Cultura

Más sobre asociaciones vecinales

Aunque ya estamos inmersos en plena campaña para las elecciones europeas, lo que parece dejar en un segundo plano la información local, lo cierto es que ésta no ha conseguido eclipsar del todo las problemáticas que disfrutamos a diestro y siniestro. Yo soy yo y mis circunstancias y Europa me queda un poco lejos, dijo el filósofo. Así que me empeño en el tema de las asociaciones vecinales y dejo también para otra ocasión mi opinión sobre los entresijos de la elaboración del Plan Especial de la Huerta (que observo con mayor naturalidad que sospecha, quizás debido a una mirada más práctica que burocrática).
El caso es que la pasada semana hablamos de nuestras asociaciones vecinales y las fechas que corren me recuerdan que pronto comenzará el calendario festivo de gran parte de tales agrupaciones. Una programación de actividades culturales que se desarrolla en los meses de verano (y digo meses y no estación), que celebra las fiestas de cada barrio para su propia satisfacción y la del resto de la ciudad. Porque a nadie le gusta celebrar a solas su cumpleaños –ejem, a casi nadie–, y la visita a cada barrio nos supone en ocasiones regresar a una parte de nuestra Villena que llevábamos tiempo sin ver. El barrio se arregla como cuando se arregla la casa cuando vamos a tener gente invitada, y las actividades son parte del entretenimiento que se ofrece. La asociación vecinal puede aprovechar entonces para mostrar alguno de sus tesoros, de sus virtudes, como cuando enseñamos ese nuevo cuadro que hemos colgado en el pasillo, o enseñamos los arreglos que hemos hecho en una de nuestras habitaciones. Con mayor motivo, en cuanto a que esa calle, ese monumento, en realidad pertenece a toda la ciudad (y la factura de la intervención corre igualmente a cargo de las arcas municipales).

En parte creo que ahí radicaba el sentido del proyecto cultural que estableció un tipo de actividad para cada barrio (títeres, danza, magia, clowns, flamenco, etc.). Algunas de estas propuestas se asentaron y hoy mismo siguen siendo tan exitosas como longevas, y otras desaparecieron por causas cuya índole se debería estudiar y tomar en consideración… La cuestión es que existía un proyecto de intervención socio-cultural, un proyecto que se reducía a una parte muy concreta del ámbito de estas asociaciones, de acuerdo, pero un proyecto. Y eso es lo que quizás insinué la semana pasada cuando preguntaba: “¿qué es una Asociación Vecinal, qué hace, para qué sirve?”. Quizás pidiendo un proyecto, porque un proyecto es una ilusión, un ideal, un camino al que dirigirse. Y claro, para dirigirse a algún lugar es necesario elegir dónde, y es necesario andar, aunar esfuerzos, no temer si a medio camino es necesario detenerse, y cambiar el rumbo. Quizás sea eso, una carretera, o el atrevimiento de encontrar una.

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