Si hay un país extranjero que tenga ganas de visitar por encima de cualquier otro, ese es Italia. Y si hablamos concretamente de ciudades, Roma ocupa el primer puesto de destinos soñados con diferencia. Hay varias razones para ello, y el cine en general y Caro diario de Nanni Moretti en particular tienen buena parte de la culpa. Y es que estamos hablando de la cuna del movimiento neorrealista alumbrado en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, los grandes maestros de la modernidad fílmica de los sesenta y el cine de género (la comedia a la italiana, el spaghetti western o el giallo) cultivado en esa misma década y desarrollado en los setenta y los ochenta. Estamos hablando nada menos que de Roberto Rossellini, Vittorio de Sica, Luchino Visconti, Federico Fellini, Michelangelo Antonioni, Pier Paolo Pasolini, Sergio Leone, Mario Bava o Dario Argento; y eso solo si mencionamos a los más celebrados y optamos por obviar a realizadores tan reivindicables como -por citar solo unos cuantos- Elio Petri, Pietro Germi, Valerio Zurlini, Sergio Corbucci o Lucio Fulci. En resumidas cuentas: una deslumbrante nómina de cineastas que firmaron algunos de los capítulos más ilustres, o al menos de los más sugerentes, de la historia del cine.

Pero al margen de la cinefilia, el arte clásico es sin duda el aliciente más importante a la hora de llevar a viajeros y turistas (que no son exactamente lo mismo, como nos contaron Paul Bowles primero y Bernardo Bertolucci -otro realizador italiano destacado- después) al país transalpino. Cuna del Renacimiento y el Barroco, Italia aglutina por sí sola lo mejor de la arquitectura, la escultura y la pintura de todos los tiempos: dentro de sus fronteras nacieron y trabajaron Giotto, Della Francesca, Bellini, Da Vinci, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano, Tintoretto, Veronese y Caravaggio, por citar solo algunos. Y de su legado, a pesar de lo aparentemente inabarcable que pueda resultar, da buena cuenta el volumen El arte de viajar. Italia: un libro de auténtico lujo que repasa la historia del arte del país acompañando a los textos de reproducciones y fotografías de altísima calidad que permiten disfrutar del mismo no como lo haríamos in situ, pero casi.

De este modo, y de la autorizada mano del historiador del arte y periodista británico Nick Trend -también editor cultural del Daily Telegraph y colaborador de la National Gallery de Londres-, el lector podrá pasear por las calles y visitar los edificios de ciudades como Padua, Urbino, Verona, Venecia, Milán, Bolonia, Nápoles o las inevitables Florencia y Roma. Un recorrido articulado en doce capítulos que recogen veintitrés destinos y veintiún artistas, deteniéndose en multitud de obras maestras incontestables: de la Cappella Bardi embellecida por Giotto en la Florencia medieval a las enormes postales dibujadas por Canaletto en la Venecia del siglo XVIII; todo ello, acompañado de mapas realizados ex profeso para cada capítulo. Ni que decir tiene, pues, que estamos ante un libro que es de adquisición indispensable para cualquier amante del arte. Eso sí: debería venir con una fajita que, al igual que las cajetillas de cigarrillos, advirtiese de que su lectura y consulta podría provocar mareos, confusión, taquicardias y otros síntomas propios del síndrome de Stendhal.

Centrándonos ya en la capital italiana y pasando del arte a la creación literaria, y en la misma línea de la anterior Guía literaria de Londres, se acaba de publicar una muy recomendable Guía literaria de Roma: antologado y prologado una vez más por el ensayista y traductor Joan Eloi Roca, en este volumen se recogen los pensamientos y sensaciones que la Ciudad Eterna despertó en los escritores más célebres que visitaron sus palacios, iglesias, museos e incluso sus ruinas a lo largo de la historia. Así, y aunque como guía que pretende ser su estructura responde a los lugares propuestos para visitar (el Coliseo, el Panteón, la Piazza Navona, la Basílica de San Pedro, etcétera), también puede leerse como una impecable antología lírica que recoge desde el geógrafo griego Estrabón (siglo I) a algunos poetas contemporáneos, pasando por Montaigne, Chateaubriand, Rilke, Charles Dickens, Mark Twain, Herman Melville, Henry James o los románticos Percy Shelley y lord Byron, en textos ilustrados con bellos grabados de Giuseppe Vasi, Giovanni Battista Piranesi y Luigi Rossini. No falta tampoco, claro, Goethe y su indispensable Viaje a Italia; o un cronista español: Pedro Antonio de Alarcón, el autor de El sombrero de tres picos. Pero es el ya citado Stendhal el que, esta vez sí, nos pone sobre aviso: "Sentí palpitaciones, la vida se me agotaba, caminaba con temor a caerme", escribió el autor francés tras visitar la Basílica de Santa Croce en Florencia. Pues lo mismo les podría pasar a ustedes leyendo esta singular propuesta o muy especialmente contemplando las ilustraciones del volumen anterior; lo que se dice un stendhalazo, vaya. Están advertidos.
El arte de viajar. Italia y Guía literaria de Roma están editados por Blume y Ático de los Libros respectivamente.



