Sociedad

Rotundo éxito del Mercado Medieval

Por quinto año consecutivo el casco antiguo de Villena ha sido ocupado por los puestos y espectáculos del Mercado Medieval. Esta iniciativa de la Asociación de Vecinos del barrio se ha consolidado como un evento que cuenta con más visitantes en cada nueva edición.
Durante el pasado fin de semana las callejuelas que fueron el origen de la actual Villena se han vestido a la vieja usanza, con blasones, guirnaldas, estandartes y demás elementos decorativos de carácter histórico para rememorar, una vez más, la Edad Media. Los vecinos del Rabal, ataviados al estilo de la época, son los auténticos impulsores de una idea que surgió en 2002 y que empieza a convertirse en toda una tradición, coincidiendo con la víspera de la festividad de San José, patrón de esta barriada.

Sin duda, se trata de una atractiva propuesta que invita a vecinos de Villena y de las localidades de nuestro entorno a visitar cada mes de marzo esta zona tan entrañable de Villena con el fin de poder descubrir, entre sus rincones, un rico patrimonio arquitectónico y un legado que nos recuerda de dónde venimos todos aquellos que presumimos de ser villeneros. Además, y más allá de servir para potenciar nuestros recursos turísticos, el evento es una manera de intervenir activamente a favor de la integración social, la revitalización y dinamización de un barrio que desde hace años padece muchas carencias y graves problemas sociales. Ése ha sido siempre uno de los objetivos principales, según han manifestado los promotores del Mercado.

Año de aniversarios
Durante el pregón inaugural, Jorge Martínez Tomás, además de destacar la especial idiosincrasia del Rabal, que se pone de manifiesto con la importancia que el asociacionismo tiene en el barrio y con el espíritu de cooperación y buena vecindad existente entre sus habitantes, recordó tres hechos fundamentales en el devenir del barrio. La propia constitución de la Asociación de Vecinos, verdadera alma-mater de todas las actuaciones llevadas a cabo; la gestación y desarrollo del Mercado Medieval, que en apenas cinco años se ha convertido en un referente local y comarcal; y, por último, la reciente aprobación del Plan Especial para el Casco Histórico, que permitirá impulsar de manera definitiva las actuaciones para rehabilitar y poner en valor un lugar tan entrañable y con tanto potencial turístico oculto entre sus innumerables “rincones con encanto”.

Finalizado el pregón, tomó la palabra el presidente de la asociación, Ángel Giner, que no pasó por alto la celebración de otro aniversario muy especial. El sábado, día de la inauguración del Mercado Medieval, era día 11 de marzo. Por ello, como quiera que se cumplían dos años del brutal atentado que segó la vida de 192 personas en Madrid, solicitó al numerosísimo público asistente que guardara un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la masacre, algo que los visitantes hicieron con respeto y recogimiento.

Espectáculo para todos
Al igual que en años anteriores la plaza Mayor, la de Biar, la Tercia y la de Santa María han acogido diversas actuaciones musicales inspiradas en el medievo, demostraciones de cetrería y de tiro con arco, faquires, pasacalles, sesiones de cuenta cuentos y talleres de herreros, escritura árabe y confección de trajes medievales. Más de cien artesanos de múltiples gremios venidos de todos los lugares de España han instalado sus tenderetes a lo largo de un recorrido que cada año cuenta con más puestos y atracciones. El Castillo de la Atalaya, como en ediciones anteriores, también ha sido un enclave relevante en la celebración del Mercado Medieval. La fortificación acogió la ya tradicional muestra de tiro con arco a cargo de la Asociación de Arco de Villena así como una novedosa muestra de pintura medieval a cargo de numerosos artistas locales.

Máxima participación
La implicación de las gentes del barrio es algo esencial en el éxito de este acontecimiento. A las obligaciones organizativas y de contratación de puestos y actuaciones, se suma la tarea de adornar las fachadas de sus casas y las calles, ejerciendo a su vez activamente como “extras” y anfitriones. Valgan como ejemplo las mujeres de la Asociación Pro-restauración de la Ermita de San José, que un año más obsequiaban con tortas fritas a todos los que quisieran colaborar con un donativo en la financiación de las obras, o el puesto instalado por la Hermandad de Nuestra Señora Santísima María de la Esperanza.

Si a todo ello le sumamos que el tiempo, al contrario que en ediciones precedentes, ha acompañado, brindándonos dos jornadas primaverales, no es de extrañar que la gente se haya echado a la calle y en algunos momentos haya colapsado, literalmente, el recorrido por un Mercado Medieval que, según los datos ofrecidos por la organización, ha obtenido la misma afluencia de visitantes que el año pasado, aunque a decir de muchos se ha podido superar con creces.

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