Un motivo más
Para viajar, aconsejo hacerlo siempre con la convicción de que se va a volver
Visitando Pompeya, Óscar Martínez –autor de Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas– cuenta el chasco que se llevó por no poder ver en la casa de los Vettii la pintura de Príapo itifálico, porque casa y pintura estaban en restauración.
No obstante el disgusto, pronto hizo la mejor lectura que se puede hacer en similares circunstancias: Tras un primer momento de desilusión y tristeza, me dije que el destino acababa de ofrecerme un motivo más para volver a visitar la ciudad.
Esa es la filosofía. Es lo que hace años dije a mis hijas cuando en Praga el célebre reloj, restaurándolo, estaba tapado y no lo pudimos ver. De un anterior viaje, Mari Carmen y yo lo conocíamos, pero nuestras hijas no. Motivo tienen para volver a Praga.
De cualquier modo, para viajar, lo mejor, aconsejo hacerlo siempre con la convicción de que se va a volver. No para despreocuparse de ver, sino para disfrutar sin prisa de lo que se ve, de lo que se está viendo. Así que, del mismo modo que cuando miramos la carta de exquisiteces en un restaurante somos conscientes de que resulta imposible comer todos los platos y habrá que repetir otro día, así las ciudades, así los paisajes que visitamos, disfrutándolos sin atiborrarse.
En el mismo libro citado, el autor, en este caso en Roma, confiesa el placer de no sentirse un turista apresurado y ansioso, lo que me permitió comenzar a disfrutar de la ciudad de una manera más tranquila. De eso se trata, de disfrutar, de disfrutar la ciudad, los paisajes. De vivirla y vivirlos. Incluso con la idea de volver.

