Literatura

«Soñando despiertos…» (Concurso de Relatos Breves San Valentín 2013)

—Te quiero, ¿sabes?– dijo ella mientras… apasionada, enamorada, y fanática de sus ojos, le miraba mientras se arropaba para la dulce y larga noche. Estaban en la cama, los dos, ella y él, juntos, agotados, marchitados. Marchitados tras un largo día de pura pasión, alegría y diversión.
Simplemente les acompañaba la tenue luz anaranjada, que desprendía la lamparilla de mesa. Una lamparilla antigua, a la vez que acogedora. Una lamparilla, que había sido testigo de todo lo sucedido durante esas noches de frenesí, delirio y amor. Una lamparilla que había podido observar, durante los siete años que llevaban viviendo juntos, realmente lo que es el amor, el amor verdadero, el amor ardiente... Un amor, lleno de fantasía; una fantasía, que lucha con la realidad.

—Sí, mi amor, claro que lo sé… —Contestó él mientras le abrazaba suavemente, transmitiéndole todo su calor corporal....— ¿Y tú? ¿Sabes que yo te quiero más?...
—No empecemos con lo mismo de siempre cari, yo más y punto. – Concluyó ella con una suave sonrisa.
—No, de eso nada, vamos a dejarlo en un empate y así terminamos el tema, porque si no… nos podríamos tirar así… toda nuestra vida. – Dijo él para terminar la conversación cuanto antes.
—Sí cariño, dejémoslo, los dos nos queremos muchísimo, infinito. – Afirmó ella mientras se terminaba de abrigar con la suave manta.

Era esa, la típica conversación de todas las noches, acompañada de besos, caricias, abrazos… Ese tipo de conversación, que a todos nos gusta, pero que nadie pide, que surge sola, y además, te obliga a dormir con esa leve sonrisa, que es inevitable ocultar porque es la sonrisa del amor: esa sonrisa enamoradiza, que te deja con cara de idiota ante la persona que más amas.

Estaban los dos apoyados con la espalda en el cabezal de la cama y con las piernas estiradas, la típica postura de cuando te pones a leer en la cama. Tras varios segundos de silencio, de reflexión, y de puro pensamiento… justo antes de que apagaran la luz, y se fueran a dormir, habló ella:

—¿Sabes, cariño? Hoy me encantaría soñar con nuestro amor, soñar con un viaje juntos, con algo especial; algo, que aparente ser imposible conseguirlo, pero que con la fuerza que desprende nuestro amor, se haga mucho más fácil lograrlo. Por ejemplo, imagínate…
—A mí también me encantaría, mi vida…— Interrumpió él, mientras la miraba deseosamente. — Me encantaría de verdad, pero ya sabes como están las cosas…
—Mira, cierra los ojos, vamos a soñar juntos, vamos a soñar despiertos… — Dijo ella, mientras él, confuso por las palabras de su mujer, le preguntó:
—¿Has dicho vamos a soñar despiertos? Jajajaja…—se echó a reír— No sé soñar despierto cariño… — dijo bromeando.
—Calla pavo, hazme caso, ahora vamos a cerrar los ojos; los dos, y te voy a ir diciendo lo que me gustaría que sucediese en mi sueño…
—Ahhh… vale, vale, ya lo entiendo. Empiece señorita — le dijo él con un tono suave y cariñoso, al mismo tiempo que cerraba los ojos, para imaginarse el deseado y anhelado sueño de ella, de los dos…

—Pues mira cariño, me encantaría soñar con París, la ciudad del amor, la ciudad de la pasión…; una ciudad, en la que reinemos los dos, dónde tú, seas mi príncipe, y yo tú princesa. Dónde poder salir por la noche, y que las estrellas sean nuestras; que las miremos, y nos sonrían, que nos miren, y nos deslumbren, eso es lo que quiero. Acostarnos sobre el verde, blando, y tierno césped de Campo de Marte, y besarnos, hasta el amanecer… Pero no solo eso, imagínate tú, y yo, caminando agarrados bien fuerte de la mano—que ni hasta el más fuerte viento nos pueda soltar— sobre los Jardines de Luxemburgo, esos bellos jardines, en los que hasta la más marchitada flor nos brindaría múltiples caricias y sonrisas.

—Ains…. —Suspiró antes de seguir… —Todo eso, y más, cariño, pero... ¡Ay, se me olvidaba! Imagínate también ver el amanecer desde la gran explanada de las Tullerías, mirando hacia la infinitud del cielo, dónde el sol puede llegar a ser inalcanzable, dónde el amor es una fantasía, imagínatelo… Estando abrazados frente al sol, que ilustra nuestras sombras, grandes y desfiguradas por un fuerte abrazo, que nunca terminará… ¿Sigues imaginándolo?

—Claro cariño —dijo él mientras abría los ojos sin poder contener las lágrimas, que caían suave y lentamente…
—No llores mi vida —Le consoló ella. —No tienes por qué llorar, solo cree en nuestro sueño, y se cumplirá, no tienes que hacer nada más, solo creer.
—Te amo cariño, eres lo mejor que me ha pasado, te lo juro. —Contestó mientras se secaba las lágrimas con la manga del pijama.
—Yo te amo más, buenas noches mi amor, descansa…

“Aquel día, el amor, volvió a hacer de las suyas…”

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