Abandonad toda esperanza

¡Rock’n’roll!

Abandonad toda esperanza, salmo 689º


He oído en más de una ocasión plantear la duda de qué habría sido de la humanidad durante el período de confinamiento sin la música. Lo primero que se me ocurre es que nos habríamos librado de escuchar el Resistiré del Dúo Dinámico todas las tardes a la misma hora, algo que más de uno -también me consta- habríamos agradecido. Pero es verdad que, aunque por afinidades personales me acuerde mucho menos de ella que de la literatura o el cine (a la vista está, si repasamos mis columnas consagradas a intentar paliar los efectos negativos de la reclusión), la música ha sido la fiel aliada de muchas personas durante estos tiempos pandémicos.

Bob Dylan, quizá el músico más importante de la historia del rock todavía en activo

Pese a todo, uno también tiene sus filias y sus fobias acústicas; y dado que en mi interior anida si no un músico sí un diseñador gráfico (aunque no necesariamente uno bueno), he leído a salto de mata y disfrutado de las fotografías que en él se recogen el libro de Xavier Valiño Líneas paralelas, cuyo subtítulo explicita a la perfección cuál es su contenido: 50 portadas esenciales del rock. O no tanto, porque el prolijo texto que acompaña a dicha selección de cubiertas es de enjundia y no un mero peaje editorial: el autor repasa la historia de la música popular de los siglos XX y XXI desde los años sesenta hasta la actualidad, de Bob Dylan a Arctic Monkeys, atendiendo a medio centenar de discos que se encarga de glosar con sumo detalle y conocimiento de causa.

“Parallel Lines”: Debbie Harry y Blondie en una portada icónica

Así, por las páginas de este volumen editado en formato cuadrado -a modo de un vinilo de 45 rpm- y cuya portada homenajea precisamente el Parallel Lines de Blondie también se pasean en orden cronológico leyendas (muchas vivas e incluso en activo) como The Beatles, The Who, Pink Floyd, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Sex Pistols, Peter Gabriel, U2, New Order, Prince, Oasis y otros muchos intérpretes y bandas que han definido la cultura musical de nuestro tiempo. A continuación me permito destacar un Top 5 de hitos personales por parte, insisto, de alguien no particularmente versado en el campo que nos ocupa, y al margen de lo más o menos atractiva que me pueda parecer la portada del álbum en cuestión: Strange Days de The Doors, Electric Ladyland de The Jimi Hendrix Experience, Born to Run de Bruce Springsteen, Nevermind de Nirvana y Is This It de The Strokes. En definitiva: es este un libro que resulta una verdadera gozada incluso para alguien como yo; imaginen para un verdadero melómano.

El Gran Wyoming es el rostro popular al frente de Los Insolventes

Menos llamativo pero ni mucho menos desdeñable resulta El libro gordo del rock, del que vaya por delante que lo peor (por no ajustarse a la realidad ni resumir claramente cuál es su contenido) es el título: de gordo tiene más bien poco, pues apenas supera las doscientas páginas; y si lo hubieran titulado El gran libro del rock tampoco se ajustaría del todo a la verdad, porque está editado en rústica y su formato es casi de bolsillo. Pero si ignoramos este pequeño detalle, el libro de Alberto Cueto no carece de interés: tras una nota en la que advierte de que puede leerse como se escucha un disco, de tirón o por partes; y de un prólogo a cargo de El Gran Wyoming -que, como ya sabrán, aparte de ser médico, actor y showman también ha hecho sus pinitos como músico con la banda Los Insolventes; se procede a desgranar el universo del rock desde dos perspectivas distintas. Porque el autor, también músico, describe su experiencia personal como tal en el Bilbao de los años noventa; y ya como investigador y periodista, analiza los momentos históricos de este género musical en la segunda mitad del siglo pasado y lo que llevamos de este, además de dar voz a un gran número de profesionales entrevistados tan reconocidos como Lou Reed, Lenny Kravitz o, en el ámbito hispano, Joaquín Sabina o Andrés Calamaro. Como aliciente añadido: los títulos de los distintos capítulos son también los de canciones emblemáticas de artistas como Radio Futura, Héroes del Silencio, Leño o Antonio Vega; y el lector puede jugar a descubrirlas tal y como he hecho yo. Recomendado queda, pues.

Bunbury y Andrés Calamaro, dos figuras relevantes del rock de lengua hispana

El que sí es gordo de verdad -casi mil páginas de nada- es 1001 discos que hay que escuchar antes de morir, que aunque no es una novedad editorial en sentido estricto se reedita de continuo y por tanto no resulta nada difícil de conseguir. Eso sí: cada reedición de esta obra colectiva coordinada por Robert Dimery ve actualizado tanto su contenido como la fotografía de portada, por lo que uno puede intentar agenciarse la más afín a sus gustos. En mi caso, mi ejemplar de septiembre de 2013 cuenta con los Beatles en cubierta, y también he visto las dedicadas a los Sex Pistols, David Bowie, Prince o U2... aunque yo habría preferido con mucho la de Leonard Cohen. Qué le vamos a hacer.

El añorado Leonard Cohen, en una de las cubiertas de “1001 discos que hay que escuchar antes de morir”

Por si tienen curiosidad, el primer álbum recogido en esta monumental antología es In The Wee Small Hours (1955) de Frank Sinatra, seguido del disco de Elvis Presley titulado con su nombre y publicado al año siguiente. Y el último (en el ejemplar que manejo, aclaro) es The Next Day (2013) de David Bowie. Ayudan a encontrar cualquiera de las obras reseñadas sendos índices de discos y de artistas, aunque no entiendo por qué razón el primero se incluye al comienzo y el segundo al final, y no los dos juntos. ¿Tienen curiosidad por cuál sería mi selección ideal de entre los mil y un álbumes recopilados? Pues ahí va, configurando esta vez un contundente Top 25 (qué quieren, son nada menos que un millar de discos más uno, y eso que no repito los ya citados al hilo del libro de Valiño): Kind of Blue (1959) de Miles Davis, A Love Supreme (1965) de John Coltrane, Sticky Fingers (1971) de The Rolling Stones, Led Zeppelin IV (1971), Made in Japan (1972) de Deep Purple, The Köln Concert (1975) de Keith Jarrett, Toys in the Attic (1975) de Aerosmith, Horses (1975) de Patti Smith, Highway to Hell (1979) de AC/DC, Appetite for Destruction (1987) de Guns N'Roses, I'm Your Man (1988) de Leonard Cohen, ... And Justice For All (1988) de Metallica, Ritual de lo Habitual (1990) de Jane's Addiction, Ten (1991) de Pearl Jam, Achtung Baby (1991) de U2, Automatic for the People (1992) de REM, Suede (1993), In Utero (1993) de Nirvana, Superunknown (1994) de Soundgarden, Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995) de The Smashing Pumpkins, Jagged Little Pill (1995) de Alanis Morissette, Murder Ballads (1996) de Nick Cave and The Bad Seeds, Antichrist Superstar (1996) de Marilyn Manson, Californication (1999) de Red Hot Chili Peppers y A Little Deeper (2002) de Ms. Dynamite. Sí, ya sé que la mitad son de los años noventa, sobre todo de la primera mitad, pero es que por aquella época viví mis años de adolescencia... y supongo que se harán cargo de lo que eso significa.

Pearl Jam, quizá la banda favorita de quien firma esta columna

Aquí quedan recogidas, pues, estas tres recomendaciones bibliográficas. Háganse con ellas si gustan; y sobre todo pónganse a la faena sin perder ni un minuto, porque lo que es a mí no creo que me vaya a dar tiempo a escuchar los mil y un discos que toca escuchar antes de morir, y eso que con un poco de suerte faltará todavía mucho tiempo para eso.

Líneas paralelas. 50 portadas esenciales del rock y El libro gordo del rock están editados por Milenio; 1001 discos que hay que escuchar antes de morir está editado por Grijalbo.




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