Abandonad toda esperanza

Nalon

Abandonad toda esperanza, salmo 702º

Aunque parecía que ese momento no iba a llegar jamás, el pasado miércoles se estrenaron por fin dos de las películas más esperadas de los últimos tiempos: de una de ellas, Los nuevos mutantes -cuya producción venía arrastrando un retraso histórico repleto de incidentes y del que la pandemia fue solo la estocada final-, ya les contaré algo cuando la vea si considero que el resultado lo merece. Pero hoy me centraré en el que sin duda es el gran estreno de este verano que ya se encuentra en su recta final: Tenet, la esperadísima nueva película de Christopher Nolan, y a la que prácticamente le ha caído encima la misión de salvar los cines ella sola en la era del postconfinamiento. Vista por fin con la mascarilla puesta a modo de cosplay idóneo para la ocasión, e independientemente de que su director y ella misma gusten más o menos, viene a confirmar que estamos sin duda ante un cineasta que, a pesar de estar inmerso en la maquinaria de Hollywood, contar con presupuestos descomunales y no ocultar su intención de arrasar en la taquilla internacional, es merecedor de ser considerado como un autor en la medida en que cuenta tanto con rasgos formales recurrentes como con temas y conceptos a los que vuelve de forma obsesiva. Es decir: que se sitúa más cerca de Hitchcock o su idolatrado Stanley Kubrick que de fabricantes de blockbusters como James Cameron o no digamos Michael Bay.

Nolan da instrucciones a John David Washington en el rodaje de “Tenet”

De hecho, Tenet puede verse como un compendio de varias de las constantes que definen su cine, y que podríamos aglutinar en la disparidad de percepciones (ya sean espaciales o temporales) que ya aparecían en filmes como Memento, Origen o Interstellar. Pero si aquellas les pudieron parecer excesivamente intrincadas a algunos, agárrense porque Tenet las deja en mantillas a todas. Y no porque su trama sea particularmente compleja: el relato presenta una estructura en principio lineal y que no es más complicada, tampoco más sencilla, que la de cualquier entrega de las sagas de espionaje protagonizadas por James Bond, Jason Bourne o el Ethan Hunt de Misión imposible. El quid de la cuestión radica en que es como si un guion escrito ex profeso para que lo dirigiese Michael Mann hubiese acabado por error sobre la mesa de David Lynch: y es que el concepto de entropía invertida, sobre el que gira toda la peripecia y que como el propio Nolan se ha encargado de subrayar en repetidas ocasiones no es exactamente el mismo que el del viaje en el tiempo aunque por momentos pueda parecerlo, presenta serias dificultades de comprensión para un espectador al que le resulta muy difícil, por no decir imposible, abstraerse de su concepción lineal del tiempo como para ser capaz de entender en todo momento la acción que se visualiza en muchas de las secuencias del film. Imagino que tener un doctorado en Física, como le ocurre a uno de los protagonistas, ayudará lo suyo... pero no es mi caso.

Robert Pattinson es el otro gran personaje de la cinta

Para plasmar todo esto en la gran pantalla, Nolan ha reclutado a un reparto que carece de grandes estrellas pero que está repleto de nombres y rostros que le resultarán familiares al público más cinéfilo: para encarnar a el protagonista -así figura en los créditos, sin nombre propio, y el propio relato lo subraya en más de una ocasión- ha elegido a John David Washington, hijo de Denzel y gran revelación por parte de Spike Lee en su Infiltrado en el KKKlan. Junto a él, destaca un estupendo Robert Pattinson que sigue callando bocas de detractores de Crepúsculo a marchas forzadas: cualquiera que le vea aquí, o que le haya visto ya en filmes como Cosmópolis, Z, la ciudad perdida o la reciente El faro, sabrá de sobra que podría ser un Bruce Wayne perfecto en la inminente The Batman. Completan la primera fila de la nómina de intérpretes una magnífica Elizabeth Debicki, un Kenneth Branagh que no resultaba tan poderoso en la gran pantalla desde los tiempos que se dirigía a sí mismo en adaptaciones shakespearianas, y el inevitable Michael Caine en esta ocasión encargándose de poco más que un cameo.

Elizabeth Debicki y Kenneth Branagh completan el cuarteto principal de intérpretes

Por lo demás, y volviendo a la idea de que Nolan es un autor con todas las de la ley, debe señalarse que Tenet confirmará el juicio de unos y otros: tanto quienes adoran su cine como quienes lo detestan -y creo que razón no les falta ni a unos ni a otros, pues en este caso es más cuestión de gustos subjetivos y sensibilidades distintas que otra cosa- seguirán en sus trece porque encontrarán en ella razones de peso para reafirmarse en sus respectivas posturas. Servidor, que se cuenta entre sus admiradores más incondicionales -aunque no todas sus películas me gusten por igual, claro está-, se confiesa subyugado por el poderío visual y sonoro de las secuencias que se suceden en la pantalla, de una belleza plástica que dentro de los márgenes del cine abiertamente comercial solo encuentro comparable a la de los mejores filmes de M. Night Shyamalan. Comparable, pero no similar, pues si el realizador de El sexto sentido apuesta por una calidez en la línea de Spielberg, Nolan ha optado por la frialdad cuasi entomológica de su admirado Kubrick como el camino a seguir.

Washington y Pattinson en otra secuencia de “Tenet”

No obstante, pese a dicha frialdad, a la composición voluntariamente hierática de su intérprete principal y al empleo de una banda sonora subyugante del oscarizado Ludwig Göransson (que sustituye al habitual Hans Zimmer pero reincide e incluso sublima un tratamiento de la música tan cercano al diseño de sonido industrial que dudo que los compositores clásicos de la historia del cine fuesen capaces de admirar), Nolan no se olvida de que el corazón de todo relato con voluntad de perdurar (y si hay algo que este realizador aspira a lograr, es a alcanzar esa posteridad a la que se alude en un par de ocasiones en el film) debe albergar un sentimiento: en este caso, el de deuda y protección del protagonista respecto de la esposa del villano; y muy especialmente, el de amistad y camaradería entre los dos personajes masculinos principales... homenaje cinéfilo a Casablanca incluido.

José Abad, autor de un magnífico estudio sobre la filmografía de Nolan

Dicho todo esto, y para ir terminando, no es de extrañar que muchos piensen que una película como Tenet debería venir con manual de instrucciones. Que muchos opinasen lo mismo también de las citadas Memento, Origen o Interstellar explica que pese a ser un director todavía joven y con una filmografía relativamente breve cuente ya con varios libros dedicados a analizar su obra. Varios de estos estudios son incluso de autores españoles, y entre ellos me permito recomendarles el que me parece más sobresaliente: el escrito por José Abad y publicado por Cátedra dentro de su imprescindible colección Signo e Imagen. Que el volumen en cuestión se publicase hace dos años justifica que solo alcance hasta la inmediatamente anterior Dunkerque, pero es deseable que se venda lo suficientemente bien como para contar dentro de un tiempo con una nueva edición actualizada que incluya también Tenet y otros filmes venideros de Nolan; filmes que, desde luego, quien firma estas líneas no dejará escapar por muchas pandemias que nos echen.

Tenet se proyecta en cines de toda España; Christopher Nolan está editado por Cátedra.




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