y otras historias de chicas malas), cuya publicación en nuestro país viene a paliar el injusto olvido en el que había caído su autor. Estamos ante una recopilación de ocho historietas de extensión muy variable, la mayoría repletas de yakuzas sedientos de poder, que arranca con la que le da título y que muy probablemente sea la mejor: Ruri es la hija de un maestro tatuador que hereda el oficio y el talento de su padre, pero a la que la vida llevará por derroteros más violentos que los de su progenitor. También encontraremos en el interior del volumen algunas historietas de corte fantástico y de terror, aunque las ambientadas en un marco realista se llevan la parte del león. Pero unas y otras tienen en común apelar a los más bajos instintos del ser humano como recurso para llamar la atención del lector al estilo del cine de explotación... y no es de extrañar que las historias de Bonten Taro llegasen a la gran pantalla en más de una ocasión. Todo un descubrimiento para el lector español, vaya.

Otro autor de gran interés pero este de sobra reconocido en la actualidad es Hideshi Hino, que publica regularmente en nuestro país y de cuya obra el autor de esta columna viene dando buena cuenta desde hace años: El hijo del diablo, Noches de Zipango, El hombre cadáver, Panorama infernal, La isla de las pesadillas, El sótano del averno o El teatro escalofriante de Hideshi Hino son solo algunos de los títulos disponibles en el mercado español que he reseñado de una u otra forma. Ahora, con Mandala. Princesa de las tinieblas, Hino nos propone un nuevo capítulo de su teatro de grand guignol al contarnos la historia de Sayoko, una niña que llega por vez primera al colegio y al que el resto de sus compañeros rechazan porque les parece sumamente rara. No es de extrañar: en realidad, Sayoko ha nacido en el mismísimo Infierno, se alimenta de insectos y tiene un ojo de cuarzo que le permite ver cosas que los demás no ven. Con estos mimbres, Hino construye un inquietante relato de terror con la estética a las que nos tiene acostumbrados: refleja los actos más atroces con un estilo naif más propio de las historietas infantiles. En resumidas cuentas: si se gusta de su propuesta, se trata de otro imprescindible, uno más, de su autor.

Para terminar, recomendaremos un título que a nuestro parecer ha pasado desapercibido entre los aficionados al manga, pero que ha encontrado al público que ha hecho posible una reciente segunda edición entre los seguidores del cómic underground más cafre y salvaje. Tampoco es de extrañar, porque Tokyo Zombie es una verdadera locura de principio a fin: un cóctel explosivo de historia de terror con muertos vivientes, relato futurista de ambientación postapocalíptica y corte distópico, crítica social sobre la lucha de clases, artes marciales, persecuciones automovilísticas, duelos en la arena a modo de los gladiadores romanos y explosiones por doquier; o, por resumir un poco, una suerte de versión en viñetas de la serie Z cinematográfica más chusca, con violencia explícita como ingrediente principal y sexo gratuito como ingrediente secreto en dosis pequeña pero determinante. Al parecer, el autor Yusaku Hanakuma arrancó con esta propuesta con el proyecto de realizar una historieta corta, pero se encontró sin esperárselo con la gran obra de su vida; de ahí que las desventuras de sus protagonistas se hayan prolongado durante varias entregas (esperemos que se publique algo más de este material en nuestro país) y, al igual que ocurriese con la obra de Bonten Taro, hasta se realizó una adaptación al cine que tampoco se ha podido ver por aquí. Un último apunte: no se dejen espantar por la estética feísta de su apartado gráfico, muy lejano del estilo camp del que hacen gala los otros tres mangas que les recomiendo hoy, porque se perderían una de las lecturas más desternillantes que he podido leer en mucho tiempo... y no hago distinción alguna entre mangas u otra clase de tebeos.
Neo Fausto, Ruri la tatuadora (y otras historias de chicas malas), Mandala. Princesa de las tinieblas y Tokyo Zombie están editados por Planeta Cómic, Satori, La Cúpula y Autsaider respectivamente.





